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La lucha humana con la energía sexual

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

La iglesia ha luchado siempre con el sexo, pero lo mismo han hecho los demás. No hay culturas, religiosas o seculares, pre-modernas o modernas, pos-modernas o pos-religiosas, que expongan una característica sexual verdaderamente sana. Todas iglesias y todas culturas luchan por integrar la energía sexual, si no en su credo sobre el sexo, al menos en la vivencia fuera de ese credo. La cultura secular mira a la iglesia y la acusa de ser rígida y anti-erótica. Esto es verdad en parte, pero la iglesia con razón podría protestar de que gran parte de su reticencia sexual está basada en el hecho de que es una de las pocas voces que aún quedan desafiando a cualquiera en lo tocante a la responsabilidad sexual. De igual modo, la iglesia podría también desafiar a cualquier cultura que afirme haber encontrado la llave de la sexualidad sana a dar un paso adelante y mostrar la evidencia. Ninguna cultura hará suya esta afirmación. Todas están luchando.

Parte de esta lucha es la aparente incompatibilidad innata entre lo que Charles Taylor llama “realización sexual y piedad”, entre “cuadrar nuestras aspiraciones más altas con un respeto total por la plena escala de realizaciones humanas”.

Comentando esto en su libro “Una era secular”, Taylor afirma que hay una evidente tensión tratando de combinar la realización sexual con la piedad, y que esto refleja una tensión más general entre el despertar humano en general y la dedicación a Dios. Y añade: “Que esta tensión debería ser particularmente evidente en el dominio sexual es fácilmente comprensible. La realización sexual intensa y profunda se fija poderosamente en el intercambio con la pareja; esto nos liga fuerte y posesivamente a lo que es compartido privadamente.  … No es por nada que los primeros monjes y eremitas vieron la renuncia sexual como una apertura al camino hacia un amor más grande a Dios.  … Ahora que hay una tensión entre la realización y la piedad, no nos debería sorprender en un mundo distorsionado por el pecado…, pero tenemos que evitar volver esto a una incompatibilidad constitutiva”.

¿Cómo podemos evitar eso? ¿Cómo podemos evitar de alguna manera dañar la realización sexual contra la santidad?  ¿Cómo podemos ser fuertemente sexuales y plenamente espirituales a un mismo tiempo?

En un libro a punto de ser lanzado al mercado, “El camino es cómo” (Una peregrinación campestre a través del deseo y el alma), Trevor Herriot sugiere que la realización humana y la dedicación a Dios -sexo y santidad- pueden ser traídos juntos de un modo que propiamente respete a ambos. ¿Cómo?  Sin usar la palabra que es tan pronto honrada  como difamada,  nos regala una imagen de lo que la castidad significa en su verdadera raíz. En buena medida como Annie Dillard en su libro “Santa la empresa”, Herriot lanza cierto concepto de castidad fuera de los ritmos de la naturaleza y luego presenta esos ritmos como el paradigma de cómo deberíamos estar relacionándonos con la naturaleza y unos con otros. Y, para Herriot, esos ritmos lanzan un particular haz luminoso sobre cómo deberíamos relacionarnos sexualmente. He aquí sus palabras:

“En estos días, vemos pasar camiones de grano y sentimos que algo en nosotros y en la tierra sufre cuando los alimentos son enviados y consumidos con poca intimidad, cuidado y respeto. Los lentos  movimientos locales de víveres  están mostrándonos que el modo como cultivamos, distribuimos, preparamos y comemos esos alimentos es importante para la salud de los intercambios de nuestro cuerpo-a-tierra. El siguiente paso puede ser darnos cuenta de que la energía que trae el polen al ovario y hace crecer el grano, una vez entra en nuestros cuerpos, también necesita ser gestado. El modo como respondemos a nuestro deseo de unirnos, conectar y ser fecundos -agitaciones sentidas tan profundamente, pero con frecuencia expresadas tan superficialmente- determina la calidad de nuestros intercambios cuerpo-a-cuerpo.

En un mundo bañado en sexo industrial e impersonal, donde la verdadera relación y ternura son raras, ¿sentiremos también que algo en nosotros y en la tierra está siendo dañado desde la misma ausencia de intimidad, cuidado y respeto? ¿Aprenderemos que cualquier expresión dada de nuestras energías  eróticas o nos une o nos separa del mundo que hay alrededor de nosotros y de nuestras almas? Estamos descubriendo que debemos administrar las energías captadas por la naturaleza en hidrocarburos o en las plantas y animales vivientes, y así mejorar los modos como recibimos los frutos de la tierra, pero luchamos por ver la responsabilidad principal que cargamos por las pequeñas pero acumulativamente significativas explosiones de energía que acercamos y transmitimos a medida que respondemos a nuestros anhelos de conectar, unir y ser fértiles. Aprender cómo administrar el modo de producir fruto nosotros mismos como seres espirituales/sexuales con un conjunto lleno de deseos animales y ambiciones angélicas, puede ser más importante para nuestro caminar humano de lo que podemos entender plenamente”.

La castidad, tal como es imaginada por Charles Taylor, Annie Dillard y Trevor Herriot, ha sido siempre la única cosa que protege adecuadamente el sexo, el vestido blanco con que se adorna la novia, los medios para cuadrar nuestras más altas aspiraciones con un respeto total por la plena serie de sentimientos humanos; y, no lo menos, la confiada guía para el modo como podemos acceder y transmitir nuestra energía con intimidad, cuidado y respeto. 

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icono etiquetas etiquetas : Ron Rolheiser, sexualidad,
icono comentarios 6 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 11/3/14
¿Cómo podemos ser fuertemente sexuales y plenamente espirituales a un mismo tiempo?; los cristianos decimos sin duda, ¿o es que el Señor era un hombre amorfo? ¿La sexualidad es querida por Dios?; sin duda. ¿Favorece su santificación?; sin duda; desde luego no si el hombre al sentir una mujer no sabe dominar su instinto y sale corriendo detrás de ella. Porque lo que el hombre debe es elegir a Dios siempre, amar a su hermano, imagen sagrada de Dios, como a sí mismo, y claro eso conlleva el respeto total a su libertad que le lleva a no utilizarlo, lo que no está reñido con seguir siendo plenamente sexual, incluso si por respetarle debemos abstenernos del goce sexual, que sólo es una faceta de la sexualidad humana. Lo que nos ocurre es que nuestra corporalidad nos vence con mucha a ... » ver comentario
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Martha Martha
el 11/3/14
Tema muy dificil de tratar, para su publicacion, por lo
menos por personas que desconocemos las palabras
adecuadas al respecto y que no resulten desagrada -
bles en su lectura. Solo puedo decir que creo que am-
bos sentimientos, sexo-santidad, son desacordes uno
de otro; aunque tambien creo que muy parecidos en
cuanto a profundidad, intimidad, cuidado y respeto,
siempre que uno de ellos no se encuentre deformado
en algun aspecto antes citado. Pero no podemos des-
catar que algun dia encuentren la formula para que los dos vengan juntos y reunan las caracteristicas ne-
cesarias. Saludos .......
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angeljen0214 angeljen0214
el 13/3/14
Mi opinion : Nadie durante su existencia en la tierra es
santo, por tanto desligarse de las energias sexuales no
le resulta facil a nadie, reprimirlas ....en algunos casos
conlleva a un deterioro mental, causa de muchos ac -
tos deshonrosos que hemos visto casi a diario, sin em
bargo otras personas viven felizmente celibes, ya que
han escogido vivir de esa forma y esto no ha sido es-
torbo para su complacencia. Gracias
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JOSE MANUEL JOSE MANUEL
el 14/3/14
Queridos hermanos: Siempre he pensado que el deseo sexual es más fuerte que el hombre. A fin de cuentas, en ello nos va nuestra necesidad vital y primigenia de reproducirnos. Gracias a él, desde el origen de los tiempos, somos especie. En mi humilde opinión sólo mediante ka Gracia de Dios somos capaces de vivir plenamente la Castidad. ¡¡¡¡ Y qué maravilloso tiene que ser!!!!
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Enrique Enrique
el 14/3/14
Las teorías son miserables cuando se les quita el espíritu y es ahí donde la fuerza bruta del hombre deja de lado su verdadero amor a lo sagrado para darle paso al vicio asumido en el habito carnal. Así como los Santos y los Monjes encontraron en ese resistir a lo puramente placentero y volcaron sus sentidos a lo espiritual. esa es la manera de ganar la batalla contra la multiplicación que deforma la naturaleza sexual dada por Dios al hombre.
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giovanni giovanni
el 25/3/14
Hay un dicho, que así reza: intenta crear ángeles, y tendrás demonios ... Eso es lo que pasa cuando, por querer hacernos ángeles, nos negamos el sexo, en su totalidad, o de a poco, de a poco, hasta que al final, desaparece, y nos terminamos haciendo gays, o perversos en su máximo grado, DEMONIOS, que es lo que en definitiva, el diablo quiere, utilizando el sexo como pretexto, tratando de hacer parecer a éste como malo y sucio por todos los lados por los que se mire, y que la solución es exterminarlo, erradicarlo de nuestras vidas ... Es que el sexo ES SUCIO, Y AHI ESTA SU GOCE ... Y terminamos siendo malos y perversos, como dije. En cambio, el sexo, es el regalo de Dios, para hacernos buenos, humanos, y NO DEMONIOS. No hay que tratar de "santificar" e intentar hacer "puro" al sexo, ... » ver comentario
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