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Lectura comunitaria de la biblia

Luis Gonzalo Mateo, cmf (Iris de Paz) -
La Iglesia vive de la Palabra. Los Misioneros, en especial en Latinoaméri­ca, vienen apostando por ello desde ha­ce años. He aquí un ejemplo elocuente.


TRES SEMILLAS DE MOSTAZA.
Empiezo desde la vida con tres experiencia pa­ra compartir y poner en una mesa común el tema de la Lectura Popular y comunitaria de la Biblia.

Comunidades Eclesiales de Base

Les cuento una primera experiencia en las mon­tañas de la costa atlántica de Colón (Panamá). Son más de 100 comunidades de raza negra y mestiza. Conviví con estas comunidades esparcidas a lo largo de los ríos, selva adentro y en las costas durante die­cisiete años. El principal exponente de esta expe­riencia son los Delegados de la Palabra de Dios. Po­cas experiencias cumplen con este tema de la Biblia, como vida para el pueblo como sucede en·las CEBs. En las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) la Bi­blia y la vida se articulan para las luchas diarias, en las tareas de defensa de la tierra, la cultura, la edu­cación, la organización comunitaria, y la creación de una iglesia inculturada.

Es una lectura de la Biblia que se practica en el corazón de las luchas de la tierra, de la defensa de los productos campesinos, contra las amenazas del Canal de Panamá y en el surgir de una propuesta campesina alternativa frente al modelo depredador que arrasa identidades, cuencas de los ríos, y plantas medicinales. La Biblia siempre está adentro de este proceso en defensa de la vida, como un hilo con­ductor, como una luz, una semilla, un fermento, co­mo el código básico de esas luchas.

Ciudad de Colón: Barrio "Éxodo"

Se pueden imaginar la situación de los barrios de la extrema miseria cerca del muro de la Zona Li­bre más grande de Occidente (1.800 empresas transnacionales). Allí viven seres humanos en una miseria espantosa. A partir de esta situación ayuda­mos en "la creación de un movimiento de salida, construyendo dentro del barrio una Casa-escuela ­comedor con este título "Me quiero ir de aquí". A partir de esa casita surgió el movimiento del "Éxo­do", cuya finalidad era construir nuevos barrios fue­ra de la ciudad de Colón. El grupo Éxodo, con la relectura del éxodo bíblico inició esta peregrina­ción. Hay que empezar desechando de la mente y del corazón ese modelo de vida de los barrios mi­serables, y esa mentalidad de consumo inútil que da el modelo capitalista neo liberal. La Biblia ayudó en este proceso, acudiendo a su fuente primordial como es el Éxodo en diálogo con esa cultura de la gente empobrecida de los barrios marginados, con rasgos heroicos de fortaleza, pero con una vida infrahumana sobre todo para los niños y las niñas que viven ellos.

El libro del Éxodo sirvió de inspiración en las tres etapas: salida, desierto (elaboración de un reglamen­to de vida y de alianzas de varios grupos: indios, ne­gros, y mestizos) hacia la creación de otros Barrios fuera de la ciudad, en medio de una naturaleza lim­pia y en contraste con la ciudad llena de basura, dro­ga, violencia, contaminación. El símbolo vivo de esta lucha fue la construcción de otra casa: con el título "Qué bien se está aquí". Todavía hoy el libro del Éxo­do es la fuente de inspiración, de evaluación, y de búsqueda para responder a los nuevos desafíos.

Biblia y Mitos indígenas en una situación de violencia y miedo

Sucedió hace ya cinco años una masacre, por parte de los paramilitares de Colombia de cuatro lí­deres indígenas kunas en las comunidades de PAYA Y PÚCURU (frontera entre Colombia y Darién). Ante semejante tragedia se dio la huída de toda la gente de las comunidades vecinas hacia un puesto más se­guro. Se creó de forma espontánea y con la colabo­ración de la comunidad anfitriona un campamento de mil personas a orillas del Río Tuira.

Fue una experiencia intensa del uso de la Biblia para fortalecer la resistencia, el deseo de crear otra frontera sin violentos, sin multinacionales del agua, o de las plantas medicinales, y fue una experiencia de alianzas interétnicas entre indios kunas, indios embe­rás, negros y campesinos. Hacíamos la lectura bíblica por las noches durante dos meses de campamento.

Experimentamos el diálogo entre las narraciones miticas indígenas y la Biblia. Desplegamos dos man­tas: una con la expresión artística de un mito de la tra­dición indígena emberá y otra con una clave herme­néutica bíblica usada en la lectura popular de la Biblia

Les cuento que estos son lugares de creatividad increíbles, de fuerza espiritual, de mistica ante las tra­gedias humanas. La Biblia es rescatada del texto, pa­ra sembrar esa palabra de vida en la tierra fecunda de los movimientos populares y étnicos a favor de la vi­da. Allí donde la muerte se hace presente, la vida nace con más fuerza. Biblia y narraciones indígenas her­manadas dan sentido y esperanza al pueblo de los vencidos. Soy testigo de que la Biblia fue consuelo, fortaleza, resistencia, fuente generadora de alianzas, y de esperanzas.

LECTURA POPULAR DE LA BIBLIA

Es un movimiento que trabaja en red donde los pobres toman la palabra desde una Iglesia que se siente pueblo. Es una lectura para la defensa de la tie­rra, agua, organización. Es una lectura que renueva a la misma Iglesia: haciéndola ministerial, profética. A la Iglesia le falta esta lectura, popular, comunitaria, de la Biblia.

Así surgieron los Círculos Bíblicos. Influyó mu­cho para ello la metodología de Paolo Freire. Es el modelo sugerido por el evangelio de Lucas (Discí­pulos de Emaus: 24,13-35). El proceso llevado por Jesús tiene los mismos aspectos de la Lectura po­pular de la Biblia. La Biblia es un espejo. Se con­vierte en el libro del pueblo, para hacer un análisis de lo que está pasando en la comunidad, en el mun­do. La Biblia entró de esta manera por la puerta del pueblo, por la puerta de la experiencia personal y comunitaria.

Sujeto de la lectura: los empobrecidos y los que hacen opción por los pobres

El pobre no es solo el lector privilegio sino EL AUTOR HUMANO de los textos bíblicos. La Sagrada Escritura es memoria popular. Los pobres de las Bienaventuranzas son la me­jor descripción de estos sujetos: pobres, hu­mildes, los que lloran, los misericordiosos, los que tienen corazón limpio de idolatría. Jesús lo expresa en Mateo 11, 25 Y Le. 10, 21 cuando reconoce que las cosas ocultas a los sabios y entendidos, Dios se las revela a la gente sencilla. La Biblia es un libro colec­tivo: porque en ella está la memoria de fe del pueblo de Dios.

Lectura con diferentes hermenéuticas


Con ojos de Mujer, ayuda a limpiar la Biblia de lecturas patriarcales para cuestionar los paradigmas androcéntricos, rescatar las figuras femeninas, recu­perar el sentido liberador de los textos que fueron usados para justificar la opresión del varón sobre la mujer. Con ojos indígenas, para curar el desencuen­tro inicial entre pueblos indígenas y Biblia, ponien­do en diálogo Biblia y libros sagrados de los indíge­nas. Con ojos afroamericanos, para hacer memoria de su historia de opresión, de su Madre Patria África. Con ojos ecológicos, colocando la Biblia en este nue­vo paradigma de la humanidad ante la amenaza de destrucción global. Con ojos de migrantes, o con los ojos de los niños y niñas, de los jóvenes, etc.

Lectura con alcance eclesial


Ayuda a superar la ruptura entre ciencia bíblica y pueblo de Dios. Esta ciencia ha avanzado mucho, pero está desligada de la vida del pueblo de Dios. Es feudo exclusivo de intelectuales y escritores. La lec­tura comunitaria de la Biblia posibilita reducir ese abismo: dando a la exégesis un planteamiento pas­toral. El interlocutor no son los otros exegetas, sino el pueblo de Dios. Este abismo se supera si propor­cionamos al pueblo de Dios formación bíblica seria.
Ayuda a superar la ruptura existente entre Biblia e Iglesia. La mesa de la eucaristía es muy abundan­te, pero la mesa de la palabra es escasa. Este divor­cio se supera cuando la Biblia empieza a estar en manos del pueblo de Dios, en su mente y. corazón. Esto va a ayudar a renovar la Iglesia volviendo a sus orígenes, al Movimiento de Jesús, a los modelos de iglesia primitiva, y a la conversión pastoral de la que habla el documento de Aparecida.

Recuperar la dignidad de la palabra


La palabra, casi todas las palabras, están secues­tradas, perdieron gran parte de su fuerza semántica, simbólica, también la palabra bíblica. Se privatizó el sentido humano, liberador de las palabras. Temas como: democra­cia, culturas, jus­ticia, biodiversi­dad, tierra, emi­grantes, dinero, amor, alianzas, poder político, pueblos origina­rios y lo más sa­grado de todo: el nombre de Dios, deben ser resca­tados, reinterpretados con la lectura comunitaria, y popular de la Biblia ...

El poder imperial actúa como pensamiento úni­co, que es el mercado. Nos repite que: si consumes existes. El mercado domina la vida, la cultura, la éti­ca. La Biblia es la clave para la recuperación de una nueva visión del mundo, una nueva conciencia, una nueva cultura. Cambien de mentalidad, nos dice Je­sús: cambien de mirada, de ojos, de corazón. Vean el mundo, la iglesia, la tierra, la identidad cultural con otros ojos.

La Biblia es como la piedrita que baja del monte y derriba la estatua de los imperios según la pro­fecía de Daniel (2, 31-45) Porque estos imperios son de barro. O como la piedra en la honda de Dav1~ que derriba al gigante Goliat precisamente porque atina a darle en la cabeza, el lugar de la visión sim­bólica del poder (1 Sam 17, 45-51) Es lo mismo que derribar del trono a los poderosos. La Biblia es como la zarza ardiendo que experimentó Moisés (Ex 3,lss), No se consume nunca, tiene luz para todas las oscu­ridades. Es la gramática del espíritu para leer el libro de la vida y para escribir nuevos capítulos en ese pri­mer libro de la palabra de Dios que es la Historia y la convivencia armónica con la madre tierra.

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