icono estrella Nº de votos: 0

Las vacaciones de Su Santidad.

Josep Rovira, cmf -
    En el hemisferio norte hemos “celebrado” el verano durante los últimos tres meses. Hablar de verano es hablar de algunos días al menos de vacaciones. De todas maneras, aquí en Italia, según dijo la prensa, sobre un total de 58 millones de habitantes, este año 23 millones no se las han podido permitir (para que digamos a veces –incluso entre los que hemos hecho voto de pobreza...- que las vacaciones son un derecho adquirido del que nadie nos puede privar...). ¿Cómo se las pasan los Papas?

    Los últimos Papas han solido ir a pasar unos días de Julio en algún sitio de montaña, en el norte de Ialia, huéspedes de algún convento o seminario, cuando en Roma arrecia el calor y la humedad. A la vuelta, suelen ir a residir en la villa pontificia de Castelgandolfo: un pueblo situado a unos 20 km. de Roma, en zona colinosa. Con este motivo, hace unos días “L’Osservatore Romano” concedió una larga entrevista al señor Saverio Petrillo que desde el año 1958 es el director encargado de la manutención de la villa. De dicha entrevista saco algunas curiosidades sobre Castelagandolfo y los últimos cinco Papas.

    La villa pontificia se encuentra dentro de los muros de una de las más famosas villas de la antigüedad, la “Albanum Domitianum”, residencia del emperador Domiciano, que reinó del año 81 al 96 dC. Tenía una extensión de 14 km. cuadrados y abarcaba desde la Via Appia hasta todo el lago de Albano. Evidentemente, dentro de aquel perímetro no está solamente la villa pontificia, sino las habitaciones de otros muchos habitantes. La casa pontificia está situada en la extremidad de la colina de Castelgandolfo. Entre sus antiguos arquitectos se cuentan Maderno y Bernini.

    De Pío XII, que murió en la villa y no en el Vaticano el 9 de Octubre de 1958, Petrillo recuerda con tristeza cómo el Papa se encontró en el momento de su muerte: “Yo, antes de entrar en ese ambiente, pensaba que el Papa estaba siempre rodeado de cantidad de gente, dispuesta a responder a su menor deseo. Cuando entendí que el Papa estaba muriendo, me dí cuenta de lo solo que estaba. No había nadie. El médico pontificio, Riccardo Galeazzi Lisi, le embalsamó usando solamente algunas pomadas. Sólo al día siguiente, antes de exponerlo al público, se le revistió con los hábitos pontificales. Me consoló la cantidad enorme de gente que vino a visitarlo..., una manifestación popular, espléndida”. La gente se acordaba de que, durante la segunda guerra mundial, Pío XII abrió las puertas de la villa a cuantos, hombres y mujeres, católicos o no, democristianos o marxistas, trataban de escapar de las redadas de los alemanes; entre ellos, muchas futuras mamás a las cuales el Papa había cedido su propia habitación porque estaban encinta. Durante la guerra, él permaneció siempre en el Vaticano. ¡En la habitación donde duerme el Papa nacieron unos cincuenta niños!

    Juan XXIII trajo muchas novedades. De vez en cuando desaparecía. Salía por una de las puertas secundarias sin avisar a nadie y sin escolta. Se iba a dar un paseo por la zona, entre la gente: “Un domingo por la mañana nos llegó una llamada telefónica urgente diciéndonos que el Papa se había ido a la ciudad de Anzio. Nosotros que creíamos que estaba en su apartamento... Más tarde, otra voz alarmada nos avisaba que se hallaba en la ciudad de Nettuno. Luego, que le habían visto junto al lago de Albano... ¡Qué mañana aquélla! Al final se presentó tranquilamente con tiempo para rezar el Angelus de las doce.  Otra vez se fue a la ciudad de Genazzano (son todas ciudades que se hallan a pocos km. de Castelgandolfo) y corrió el riesgo de ser aplastado por la gente que le había reconocido... ; menos mal que un capitán de los carabineros lo metió en su coche y nos lo devolvió. Él, en cambio, estaba tan tranquilo... Nunca renunció al contacto con la gente”.

    La semana antes del cónclave que le eligió Papa, el cardenal Montini vino a refugiarse en casa del director de entonces de la villa, el señor Emilio Bonomelli, que era amigo suyo. Quería esconderse porque ya muchos decían que iba a ser el futuro Papa: “Recuerdo perfectamente aquella mañana del 19 de Junio 1963 cuando se marchó a Roma para asistir al cónclave. Estábamos todos ante el cancel para saludarle. Al portero se le escapó decirle: «Santo Padre, ¡felicidades!». Bonomelli lo fulminó con una mirada. Luego volvió siendo Papa. Nos impresionaba su gran discreción. Cuando venía, dedicaba la primera semana a retiro espiritual. Oraba y basta. Luego continuaba su actividad normal. Recuerdo con conmoción la fiesta de la Asunción de 1977, cuando, inaugurando la iglesia de la Virgen del Lago, nos dijo: «No sé si voy a poder celebrar esta fiesta otra vez con vosotros. Aprovecho este momento para abrazaros a todos y agradeceros todo lo que habéis hecho por mí». Efectivamente, murió el 6 de Agosto del año siguiente”.

    De Juan Pablo I, que siendo cardenal –dicen- no le gustaba mucho venir a Roma, y luego fue Papa sólo un mes, cuenta Saverio: “Tenemos un grande pesar; nunca pudimos manifestarle nuestro afecto, porque no vino nunca ni siendo cardenal, ni Papa”.

    El domingo antes del nuevo cónclave: “Monseñor Deskur me pidió a ver si podía venir a pasar unas horas de retiro con el cardenal de Cracovia, Karl Wojtyla. Vinieron juntos. Comieron en una fonda del pueblo; por cierto que, siendo ya Papa, Juan Pablo II una vez reconoció entre la gente a la dueña del restaurante y le agradeció las «exquisitas fettuccine» de las que todavía se acordaba... Cuando anunciaron su elección, muchos aquí pensaron que se trataba de un africano (con aquel nombre: Wojtyla...). Con orgullo les dije que ya lo conocía y quién era. Siendo Papa, venía no solamente en el período estivo, sino muchas veces durante el año a pasar unos días de descanso, a la vuelta de un viaje, o para preparar algún documento o discurso importante. Al atardecer solía encontrar a grupos de jóvenes. Eran momentos verdaderamente de fiesta. Encendían un fuego al aire libre, cantaban, había quien explicaba su vida y sus experiencias... La suya era una presencia viva, en el sentido de que, cuando estaba aquí, salía a cualquier hora, a veces tarde, de noche, incluso en invierno con el frío. Se envolvía en un manto negro, y alguna vez también con un gorro de lana, también negro. Recuerdo lo que gozaba con los niños, hijos de los dependientes. Ellos, cuando le veían llegar de lejos, se escondían entre las plantas del jardín, y cuando el Papa pasaba cerca salían de repente gritando y yendo a su encuentro, como suelen hacer los niños en estos casos. Parecía como si jugaran al escondite con él, y se veía cómo él disfrutaba. Frecuentemente iba a la casa de alguno de los empleados que viven dentro de la villa para conocer a su familia; se quedaba a tomar un café, un té, una pasta..., como hace un amigo que te viene a visitar. Un recuerdo precioso”.

    De Benedicto XVI, dice Saverio: “... Lo que nos impresiona es su extraordinaria delicadeza de ánimo, su extrema sensibilidad, su profunda espiritualidad. Le conocíamos desde antes porque, siendo cardenal en Roma, solía venir al menos una vez al año a pasar algún día. Cuando vino como Papa, por lo tanto, ya nos conocíamos. Es un grande trabajador. Frecuentemente al atardecer, en el silencio de la villa, resuenan las notas de su piano. De todas maneras, no es el primer Papa que toca un instrumento: Pío XII sonaba el violín, pero nunca lo hizo aquí en Castelgandolfo. Ahora en cambio, sobre todo al atardecer, oímos musica de Mozart, Bach, Beethoven... Y esto nos alegra porque quiere decir que el Papa se encuentra bien entre nosotros”.

    Dentro del perímetro de la villa, no todo es edificio residencial: hay un espacio dedicado a jardín, a huerta e incluso a granja. Ya Pío XI dotó a esta última con una de las primeras ordeñadoras mecánicas que se conocían e incubadoras para pollitos. Actualmente hay 26 vacas que dan unos quinientos o seiscientos litros de leche al día; se producen también un centenar de huevos diariamente, entre diez y quince quintales de aceite al año, fruta, otros productos agrícolas y flores. ¿Qué se hace con todo ello? Ciertamente sirve al grupo que vive con el Papa en Roma, al supermercado que hay dentro del Vaticano y a algún bar de la zona. Todos los días sale un camión con productos de la villa para estos destinos. Un hecho curioso: durante la segunda guerra mundial no quisieron que faltara al Papa la leche de la villa y, para evitar lo más posible los controles, bombardeos y demás dificultades, un día enviaron –de noche- un camión con siete vacas lecheras. El problema surgió al llegar al Vaticano: los guardias suizos no querían dejarlo pasar, creyendo que podía ser un atentado. Al final, las pobres vacas, cansadas, empezaron a mugir; eso convenció a los rígidos soldados del Papa... Estuvieron en el Vaticano hasta acabar la guerra. Concluye diciendo el señor Saverio: “En total somos unas 56 personas; la mitad son técnicos para la manutención ordinaria de los varios sectores, y la otra mitad trabaja en la granja. En fin –dice con satisfacción- ¡una grande y armoniosa familia!”.

    ¿Por qué les he contado hoy todo eso? Sencillamente, para que vean que en la Roma papal no existen solamente encíclicas, discursos, gente “almidonada”, capisayos y grandes ceremonias..., sino una buena dosis de humanidad, como sucede en todas partes. ¿Cómo iba a ser si no?

Arrivederci!
Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.