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Llamados a ser santos (Jornada Mundial de la Juventud 2008)

Obispo Anthony Fisher OP, responsable de la JMJ 2008 -

LLAMADOS A SER SANTOS

   
Queridos amigos:

    A veces algunas personas me han preguntado por qué los santos están representados con aureolas. Pues bien, siempre he pensado que los santos son las personas más felices en el mundo, ¿y han notado alguna vez cómo las personas se ven resplandecientes cuando están felices? Lo pude observar en Madre Teresa de Calcuta y también en cada una de las ocasiones que estuve con el Papa Juan Pablo II. A pesar de que ambos estaban ya entrados en años y cansados, se podía percibir un resplandor inconfundible que fluía de su interior. La luz de Cristo brillaba en ellos y desde ellos, como para iluminar al mundo. Podríamos decir de ellos que sus vestiduras se volvieron resplandecientes.

    ¡Todos estamos llamados a ser santos! Y serlo es posible: esta es la gracia que recibimos en la Pascua. Dios nos ama tanto que nos llama a cada uno para que seamos felices, tan felices como podamos serlo. Y sólo encontraremos la verdadera felicidad si cumplimos con el plan que él tiene para nosotros. Existe un plan general, algo que Dios quiere para todos nosotros: que seamos santos, vivir una profunda y duradera comunión con Él, y precisamente así poder llegar a ser verdaderamente felices.

    ¿Pero cómo se hace para encontrar la felicidad? ¿Dónde la buscamos? Pues bien, Dios ha escogido un camino particular especialmente para ti y un camino concreto para mí para que alcancemos la santidad y la felicidad. Ese es tu plan personal, tu vocación.

    Tú y yo, hemos sido llamados desde el momento de nuestra concepción y de nuevo en nuestro Bautismo y en nuestra Confirmación para esa particular vocación. Y todo en mi vida, todo en la historia de mi vida, todo lo que soy y he vivido, tiene una razón en vista a la vocación y para la misión que Dios me ha preparado.

    Descubrir cuál es el plan que Dios ha preparado para ti es muy importante. Y no se trata sólo de saber lo que quisieras hacer con tu vida, ni lo que otros esperan de ti. Se trata de una pregunta mucho más fundamental. Es saber responder a la pregunta: ¿Quién soy? ¿Para qué me ha creado Dios? él puede haberte creado para que te cases y formes una familia y seas santo/a entregándote a tu esposa/o y a tus hijos. Puede haberte creado para que seas sacerdote o le consagres tu vida a Él como religioso/a, y para servirle cooperando en su misión de contemplación y evangelización hasta los confines de la tierra. ¿Quién sabe? ¡Dios sí que lo sabe! 

    Y Él siempre está amorosamente listo para respondernos. Nos habla a través de personas, señales, situaciones en nuestra vida, las Escrituras, la Liturgia, pero Él nos habla siempre en una forma especial en el silencio de nuestro corazón, a través de la oración.

    Tu llamada nunca será una imposición. Al contrario, es una respuesta libre al amor de Dios que responde a los anhelos más profundos de tu ser. Cristo toca a la puerta de tu corazón; ¡Él nunca le daría un empujón a la puerta para abrirla! La muerte de Jesús en la cruz que estamos celebrando en esta Pascua nos muestra que el llamado de Cristo es una invitación: ven a reunirte conmigo en el Paraíso.

    Algunas pautas generales que podrían ayudarte a discernir tu vocación son:  

  • 1. Comienza a fomentar una vida intensa de oración y trata de recibir más a menudo los sacramentos, especialmente asistiendo a Misa con más frecuencia y rezando frente al Santísimo.
  • 2. Escucha a Dios que te habla en las lecturas de las Escrituras, homilías y oraciones de la Misa y lectura de la Biblia en privado
  • 3. Presta atención a las señales que Dios te envía, a través de la oración, a través de las personas y en tu corazón
  • 4. Profundiza en el conocimiento de ti mismo
  • 5. Confía a Santa María tu discernimiento, para que ella pueda guiarte a responder con generosidad a tu llamada.
  • 6. Busca un buen consejero o director espiritual para compartir y discutir tus ideas y para que te ayude a discernir el plan de Dios para ti.


    Algunas personas no quieren pensar en su vocación porque tienen miedo que Dios les pedirá demasiado; tienen miedo de lo que Cristo quiere. A ellos desearía repetirles lo que el Papa Benedicto dijo durante la Misa para la inauguración de su Pontificado: “¡No tengáis miedo de Cristo! Él no nos quita nada, y nos da todo. Cuando nos entregamos a Él, recibimos a cambio el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo y encontraréis la vida verdadera”.

¡Felices Pascuas!
Obispo Anthony Fisher OP   
Responsable de la JMJ 2008
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