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La precariedad laboral se ceba con los jóvenes

Gonzalo Varela en Vida Nueva 2541 -

   
       



    Las empresas de trabajo temporal exhiben sin pudor su oferta a los jóvenes: puestos de teleoperador, camarero, reponedor, cajero, dependiente, 'gancho' para que las discotecas se llenen de clientes, encuestador... Cualquiera vale, y la demanda no encoge. Al fin y al cabo, el trabajo dignifica al hombre. Y le permite pagar las facturas, que entienden poco de estratos sociales y de salarios. La práctica se extiende en algunos sectores: a los recién licenciados y diplomados que dan sus primeros pasos en la jungla laboral se les ofrece un puesto si se matriculan en otra carrera universitaria. Para que sigan cobrando en calidad de becarios. Y el panorama laboral obliga a aceptar las condiciones.

    El Consejo Nacional de la Juventud lo advierte: "La precariedad es un concepto muy amplio; no tiene por qué ser sinónimo de temporalidad. Abarca más situaciones, como la de trabajar durante 14 horas diarias en un puesto fijo o la de sufrir la movilidad forzosa". Por menos de 600 euros al mes, miles de jóvenes trabajan con la esperanza de hacer méritos y firmar un contrato indefinido. La mayoría está cualificada, encaja, tiene la formación necesaria, se ha especializado. Pero los cursos de postgrado ya sólo garantizan las prácticas en empresas y un curriculum lustroso que enviar a todas partes, ahora que el éxito en la inserción laboral depende más del marketing que del esfuerzo.

    El círculo es vicioso: no hay trabajo para quien carece de experiencia, pero la experiencia no se adquiere sin trabajo. Lo que se acaba aceptando es un empleo que ni de lejos se asemeja al soñado en los años de carrera universitaria. Y cuando el paso del tiempo lo llena todo de facturas y proyectos, no queda más remedio que pasar por la empresa de trabajo temporal o el mostrador del Instituto Nacional de Empleo.

    "La mayoría de los jóvenes dice encontrarse satisfecha; casi todos encuentran normales las condiciones desfavorables que les ofrece el mercado de trabajo", explica el Consejo Económico y Social (CES). "Si encuentro un trabajo", parecen decirse muchos, "bienvenido sea un salario miserable". Eso sí, más del 40% de los menores de 30 años se considera sobrecualificado y explotado, según el Observatorio de Inserción Laboral.

    Las soluciones planteadas por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales cuajan de manera muy tímida. Entre otras cosas, porque ahora las empresas se benefician cuando ofrecen contratos indefinidos, que, aunque no garantizan unas condiciones dignas, acaban con la "incertidumbre" en la que viven muchos jóvenes, como señala el CES. "La precariedad exige un cambio normativo", sentencia Toni Ferrer, de UGT. Pero no como el propuesto por el Gobierno francés, que quiso imponer su ley de primer empleo y acabó echándose atrás ante la reacción de la juventud gala.

    En España, donde el 75% de los menores de 30 años 'milita' en el grupo de los 'mileuristas', la respuesta al problema es tibia. Quizá tenga algo que ver con el "desaliento" al que se refiere la Organización Internacional del Trabajo (OIT). O quizá sea porque el Gobierno acude con frecuencia a sus números, que hablan de un paro en caída libre y un descenso de la precariedad laboral. Ciertamente, los números son históricos: 'sólo' dos millones de parados a finales de octubre, tantos como contratos estables firmados en lo que va de año. Y el Ibex 35, disparado en la Bolsa.

    "La incapacidad para crear empleos decentes y productivos a pesar del crecimiento económico está golpeando a los jóvenes", lamenta Juan Somavia, director general de la OIT. "Se están dañando las perspectivas económicas de uno de nuestros principales recursos: las mujeres y los hombres jóvenes. Estamos desperdiciando el potencial de una gran parte de la población". Y así, según la OIT, la juventud se sumerge en una profunda sensación "de vulnerabilidad, de inutilidad y de estar de más".

    A las 10 de la mañana del 8 de octubre de 2006, nueve personas han mostrado ya su interés por una oferta de trabajo colgada en una importante página web pocos minutos antes. El puesto: reponedor de supermercado. Por las tardes. 300 euros al mes. "Preferiblemente chico". Y "responsable". "Con experiencia". A la misma hora, 20 personas han enviado su curriculum a una empresa que busca jóvenes teleoperadores. "Con capacidad de convicción, fluidez verbal, y don de gentes". Hay que tener "experiencia" en la "emisión de llamadas telefónicas". A cambio, "buen ambiente laboral", "posibilidades reales' -importante matiz- de desarrollo profesional"... y 500 euros al mes.
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