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La resistencia de un pueblo

Fundación PROCLADE -

"El viernes 10 de octubre he ensillado mi mula para hacer un recorrido de tres días visitando las comunidades de Beylak, Lakoste y K`Ena.

(JPG) En este viaje me acompañaron dos laicos de la Parroquia San Miguel de Kazal. Partimos a las 8 de la mañana y llegamos a Beylak a las 11 hs.

Beylak está a orillas de un río , al llegar allí nos sorprendió la destrucción que había en toda la zona que rodeaba el río: chacras, árboles, bananales.... Pareciera como si la naturaleza estuviera muy enojada y se desahogara con toda su furia.

Luego de celebrar la misa a la Comunidad, continuamos nuestra marcha montaña arriba. El camino para mulas estaba bastante destruido, así que tuvimos que subir unos ratos caminando y otros sobre la mula por lo que llegamos a la comunidad de Lakoste hacia las 15 de la tarde con mucho dolor de cintura.

Compartimos esa media tarde con la gente del lugar que venían a contarnos lo que el huracán había dañado en sus lugares. Todo es lamento y la angustia por ni tener alimentos.

Al día siguiente seguimos nuestra marcha, siempre subiendo la montaña, para poder llegar a la comunidad de K`Ena a la cual llegamos tras una hora y media de marcha.

Aquí el huracán fue muy fuerte y hundió todo el techo de la escuela. En esta comunidad pasamos todo el sábado y domingo. El sábado por la tarde hubo un gran torrencial lluvia, y como el techo de la escuela se había hundido por el huracán, todo el agua caía adentro, así que la escuela se convirtió en un pequeño lago. El domingo celebramos la misa en la escuela, luego nos reunimos con la gente , todas y cada una de las personas se lamentaban de su situación.

Aquí también las chacras se perdieron, también hubo muchas casas destechadas, caminos rotos, falta de alimento, etc..

Por la tarde bajamos a Kazal, después de 3,30 hs. de bajar llegamos a Kazal donde nos cayó una hermosa lluvia la cual nos empapó.

(JPG) En todo este recorrido, mis pensamientos me llevaban a la conclusión de lo dura que es la vida de este pueblo, cómo pueden soportar tanto, pero en ningún momento ves amargura en sus palabras, en verdad tienen una resistencia admirable.

La única dificultad es que pierden la serenidad cuando ven comida, la desesperación provoca que surja de ellos los instintos más básicos, no son capaces de organizarse para distribuir mejor los alimentos queriendo todos ser atendidos los primeros .

Después de todos los años trabajando en Haiti, puedo decir con certeza que el pueblo haitiano, con todas las limitaciones, es un pueblo que nos enseña mucho, sobre todo a nuestra sociedad consumista. Viendo a los haitianos, uno puede decir con seguridad que es posible vivir sin tantas cosas.

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