Ángel Sanz Arribas, cmf - Miércoles 04 de Noviembre del 2009
No permitas, Señor, que viva y muera con un corazón egoísta, preocupado sólo de tener yo lo necesario y olvidándome de tantos hermanos míos que se hallan acosados por el hambre y la enfermedad, sin techo para cobijarse y sin un trozo de pan que llevarse a la boca.
No me dejes dormir tranquilo soñando en mi felicidad y olvidándome de la ajena, como si mi vida valiera más que la vida de un pobre, de un anciano o de un moribundo.
No toleres, Dios mío, que mi alma llegue a ser tan raquítica que sólo quepa en ella la pregunta de Caín: “¿Soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?”.
Qué difícil es hoy mirar al de al lado y comprometernos con su necesidad, es que muchas veces nos quedamos en "mi relación con Dios"... ¿y la de los demás? ¿Cómo puedo ser un puente entre los hombres y el amor de Dios. Jesús es muy claro al decir que lo que hagamos por los pobres, los enfermos, los migrantes, lo hacemos por Él... y nos seguimos confundiendo, nos sigue costando dejar "comodidades". Necesitamos abrir más el corazón a Jesús y actuar como Él lo haría. Así sea.
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Blanca T. el 4/11/09
Lo más importante es darse cuenta cuando se es egoista, reconocerlo y pedirle al Señor que nos de el don del desprendimiento. Gracias por la poesía, realmente es hermosa, es un atención! Gracias y siempre unidos en los Sagrados Corazones de Jesús y de María