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Los pisos de Caritas para pobres.

Ciudad Redonda -

Cuenta Xabier Barrena en El Periódico que el problema de la vivienda en España, y en particular en Barcelona, amenaza con abrir brechas sociales difíciles de cauterizar, si no se empieza ya una actuación decidida. Este es el mensaje que Cáritas Diocesana de Barcelona, la oenegé vinculada a la iglesia católica, lanzó ayer para advertir de que grandes segmentos de población están siendo irremediablemente excluidos y abocados a vivir en condiciones indignas.

Cáritas, además, anunció que piensa predicar con el ejemplo y que, mediante su fundación Foment de l’Habitatge Social, busca socios
— públicos o bien privados— tanto para gestionar pisos vacíos como para construir nuevos.

La intención, según el director de Cáritas Barcelona, Jordi Roglà, y el presidente de la fundación, Ignasi Delàs, es crear una oferta de viviendas temporales para aquellos sectores de la sociedad cuyos ingresos y nivel de vida no les permiten, ni tan solo, optar a una vivienda protegida de las administraciones públicas. Es decir, crear una oferta para una demanda cada vez mayor.

DERECHO A LA VIVIENDA

En opinión de Roglà, el derecho a la vivienda, equiparable al de la sanidad y educación, ha sido descuidado por los sucesivos gobiernos, dando pie a una espiral poco menos que infernal. Y es que, según los datos expuestos en el informe La vivienda, un factor de exclusión social, el dinero que destina la oenegé a ayudar económicamente, en materia de vivienda, a quienes se lo piden ha pasado del 6% del año 1973 al 54% del total de ayudas que distribuye. Es decir, las ayudas para pagar alquileres o realquileres fueron de más de medio millón de euros.el año 2006.

Y lo que es más preocupante, la incesante subida de los índices de referencia de las hipotecas, como el euríbor, está ya pasando factura. A Cáritas han empezado a llegar este año las primeras peticiones de ayuda para hacer frente a plazos de hipoteca.

Entre los más perjudicados por la situación de la vivienda en Barcelona, se encuentran los jubilados con pensiones mínimas que apenas alcanzan los 300 euros al mes. A la escasez de líquido para afrontar los alquileres hay que sumar, además, el acoso —mobbing inmobiliario—que muchos sufren.

Si se analiza los orígenes de los que se acercan a Cáritas en busca de ayuda se observa que del total de personas que Cáritas atiende, un 40% son latinoamericanos, un 25% magrebís y un 25% autóctonos. Los inmigrantes son los que más sufren el hacinamiento en los llamados pisos patera donde varias familias de realquilados conviven en un mismo piso.

En 1990, solo el 3% de las personas que pedían ayuda a Cáritas vivía de realquiler. Hoy, ese porcentaje se sitúa en el 60%, casi todos inmigrantes o, sobre todo, sin papeles.

Otro grupo social duramente atacado por la carestía de la vivienda son las familias monoparentales. Un 59% de las familias atendidas por la oenegé de la iglesia tienen hijos y en un 20% se trata de un adulto solo con hijos.

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