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LOS REFUGIADOS: UNA HISTORIA DE SUFRIMIENTO Y DE ESPERANZA

Rev. Roberto Pineda -
La experiencia de ser refugiado o refugiada es una de las más significativas en la historia de la humanidad. Por lo general, cada país, cada pueblo, ha sido refugiado y ha recibido refugiados. La dialéctica de ambas situaciones ha moldeado la historia y ha marcado la identidad de las naciones y de su cultura, de su memoria histórica, de su ser colectivo, de su religión. Nuestra tradición cristiana - En la Biblia se registran estas experiencias en diversos momentos, en diversos libros. La Biblia narra la historia de un pueblo que camina hacia su liberación. Y en este caminar conoce la experiencia del destierro, de la persecución política, del cautiverio, de buscar y encontrar refugio. He seleccionado tres situaciones para ilustrar este punto. La primera la encontramos en Deuteronomio 10, versículos del 16 al l9. Y es un mandato de Yahvé a partir de la experiencia del éxodo y de caminar por el desierto hacia la tierra prometida. Es un mandato muy categórico trasmitido por Moisés. Se pretende evitar la creación de una sociedad basada en la explotación. Y dice lo siguiente: \"Pongan en su corazón la marca del pacto... porque el Señor su Dios es el dios de dioses y el Señor de señores... que ama y da alimento y vestido al extranjero que vive entre ustedes. Ustedes, pues, amen al extranjero, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto.\" Dios nos manda amar, alimentar y vestir al extranjero, al refugiado. Amar, alimentar y vestir. El mandato es muy claro. La segunda lectura trata sobre la situación de los refugiados, se encuentra en el salmo 137, que lleva el titulo de Junto a los ríos de Babilonia. Los refugiados vivían en Babilonia añorando, soñando, pensando en Israel. Si uno ha sido refugiado este poema le toca fuertemente. Es un poema muy poderoso. Dice lo siguiente: Sentados junto a los ríos de Babilonia / llorábamos al acordarnos de Sion. En los álamos que hay en la ciudad / colgábamos nuestras arpas. Allí, los que nos habían llevado cautivos / los que todo nos lo habían arrebatado Nos pedían que cantáramos con alegría / ¡que les cantáramos canciones de Sion! ¿Cantar nosotros canciones del Señor en tierra extraña? ¡Si llego a olvidarte Jerusalén, que se me seque la mano derecha! ¡Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no te pongo, Jerusalén, por encima de mi propia alegría! ¡Tu, Babilonia, serás destruida! ¡Feliz el que te de tu merecido por lo que nos hiciste! En tercer lugar, deseo compartirles la experiencia de Jesús de Nazaret. Una experiencia de persecución. Jesús fue un refugiado cuando era niño. Pienso que esto le ayudo a ser Jesús. Junto con sus padres vivió la experiencia de ser refugiado en Egipto. Me permito leerles a Mateo, capitulo 2, versículos del 13 al 15: Cuando ya los sabios se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo\": Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.\"José se levanto, tomo al niño y a su madre, y salió con ellos de noche camino de Egipto. Nuestra identidad - Esta es nuestra tradición cristiana, nuestras fuentes. Y esta muy vinculada a nuestra historia como pueblo. El Salvador desde sus raíces es un pueblo de refugiados. Es parte de nuestra identidad como pueblo. Lo somos desde nuestros orígenes indígenas. Les comparto un poema de Pedro Geoffroy Rivas, de su libro Los nietos del jaguar, se titula Cuenta de la peregrinación, y dice así: Anduvimos errantes / años, años, anduvimos errantes / la ventisca el granito los violentos vendavales las grandes bestias devoradoras / nada pudo detener nuestros pasos / cruzamos ríos montes / abismos de terror / cumbres a las que nadie se atreviera antes / pavorosos desiertos nada pudo detener nuestros pasos / en tierra, arena roca dejamos hondas huellas junto al mar caminamos / sobre las altas sierras / de día caminamos de noche / sin detenernos / caminamos naciendo y caminando / soñando y caminando / pariendo y caminando / caminamos cantando y caminando / nada pudo detener nuestros pasos / con nuestra casa a cuestas enterrando fechas / estableciendo muertos / caminando con el sol en los ojos / con el sol a la espalda sudorosos / hambrientos / caminando / negros de sueño / heridos por la sed / sin luna tropezando duros de frío / caminando / de grito en grito estableciendo el rumbo / caminando / dolor afuera / caminando / directos al destino / caminando / creciendo en esperanza / caminando años, años, años caminando, caminando, caminando. También Roque Dalton retrata nuestra identidad como refugiados en su Poema de Amor: los sembradores de maíz en plena selva extranjera / los reyes de la pagina roja, los que nunca sabe nadie de donde son / los mejores artesanos del mundo, los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera, / los que murieron de paludismo o de las picadas del escorpión o la barba amarilla / en el infierno de las bananeras, los que lloraron borrachos por el himno nacional / bajo el ciclón del Pacifico o la nieve del norte, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros... Nuestra experiencia - En los años ochenta del siglo pasado, el conflicto armado provoca una herida muy grande en nuestro tejido social y miles, decenas de miles de salvadoreños y salvadoreñas huyeron dela represión y buscaron refugio en muchos países, en Estados Unidos, México, Canadá, Cuba, Suecia, hasta en Australia. Y tuvimos también refugiados internos. Como Iglesia Luterana, abrimos un centro para refugiados en Nejapa, al norte de San Salvador, llamado Fe y Esperanza. Fue una experiencia que nos transformó como iglesia. El contacto con los refugiados nos enseño a ser iglesia comprometida. Los refugiados nos enseñaron a ser luz en las tinieblas de la dictadura, a ser sal de esta tierra combativa. En estos últimos años, hemos vivido una nueva experiencia. Nos hemos declarado una Iglesia Santuario. Una iglesia de puertas abiertas para nuestros hermanos y hermanas colombianos, ecuatorianos, peruanos, que pasan por nuestro país rumbo al norte y a veces se quedan a vivir aquí, y son discriminados y reprimidos. Tenemos hasta personas de Nigeria y de Albania refugiados en nuestra iglesia. Hoy somos nosotros los que recibimos. Y debemos como iglesias asumir esa responsabilidad. Abrir las puertas de nuestros corazones y de nuestras iglesias a los refugiados y refugiadas. Acompañarles en sus luchas por legalizar su situación. Asumir el desafío de acompañar a los refugiados es parte de nuestra identidad evangélica. Es parte de nuestras raíces de pueblo que peregrina hacia el reino de Dios. Somos un pueblo que diariamente camina hacia Estados Unidos porque el sistema capitalista nos expulsa de nuestra Patria. Y nos obliga a marchar hacia la metrópoli. Y nuestro pueblo camina por el desierto de Arizona, de Sonora, en busca del pan, en busca del empleo, en busca de la seguridad, de la educación, de la vivienda, que se nos niega en El Salvador. Caminar por el desierto, de la misma manera que lo hizo el pueblo de Israel, es una experiencia colectiva que nos unifica y nos enseña a soñar y a luchar. De la misma forma en Babilonia, en Nueva York, en Washington, en Filadelfia, en Los Ángeles, nuestro pueblo llora al recordar nuestros ríos y montañas, nuestros volcanes y la sonrisa de nuestra gente en los mercados y las calles, al pensar en las marchas con los puños en alto exigiendo justicia y democracia. Ser refugiado es vivir con las raíces arrancadas. Un amigo salvadoreño que fue refugiado, me contaba que cuando salió de El Salvador, cuando despego el avión, él sintió como si lo estaban arrancando de la tierra, como un arbusto que es arrancado con violencia. Y todavía llora al recordar ese día. Y todavía cuando piensa en El Salvador se estremece. Ser refugiado es vivir un proceso violento, doloroso y opresivo. El miedo y el hambre continúan fabricando refugiados en todos los continentes. Penetrar en el corazón de un refugiado es encontrarse con una persona que sufre y que espera, que llora y que sueña... El refugiado vive en el miedo, agobiado por muchos miedos, de ser capturado, de ser deportado, de no poder darle de comer a sus hijos, de no encontrar empleo, de fracasar. Pero es importante establecer que los refugiados también luchan por sus derechos y que al hacerlo recuperan la esperanza y la alegría. Como Comunidades de Fe y Vida saludamos y acompañamos la lucha de los refugiados por sus derechos humanos; por el derecho de residir legalmente en nuestro país, y tener un documento de identidad y un empleo. Como COFEVI saludamos al Colectivo de Colombianos Refugiados en El Salvador. Finalmente, quiero hace un llamado para que no reproduzcamos la conducta del imperio. A nuestros hermanos se les persigue. Y nosotros copiamos esas conductas y como país, como gobierno, perseguimos, encarcelamos, humillamos, reprimimos a nuestros hermanos colombianos, ecuatorianos, peruanos, que pasan por nuestro territorio o viven con nosotros. Estamos haciendo muy poco como sociedad civil para frenar estos abusos y para solidarizarnos con estos hermanos que necesitan todo nuestro apoyo. Les hago un llamado a acompañarlos. Y al hacerlo estamos a la vez democratizando nuestro país. Gracias.
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

monica monica
el 11/6/12
yo tambien vi un programa en la tele, ya estaba finalizando, pero escuche lo suficiente para descubrir esta asociacion y la labor que en ella se realiza, todo cuanto puedo decir es que es digna de elogio y, solo espero que algun dia si mi vida se estaviliza. perp la verdad tu tienes razon
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