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La Vida Consagrada merecerá tenery tendrá ciertamente un futuro en la medida en que...

Josep Rovira, cmf -

El día 2 de Febrero celebramos la “Jornada de la Vida Consagrada”, y este año conmemoramos el 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. Con este doble motivo, puede ser oportuno reflexionar sobre la marcha de la Vida Consagrada durante este último medio siglo, dónde se halla hoy día y qué futuro parece que va a tener. Ofrezco, a este propósito, unas breves y opinables pinceladas personales.

Mi impresión es que en la Vida Consagrada actual hay una cantidad enorme de ejemplos admirables, heroicos y silenciosos, de los cuales por desgracia se sabe y se habla poco o nada. Otra parte de los consagrados vamos siguiendo más o menos bien. Y unos pocos sería mejor que aclarasen en un sentido u otro su vivir. Desde luego no nos preocupan los primeros, tratamos de animarnos los segundos, y esperamos que se aclaren los terceros.

Teniendo en cuenta todo ello, me dan que pensar dos textos del documento de la CIVCSVA, “Caminar desde Cristo” (2002). El primero dice: “Junto al impulso vital, capaz de testimonio y de donación hasta el martirio, la vida consagrada conoce también la insidia de la mediocridad en la vida espiritual, del aburguesamiento progresivo y de la mentalidad consumista (...), la tentación del eficientismo y del activismo (...), los proyectos personales prevalecen sobre los comunitarios (...). Son problemas reales, pero no hay que generalizar” (n. 12c). Y el segundo: “Debemos ser sumamente generosos en dedicar tiempo y las mejores energías a la formación (...). Sin olvidar que, en una época acelerada como la nuestra, lo que hace falta más que otra cosa es tiempo, perseverancia y espera paciente para alcanzar los objetivos formativos. En unas circunstancias en las que prevalece la rapidez y la superficialidad, necesitamos serenidad y profundidad porque en realidad la persona se va forjando muy lentamente” (n. 18f).

Efectivamente, hoy día el problema no es que la formación deje de ofrecer posibilidades mucho más variadas y ricas que en otros tiempos, sino la fragmentación, la falta de tiempo para profundizar, y la fragilidad humana y espiritual de no pocos candidatos y religiosos.

Para ser concretos, me atrevería a decir lo que sigue (que, dicho sea de paso, me aplico ante todo a mí mismo). La formación y la vivencia de la Vida Consagrada corren peligro:

- Si el individuo no se preocupa por asimilar bien y a lo largo de toda su vida las raíces carismáticas de su grupo o Congregación. La falta de identidad religiosa es una puerta abierta a la indiferencia y a la tibieza, cuando no al abandono.

- Si es verdad –como dicen numerosas estadísticas- que el elemento que está mayormente en crisis hoy día es la relación fraterna en comunidad; esa experiencia de fraternidad que los candidatos jóvenes esperan encontrar “al menos” entre nosotros. Algo en lo que todo el mundo debería poder conocer que somos discípulos de Cristo (Jn 13, 34-35; 15, 12.17).

- Si el celibato se vive en zona gris. Si, por ejemplo, este instrumento fantástico que es el internet (y los varios medios de comunicación en general) se convierte en un espacio que nos ocupa más tiempo del necesario, o nos lleva a rozar playas en conflicto con el compromiso de castidad.

- Si el nivel económico que nos permitimos tiene poco que ver con el voto de pobreza, con el nivel de nuestra gente sencilla; o se manifiesta en un “todo me es debido”, en una falta de conciencia de lo que significa ganarse el pan con el sudor de la frente, del coste de la vida real y de que “el dinero no lo regalan”.

- Si el ejercicio de la autoridad se manifiesta en algo tan antievangélico como el dominio o el poder, en vez de ser servicio (Mt 20, 25-28; 23, 8-12). Si caemos, por una parte, en el paternalismo o maternalismo (“Faciem Tuam”, 2008, n.14b) y , por otra, en el infantilismo (“Faciem Tuam”, n. 20b, 25a). A veces se encuentran jóvenes que eran más maduros antes de entrar que al cabo de unos años de formación (¿?) religiosa. Si no nos esforzamos en vivir una relación madura, responsable, colaboradora y disponible.

- Si la vida de oración brilla por su ausencia o pobreza, o en un “quiero y no puedo”, o simplemente pretendemos refugiarnos en la falsa excusa de la falta de tiempo porque hay mucho que hacer, cuando tal vez perdemos cantidad de tiempo en cosas secundarias.

- Si en nuestra vida apostólica nos dejamos llevar por la rutina o el activismo, la falta de compromiso o el vivir sobre las espaldas de la institución. Olvidando, además, que no hay un trabajo indigno o humillante para el discípulo de Aquél que, a pesar de ser el Señor y el Maestro, lavó los pies (sucios) de sus amigos (Jn 13,1-17; 15,13-16; “Vita Consecrata” 1996, n. 75).

Todas estas no son fatalidades, ni mucho menos vive así la mayor parte de los consagrados, ¡gracias a Dios!. Pero sí que son peligros que nos acechan contínuamente, de los cuales tenemos que ser conscientes para examinar con sinceridad nuestra realidad cotidiana y poner remedio en lo que convenga. Aunque la perfección no es de este mundo, y quien más quien menos todos tenemos que entonar el “mea culpa”, sin embargo en la medida en que conscientes de nuestra fragilidad tratamos verdaderamente de caminar por el sendero justo, la Vida Consagrada merecerá tener y tendrá ciertamente (¡!) un futuro. Dios hará su parte, porque Él no puede ser infiel (2Tim 2,13); pero, de nosotros espera que llevemos a cabo la nuestra.

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icono comentarios 5 comentarios

Comentarios

Ama de casa. Ama de casa.
el 4/2/12
Antes del concilio Vaticano II, el sacerdote era casi inaccesible, solo en la confesión o en Acción Católica, cáritas, Opus Dei, pero haciendo pirámide. Ahora es nuestro compañero de viaje, hace corro en nuestras reuniones, es uno más, habla desde él mismo y se llama, Enrique Miguel etc. con el mismo respeto, más sabio. más cercanoy con más carisma. Dios os bendiga hermanos.
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Franco Torres Franco Torres
el 6/2/12
P. José: muchas gracias por este artículo. Para mí, en esta etapa de formación inicial, el mensaje resulta oportuno e incisivo. ¿Cómo discernir lo conveniente en medio de urgencias reales y prioridades fundamentales? Gracias por regalarme estos guiños en el camino, estos farolitos en la espera del alba, esta vida entregada en palabras.
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RAIMUNDO RAIMUNDO
el 7/2/12
Soy un laico , respetuoso de la Iglesia y sus instituciones, no estoy de acuerdo como los católicos criticamos a los sacerdotes y religiosos, pero nunca veo a mi parroco rezando el rosario con la comunidad, jamás lo veo de rodillas frente al Sagrario , de alguna forma educando a sus feligreses , nunca lo he visto en el confesionario, eso sí es un hombre muy activo, dinámico, le ha dado vida a la parroquia, muchas obras sociales y sobre todo unas homilías como pocas , pero eso no lo es todo , se actúa como si fuera un complejo el dedicar tiempo delante de los feligreses a las cosas de piedad. Ver a un sacerdote en profunda oración , como lo hizo Jesús , delante de sus apostoles o ¿ Es que Nuestro Señor no es el modelo a seguir?. Al menos eso es lo que nos han enseñado .No hay que ... » ver comentario
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P. Elmer P. Elmer
el 7/2/12
agradezco el artículo y sus comentarios. sobre todo de quienes tienen, no el valor, sino la caridad de hacernos un llamado a los sacerdotes y consagrados de poner nuestra mirada en Jesús. Dios y la Virgen les Bendigan.
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maria teresa maria teresa
el 14/2/12
Gracias por las reflexiones tan profundas.Es necesario crecer por dentro y poner raices profundas
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