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La recta administración de los bienes

Angel Moreno -

XXV Domingo del Tiempo ordinario, C, (18-9-2016)
(Am 8, 4-7; Sal 112; 1Tm 2, 1-8; Lc 16, 1-13)
La recta administración de los bienes

Hoy la Palabra pone el dedo en la llaga de una cultura especuladora, en la que solo interesa el acrecentamiento de las riquezas, a costa de todo, y en la que salen perdiendo siempre los más pobres.

Pero cabe que leamos la denuncia del texto bíblico como si se refiriera a otros, e incluso puede justificarnos por nuestra crítica despiadada de los dirigentes, de los empresarios, de los que entendemos que son especuladores con los bienes de los demás.

Sin duda que el profeta es incisivo en su expresión: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables” (Amós). Y cada uno deberemos examinarnos por si en nuestras relaciones, aunque sea en pequeña escala, también ejercemos extorsión, especulación, por afán desmedido de poder o de tener, creando dependencias y ciertas esclavitudes. Cabe que intentemos dominar con chantajes emocionales, para sujetar a las personas a nuestro servicio.

El salmista canta el comportamiento de Dios, que es defensor de los más desfavorecidos: “El Señor levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”. Dios no esclaviza, ni somete, por el contrario Él saca de la esclavitud a su pueblo, y por gracia, todos hemos sido liberados del dominio del pecado.

La clave para disfrutar de la libertad de los hijos de Dios nos la ofrece el Evangelio: “Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.” Solo Dios es Dios. “Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos”.

En las circunstancias que nos rodean, en las que surge espontáneamente la crítica política por la situación en que nos encontramos, es providente la recomendación del San Pablo: “Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro”. ¡Ojalá pueda emerger la generosidad, la responsabilidad y la sensibilidad, para que no se deteriore aún más la convivencia entre las personas!

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Comentarios

Manuel. Manuel.
el 18/9/16
La entrega del amor verdadero nos ayuda a saber repartir nuestros bienes materiales necesarios.
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