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Lunes Santo. 8ª Estación: Jesús se dirige a las mujeres de Jerusalén.

Angel Moreno -
La Providencia nos permite contemplar este nuevo paso de Pasión, en coincidencia con las lecturas que hoy se proclaman en la Liturgia, y que tienen como protagonistas a las hermanas de Lázaro, Marta y María, quienes hospedaron, amaron y ungieron a Jesús antes de que padeciera.

En el Evangelio siempre es reveladora la presencia de la mujer, así como el trato delicado y respetuoso de Jesús con ellas. Además, las actitudes de distintos personajes femeninos en relación con  él suponen una gran novedad en las costumbres sociales de aquella época.

Es muy significativo que en el Cuarto Evangelio se comience el libro llamado de los signos y se concluya -del capítulo 2 al 19-, con la presencia de María, la madre de Jesús, a quien su Hijo llama “mujer”. El diálogo con la samaritana (Jn 4), la actitud con la pecadora (Jn 8), la alusión al momento del parto, las escenas de Betania (Jn 12), la presencia del grupo de mujeres, junto a María, en el Calvario (Jn 19), demuestran la importancia que da Jesús a la mujer. Si además, en el libro de la Gloria (Jn 20) aparecen de nuevo las mujeres en las escenas emblemáticas de Pascua, no es arbitrario resaltar su relevancia en la comunidad de los discípulos del Nazareno. «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.

Al contemplar la escena en la que Jesús, sumido en el dolor, embargada su alma de sufrimiento, en la desolación más terrible, con la cruz a cuestas, se detiene a hablar a las mujeres: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lc 23, 28)-, descubro el amor, la sensibilidad y la llamada de atención que nos hace el Maestro, y que debería iluminar la vida eclesial, y social.

Jesús, en Betania, defiende el gesto de María de romper el frasco de perfume: “Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura”. El profeta alude a la ternura divina, entrañable, cuando describe el comportamiento de Dios con su Siervo: “Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones” (Is. 42, 6).

Quienes han tenido compasión, reacciones de piedad, el obsequio de la devoción a la Pasión de Cristo han sido bendecidos. No es hora de lamentos, sino de gestos de misericordia. Isaías profetiza la vocación de Jesús: “Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, de la mazmorra a los que habitan en la prisión” (Is. 42, 7).

En mi relación teologal, ¿tengo gestos de ternura?
¿Me da pudor explicitar el amor hacia Jesús?
¿Me compadezco de manera comprometida de los que sufren, o sólo con palabras? ¿Puedo recordar algunos gestos concretos que haya hecho en favor de los demás?

¿No lloraremos siquiera con las hijas de Jerusalén, ya que no le ayudemos a llevar la cruz con el Cirineo?” (SANTA TERESA DE JESÚS, Vida 27, 13).

Angel Moreno
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

alejandra alejandra
el 28/4/11
too lo lei eso es muy importante para las mujeres y es muy importante para un tarea de religion
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