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LOS CLARETIANOS SALEN DE LA DIOCESIS DE COLON - PANAMA.

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El próximo día 31 de Diciembre, los Misioneros Claretianos marchan de la zona misionera de Costa Abajo (Colón - Panamá), por mandato del obispo de la Diócesis, Audilio Aguilar. Audilio Aguilar llegaba a la Diócesis hace dos años, para sustituir a Carlos Mª Ariz.

Nos hacemos eco de este acontecimiento y reproducimos a continuación la nota enviada a varios medios de comunicación panameños, por Luis Gonzalo Mateo, misionero claretiano,  que ha estado trabajando muchos años  en la zona que ahora se deja.



Queremos informar a todos nuestros hermanos y hermanas que leen Panorama Católico que, después de 81 años de presencia misionera de los claretianos en la Costa Abajo de Colón (Distritos de Chagres, Donoso y parte del distrito de Colón) con honda tristeza de nuestra parte, y de las 120 comunidades campesinas y costeñas nos despedimos de esta zona misionera el próximo 31 de diciembre. Es voluntad del Obispo Mons. Audilio Aguilar que nos retiremos de esta misión.

A estas horas ya las despedidas oficiales se han realizado con ocasión de la celebración de los 35 años del movimiento de Comunidades Eclesiales de Base, que esta pequeña porción del pueblo de Dios de Panamá ha vivido con hondura, con fe, y con un amplio sentido de defensa de la vida y de la justicia.

Grandes concentraciones de pueblo campesino y costeño han participado en celebraciones llevadas a cabo en COCLECITO, en GUÁSIMO, en SANTA ROSA de Río Indio, en CHAGRES y en NUEVO PORVENIR (Cuipo). Destacamos la concentración celebrada el Lunes 26 de Noviembre y la celebración eucarística presidida por Mons. Carlos Ma. Ariz que fue seguida de una marcha por la ciudad de Colón. Esta última gran asamblea de despedida significó para nosotros misioneros claretianos algo así como dejar a las comunidades campesinas nuestro espíritu de la itineraria de la palabra, la espiritualidad que nace de una iglesia comunidad de comunidades, y de la que brota una red de de ministerios y un modelo de coordinación evangélica.

Pero sobre todo significó para nosotros recibir el espíritu sembrado en dichas comunidades , su espiritualidad de lo suficiente, su amor a la tierra contra la minería cielo abierto, su religiosidad popular, su sentido comunitario y tantos otros rasgos de estas vidas que nos catequizaron durante todos estos años, empezando por “el hermano Obispo”, como ellos le llamaron, y siguiendo por un número significativo de misioneros, diáconos, novicios jesuitas, novicios vicentinos, comunidades religiosas femeninas, laicas y laicos venidos de fuera como acompañantes Para todos nosotros esta experiencia eclesial marcó nuestras vidas.

Los primeros misioneros que desde el año 1926 surcaron ríos y montañas y empezaron a implantar la iglesia fueron quienes nos dieron a los últimos que vivimos esa gracia de ser como misioneros de Costa Abajo, su radicalidad y entrega. Vale la pena recordar a algunos nombres, por otro lado constructores también de la Iglesia panameña: PP. Berengueras, Antonio Anglés, Monasterio, Mons. Maíztegui, Mons. Jesús Serrano, Mons. Preciado, Mons Marcos Zuluaga, etc.

Pero han sido estos últimos 35 años especialmente significativos por el nacimiento de las CEBs. Hemos bebido del manantial de Medellín, pasando por Puebla y Santo Domingo hasta llegar a la Aparecida donde las CEBs, de nuevo, adquieren fuerza y reconocimiento. Este modelo de Iglesia es como el código genético de la misma Iglesia, por intentar un retorno al reino como centro de la vida eclesial, y porque son talleres permanentes de vida humana digna y de vida eclesial Porque son lugares donde se defiende la vida amenazada, pero con la palabra de Dios, como fueron las luchas contra impuestos injustos, contra una educación deficiente, contra las pretensiones del ACP de inundar sus tierras, contra la minería cielo abierto y en la defensa de sus tierras. De las CEBs nació la famosa Coordinadora Campesina contra los Embalses. Son un modelo eclesial donde surgen los ministerios mas variados desde los tradicionales de la Iglesia hasta los nuevos que brotan de la vida de las comunidades En las CEBs se puede vivir en misión compartida, haciendo alianzas de carismas y ministerios. En las CEBs se lleva la palabra de Dios desde la situación que viven los pobres a la vida y se lleva la profecía campesina a la ciudad como los profetas Amós de nuestro tiempo.

Ellos han sabido crear una red bíblica bien conectada con otras redes. En las CEBs se celebra con amor y alegría la palabra de Dios todos los domingos. En el centro de las ciudades sobreabundan las eucaristías, algunas veces muy rituales y sin impacto en la vida. En las zonas marginadas como la Costa Abajo la eucaristía es un lujo, como es un lujo conseguir medicinas, o contar con centros educativos. Pero el pueblo de Dios marginado celebra su fe todos los domingos hasta que, algún día, puedan también experimentar ese derecho eclesial de celebrar todos los domingos la eucaristía.

En las CEBs de Costa Abajo surgió un modelo de coordinación eclesial, de abajo hacia arriba, donde todos se sienten sujetos eclesiales. Es que cuando el excluido se convierte en sujeto eclesial surgen milagros, porque tienen un acompañamiento especial, el acompañamiento del Espíritu de Dios que sigue ese método como aparece en la Biblia.
En las CEBs de Costa Abajo se ha mantenido viva la religiosidad popular. Es desde ahí donde ha surgido el movimiento de las CEBs. Religiosidad popular y CEBs se complementan, y al no perderse las raíces culturales, la iglesia se incultura.

Estos y muchos otros rasgos son la expresión de esta iglesia campesina y afroamericana de la que nos despedimos, para los misioneros claretianos, esta porción preciosa del pueblo de Dios la hemos cuidado como a la niña de los ojos, Ha sido como un lugar emblemático para la Provincia Claretiana de Centroamérica. Ha sido como una escuela de formación intensiva para los jóvenes misioneros. Todos los que han pasado por aquí llevan una marca en el corazón y les ha servido como inspiración para sus nuevos campos apostólicos.

Como Provincia Claretiana de Centroamérica, no queríamos de ninguna manera irnos en este momento. Como misioneros itinerantes, sabíamos que algún día la entregaríamos a la Iglesia local, pero no ahora. Nos toca obedecer las decisiones que han tomado los nuevos pastores de la Iglesia colonense. A ese dolor por retirarnos de la misión, se ha añadido otro dolor y es no saber bien quienes van a continuar este trabajo, para haberles entregado la antorcha viva, y para ayudarles a entrar con amor, con sencillez, y abiertos a las sorpresas del Espíritu en esta aventura eclesial reforzada en Aparecida.

Luís-Gonzalo Mateo cmf
Bicentenario del Nacimiento de S. Antonio Ma. Claret
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