La Singularidad de la Virgen
El nombre singular de María es La Virgen. El habla popular, enlazando con los tiempos más antiguos, ha preferido llamarla así. Presiente el pueblo de siempre que hay muchas vírgenes, pero una sola Virgen de verdad: la Virgen María.
El Encuentro en Nazaret
Cuando el ángel Gabriel se le apareció, era María una mujer joven. Vivía en un pueblo sencillo, sin nombre y sin historia, llamado Nazaret. Y «no conozco varón» fue una palabra que pronunció Ella —la primera que nos conservan los evangelios de María— y que resume todo su corazón.
La Esencia de la Virginidad
Ella es la Virgen, es decir, una mujer que no tuvo ocupado su corazón en todos los momentos de su vida, sino por el amor de Dios. Descendió primero Dios desbordadamente a su alma y Ella se consagró toda entera, cuerpo y alma, al servicio del Señor.
La virginidad no es prioritariamente ausencia de varón sino presencia de Dios. No es desamor, sino plenitud de amor.
Una mujer que ha consagrado a Dios su cuerpo y su alma es como una cumbre elevada en donde se respira siempre aire limpio, toda ella es apacible, está llena de luminosidad, se abraza ininterrumpidamente al cielo.
Una Necesidad de Aire Puro
Se está produciendo en la historia de la humanidad en estos momentos una enorme necesidad de aire puro. Dios, la relación con Dios, la comunión con lo sagrado de esta manera indivisa y total está llegando a ser algo importante en este mundo contaminado.
Que Santa María, como un clima apacible y sereno, sosiegue un poco los ardores de nuestro corazón para que en él brille luminoso el amor de Dios.




