Todos sabemos que la Navidad se caracteriza en muchos países
industrializados y grandes ciudades de países
subdesarrollados por el consumismo exagerado, pero en la
práctica seguimos sus dictámenes. Un consumismo
exagerado y vulgar que nada tiene que ver con los verdaderos valores de solidaridad, paz, compasión y amor que nos trajo el
niño Jesús de Belén que nació pobre.El mercado con su dictadura del consumismo senos impone, nos manipula sutilmente de manera bella y deseable para vender y vender, a través de sus tentáculos de las agencias de publicitarias. Nos lava el cerebro, nos satura los sentidos, haciéndonos creer que lo más importante es comprar, comprar cosas que frecuentemente son innecesarias y superficiales. Nos engaña haciéndonos sentir que somos libres, cuando en realidad en lo más profundo de nuestro ser, somos en cierto modo esclavos del consumismo. La dictadura del consumismo con su poder reprime nuestras almas, corazones, mentes y margina o censura a cualquiera que se oponga a su rico negocio, se nos
considera comunistas, exagerados de hablar de la dictadura del
consumismo o de "agua fiestas". El logro de la dictadura del consumismo es: Compro y luego existo.

Por otro lado, no son pocos los cristianos que participan en los
servicios religiosos de Navidad por costumbre o tradición,
no motivados a reflexionar en los rostros de Cristo en los pobres de
hoy como los millones de niños víctimas del SIDA,
desamparados, deambulantes, huérfanos, discapacitados,
hambrientos, enfermos, pobres y marginados. Mujeres embarazadas huyendo de las guerras, deportadas por ser inmigrantes, abusadas o explotadas o sufriendo por sus hijos que tal vez estén en las drogas, presos o alcohólicos por ejemplo. Estas realidades
generalmente no son presentadas oficialmente en los servicios
religiosos navideños, por ser consideradas erróneamente poco espirituales. Ni mucho menos se denuncia
la dictadura del consumismo culpable en gran parte de muchos de
nuestros males psicológicos y socio-económicos.
La predicación y valores de la dictadura del consumismo son:
vales cuanto tienes, las cosas valen mas que las personas, las
apariencias son las que mandan, la alegría reside en
consumir a cualquier precio, gastar y gastar, decorar y hacer fiestas abundantes, tienes que regalar a todo el mundo; aunque meses
después estemos con las deudas hasta el cuello. Se nos
destruye lo humano-divino que todos poseemos. Se nos coisifica. El
mercado es la salvación. El materialismo vulgar, las fiestas
y decoraciones jamás podrán llenarnos nuestro
interior, hacernos mejores seres humanos y mucho menos hacernos
felices. Desde una perspectiva cristiana, sólo los grandes
valores que Jesús de Nazaret que vivió y
predicó desde su nacimiento de desprendimiento, paz,
solidaridad, empatía, sinceridad, respeto, justicia y amor,
son los que nos otorgan fundamento, sentido, dirección y
felicidad verdadera a nuestras vidas como personas y al mundo. No los valores de la dictadura del consumismo al que se nos acostumbrado y practicamos todos conciente o inconcientemente.