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La Iglesia: cuando duele el amor

Enrique Martinez -




¡Qué discutible y criticable eres, Iglesia, y sin embargo, cuánto te quiero!
Cuánto me haces sufrir, y sin embargo, cuánto te debo.
Quisiera verte tambalear, que te transformaras a fondo,
y sin embargo, tengo necesidad de tu presencia.
Escucho la voz de los jóvenes con los que trabajo,
de las parejas que acuden a los cursillos de novios,
de algunos de nuestros catequistas y monitores,
de personas comprometidas en voluntariados, y en la comunidad cristiana,
incluso de hermanos religiosos:

    - No me gusta esta Iglesia que está tan cerca de los ricos, tan llena de riquezas
    - No me gusta esta Iglesia tan cargada de leyes, normas y prohibiciones,
        que tantas veces olvida la misericordia y la felicidad de sus hijos
    - No me gusta esta Iglesia que se cree con la verdad en exclusiva
        y que a veces tanto le cuesta dialogar humildemente
    - No me gusta esta Iglesia que tan bien se lleva con el poder
        y tan lejos está muchas veces de los más pobres
    - No me gusta esta Iglesia tan preocupada por las liturgias, las ceremonias,
        los actos multitudinarios, y tan poco preocupada por ser levadura, luz y sal
    - No me gusta esta Iglesia tan bien adiestrada en ver todo lo negativo,
        en ser ave de mal agüero, en vez de darnos motivos para la esperanza
    - No me gusta esta Iglesia donde se dice que “todos somos Iglesia”
        pero las decisiones las toman sólo unos pocos.
    - No me gusta esta Iglesia llena de bautizados que se conforman con “oír misa”
        y acudir a los sacramentos, pero tan poco empeñados en seguir a Jesucristo,
        en imitar su vida, en formar comunidades vivas, cálidas, significativas,
        en transformar este mundo en otro.
    - ...

Esta Iglesia, también a mí, me ha escandalizado mucho,
    y sin embargo, me ha hecho entender la santidad.
Yo he encontrado a Jesucristo Vivo gracias a ella.
He visto los mejores testimonios en muchos de sus hijos
    que viven calladamente entregados a los demás,
    a los que nadie quiere, a “los que sobran”.
Nada he visto en el mundo más oscurantista, más descomprometido, más falso;
    y nada he encontrado más lleno de vida, más generoso, más valiente, más bello.
Cuántas veces he tenido ganas de darte un portazo, de gritar enfadado mis protestas,
    y cuántas veces he agradecido que estuvieras ahí,
    que elevaras tu voz libre, que abrieras caminos en la noche,
    que soplaras Buenas Noticias en medio de las noches oscuras,
    que fueras constructora de puentes, maestra del diálogo y la escucha...


No, no puedo librarme de ti, porque soy tú, soy parte de ti.
Y después ¿dónde iría? ¿a construir otra?
Pues no podría levantar la Comunidad perfecta que sueño, tendría muchos,
los mismos defectos: los míos, los que llevo dentro por estar hecho de barro.
Y si me atreviera a comenzar otra (¡que vergonzosa y soberbia pretensión!)
sería «mi» Iglesia, no la de Cristo.
Tengo suficiente sentido común como para darme cuenta
    de que no soy más infalible ni más perfecto que los demás.
Por eso te quiero, Iglesia. Te intento querer como eres.
Pero con todo el cariño y con toda la humildad,
lucharé para que seas mucho mejor reflejo de Cristo y de su Evangelio.
Porque te quiero, Iglesia, te quiero y rezo para que seas mucho mejor,
para que todos nosotros, pueblos de Dios, caminemos alegres en la esperanza
y firmes en la fe, comunicando al mundo el gozo del Evangelio (Plegaria Va).
Amén

Enrique Martínez

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icono comentarios 3 comentarios

Comentarios

Lourdes Lourdes
el 20/8/10
es indiscutible que el texto esta bonito a pesar de solo tener 15 años me gusta leer cosas así porque es importante para mi vida espiritual y seguir el buen camino que me llevara ala vida eterna.Espero que mas personas leyeran esto les voy a recomendar a mis amigos de cole porque esta interesante gracias ala persona que escribo esta reflexión.DIOS los bendiga siempre amen amen
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SANTIAGO SANTIAGO
el 25/6/17
Todos somos miembros de la Iglesia que es Jesucristo, El es la cabeza de la iglesia y nosotros somos parte de El, hombre de barro soy, somos pecadores y la iglesia crece en gracia y santidad, arrepentimiento y propósito de cambio nos lleva al camino de la santidad, es siempre estar en oración, dijo Jesús velad y estad en oración, por eso hay que orar sin cesar, nos conmovemos con nuestro espíritu animado pero la carne es débil, si dicen que la iglesia es pecadora, quien está libre de pecado, hay que orar por nuestros sacerdotes, lideres espirituales y por nuestra comunidad de creyentes, en vez de lanzar juicios, ya que no se puede podar a la vez el trigo y la mala hierba, que Jesucristo cabeza principal de la iglesia nos guíe con su palabra, amen
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LEOBARDO LEOBARDO
el 5/2/13
LA IGLESIA DE JESUCRISTO ES LUZ Y ES SAL, EN UN MUNDO COMPLEJO. OBVIO, LLENO DE PECADO. PARA ESTAR A TONO NECESITAMOS SER LUZ Y SAL DE LA TIERRA. ESTAR LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO PARA PODER DERROTAR LAS ASECHANZAS DEL ENEMIGO DE NUESTRAS ALMAS. DIOS LES BENDICE.
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