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La Fidelidad – Nuestro Mejor Regalo para Otros

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Ronald Rolheiser (Trad. Carmelo Astiz, cmf) - Lunes 23 de Febrero del 2009
Al acabar el funeral de Martin Luther King, uno de los periodistas que cubrían el acontecimiento se paró para conversar con un anciano que se encontraba en las inmediaciones del cementerio. El reportero le preguntó: "¿Qué significaba este hombre para usted? ¿Por qué era tan especial para usted?" El anciano, sin  poder contener las lágrimas, respondió sencillamente: "Era un gran hombre, porque fue fiel. Él creyó en nosotros, cuando nosotros habíamos dejado de creer en nosotros mismos. Permaneció con nosotros, aun cuando nosotros no éramos dignos de ello!"

Éste es un testimonio de una vida  bien-vivida. Si en tu funeral alguien dice eso de ti, entonces has vivido bien tu vida, aunque muchas veces las cosas no hayan marchado bien. Lo que este anciano describe con tanta precisión en su testimonio sobre Martin Luther King es lo que significa la palabra fe.  Estar lleno de fe significa precisamente ser fiel. Y eso es más que un juego de palabras. (En inglés, más claro).

Al fin, la fe no es simplemente el sentimiento, bueno y firme, de que Dios existe. La fe es un compromiso, una entrega a una forma de vivir, por encima de buenos y sólidos sentimientos. Tener fe significa vivir a veces nuestras vidas independientemente de cualquier sentimiento que podamos experimentar.  En el fondo, la fe no está en la cabeza o en el corazón, sino en la acción de una entrega  permanente.  Fe es fidelidad; nada más, pero también nada menos.

Y, quizás más que cualquier otra cosa, ese es el don tan necesario hoy en nuestras familias, en nuestras iglesias y en nuestro mundo en general. El mejor regalo que podemos ofrecer a los que nos rodean es la promesa de fidelidad, la simple promesa de permanecer ahí al lado, de no abandonar cuando las cosas se tornan difíciles, de no retirarnos o alejarnos porque nos sentimos decepcionados o heridos, de permanecer ahí aun cuando no nos sintamos queridos o valorados, de mantenernos ahí aun cuando nuestra visión y nuestras personalidades choquen, de estar a las duras y a las maduras, pase lo que pase, contra viento y marea.

Lo que ocurre con demasiada frecuencia es que, en nuestros compromisos, nos chantajeamos sutilmente unos a otros: Nos comprometemos en la familia, en la iglesia, en la comunidad y en la amistad, pero con esta tácita condición: Permaneceré contigo mientras no me decepciones o hieras seriamente. Pero si lo haces, me iré, te dejaré plantado.

Con esta premisa, no hay familia, amistad, iglesia o comunidad que pueda sobrevivir, porque es sencillamente imposible vivir y trabajar juntos, durante cualquier espacio de tiempo, sin decepcionarse o herirse seriamente unos a otros.

En cualquier relación  -matrimonio, familia, amistad, comunidad eclesial o relación como colegas en un lugar de trabajo-  nunca podemos prometer que no desilusionaremos a los otros, que nunca echaremos a perder la relación, que nuestras personalidades no chocarán y que no ofenderemos nunca a los otros por falta de sensibilidad, por egoísmo y debilidad. No podemos prometer que seremos siempre buenos. ¡Sólo podemos prometer que estaremos siempre ahí, que no abandonaremos!
Y, al fin, esa promesa es más que suficiente, porque si permanecemos ahí y no nos hacemos chantaje el uno al otro abandonando cuando ocurre la desilusión y la ofensa, entonces las decepciones y las heridas se pueden tratar y redimir con una fe y un amor que permanecerán durante un largo recorrido. Cuando hay fidelidad en una relación, las heridas y malentendidos se lavan y limpian con el tiempo, e incluso la amargura puede trocarse en amor.

Hay muchos hombres y mujeres que, al celebrar el aniversario del matrimonio o el compromiso de vida consagrada, el sacerdocio, la amistad, o el trabajo en un determinado empleo, vuelven la vista atrás y ya no sienten las incontables heridas, rechazos, incomprensiones y momentos amargos, que formaban también parte de esa aventura. Esos episodios han quedado purificados y limpios por algo más profundo que ha ido creciendo gracias a la fidelidad, es decir la confianza y el respeto.

A veces observas esto, maravillosamente, en el respeto mutuo y esforzado, desarrollado con el tiempo, entre dos personas que, aun siendo las dos sinceras y comprometidas, se pelean durante años a causa de las diferencias en personalidad, política, religión o historia. El simple hecho de tener que tratarse y lidiarse mutuamente durante tantos años, les lleva por fin a un rico entendimiento y respeto mutuos, por encima de las diferencias.

Lo mismo ocurre en la oración. Todos los grandes escritores espirituales dan solamente una regla fundamental para la oración; y esa regla no tiene nada que ver con método, estilo o contenido de la misma oración. Sencillamente se trata de esto: ¡Acude a la cita! ¡No te rindas nunca ni te des por vencido! ¡No dejes de ir a orar! Mientras perseveres acudiendo a la oración, finalmente Dios se abrirá paso. ¡No dejes de intentar! Y eso es válido para todas las relaciones.

El mayor y mejor don que tenemos que dar es la promesa de fidelidad, la promesa de que seguiremos intentándolo, de que no nos vamos a retirar o escapar, sin más, porque nos hirieron o porque sentimos que no éramos queridos o valorados adecuadamente.

Todos somos débiles, estamos heridos, somos pecadores y nos sentimos ofendidos fácilmente. En nuestros matrimonios, familias, iglesias, amistades y lugares de trabajo, no podemos prometer que no vamos a decepcionarnos unos a otros y, todavía peor, que no vamos a ofendernos. Pero podemos prometer que no vamos a abandonar, ni nos vamos a escapar, a causa de la decepción o de la ofensa.
Eso es todo lo que podemos prometer – ¡y con eso basta!
etiquetas : fidelidad,
7 comentarios

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Comentarios
Es muy difícil hablar de sí mismo, de la propia experiencia, de aquello que toca la esfera más íntima: nuestra fe o nuestra espiritualidad. Lo hago en respuesta a cuanto escribe aquí Ronald R. Soy sacerdote desde hace 25 años; consagrado desde hace casi 30. No sé por qué a pesar de tantas crisis y momentos de oscuridad estoy todavía aquí. Quizá porque he entendido que no es mi fidelidad la que cuenta, sino la de Dios. En este mundo de lo provisorio, de las respuestas a medias, el testimonio de mis propios padres, de colegas consagrados y de tanta gente fiel hasta las últimas consecuencias, me han permitido conocer a fondo la fidelidad de Dios. Que María, la discípula más fiel de Jesús, interceda y ayude a cuantos, desanimados o confundidos se siente tentados a dejar el cam ... » ver comentario
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Jorge Garcia, comboniano Jorge Garcia, comboniano
el 23/2/09
Pienso que si una persona hiere a otra conscientemente, no la quiere y por ello no hay relación. Hemos de ser fieles a lo que tenemos con Amor de Dios...podemos herir sin querer y entonces el perdón actúa en esa relación con gran mesericordia de Dios...si es conscientemente, también hay perdón, pero la relación se distancia...
Nadie puede querer herir a quien más ama...
Así lo siento...Un abrazo...
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C. F. D. D. C. F. D. D.
el 23/2/09
asi es,el permanece fiel,lo mismo tengo que hacer
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abba abba
el 24/2/09
llegar a fiel como fue maria . es un DON. SOLO ELLA NOS PUEDE ENSEÑAR A SERLO
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CARMEN CARMEN
el 27/2/09
SI, FIEL EN LAS DURAS Y EN LAS MADURAS. EL SEÑOR NOS ANIME Y REANIME A PERMANECER PARA SER Y SEGUIR SIENDO.
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JUAN ESTEBAN CUELLAR JUAN ESTEBAN CUELLAR
el 27/2/09
Ser fiel necesita un gran desprendimiento y un gran sacrificio.Se requiere asignar un valor mayor a todo aquello que hemos decidido emprender sea una relacion de pareja,una familia,un empleo,una religion para evitar que cualquier desencuentro posibilite una ruptura total de todo.Pero pienso tambien que la fidelidad en estas circunstancias trasciende el plano individual, esperar a que no estemos para afirmar que fuimos fieles como el anciano realmente me parece que no resuelve nada en el plano de las relasiones humanas.Nuestra fidelidad nos dice que hacemos lo correcto pero creo que aun es insuficiente.
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Arturo Arturo
el 27/2/09
que articulo tan gratificante, tener fe, fedilidad nos anima a no abandonar nunca nuestros proyectos, tener fe es amar como amo cristo, tenr fe es ayudar al otro al cambio, tener fe es llevar esperanza.
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Karangel Karangel
el 19/3/09
Por favor escriba las letras como se muestran.

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Jn 17,11b-19. Que sean uno, como nosotros.

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