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La colecta también es Eucaristía

José María Vegas cmf -
\"\"Al comienzo de este año académico y coincidiendo con la recta final del año de la Eucaristía, el arzobispo de Moscú me encargó organizar junto con el decano de nuestra región diocesana un pequeño congreso o conferencia sobre la eucaristía, que celebramos efectivamente a finales de septiembre. En una de las conferencias, muy centrada en las normas litúrgicas y los (pretendidos) abusos que se comenten en la celebración eucarística, el ponente mencionó como ejemplo negativo las numerosas infracciones litúrgicas que había visto en Alemania, durante la celebración de la reciente Jornada mundial de la juventud. Muchas de ellas las conozco bien, pues durante muchos años he trabajado en verano en parroquias de Alemania y Austria. Algunas de las infracciones mencionadas eran que los domingos no se lee la segunda lectura (una decisión de las Conferencias Episcopales y, por tanto, creo, legítima), y que en vez del gloria, el credo y el santo se cantaban otras canciones (muchas de ellas de 400 años de antigüedad y que son versiones cantadas de esos himnos litúrgicos), etc., etc.

Esta intervención y estas críticas me sugirieron inmediatamente una réplica crítica que, sin embargo, me abstuve de expresar en el turno de preguntas (lo mío hubiera sido más bien una respuesta a esas críticas). Purgo ahora mi pequeña pusilanimidad (es fácil imaginar quién era el ponente en cuestión) escribiendo estas pocas líneas.

La primera parte de mi réplica hubiera consistido sencillamente en que no hace falta irse hasta Alemania para encontrar infracciones litúrgicas. En nuestra propia iglesia católica rusa las tenemos en abundancia, cuando se añaden sin cuento saludos al inicio y agradecimientos, avisos, recordaciones y un largo etcétera al final (entre la oración conclusiva y la bendición). Si la celebración eucarística es con motivo de algún evento de relieve, entonces apaga y vámonos. En los nueve añitos que he cumplido en Rusia, el record lo tengo en la Eucaristía de la consagración de la Catedral de Irkutsk, en la que entre la oración conclusiva y la bendición final pasaron tres horas de reloj. También he rezado varias veces algún misterio del rosario dentro de la misa, naturalmente de rodillas y un par de veces con el obispo de celebrante principal. Por no hablar de la infracción avalada, por desgracia, por la Congregación de ritos, que supone, no ya rezar el rosario (en octubre) o la letanía lauretana (en mayo) ante el Santísimo, sino el hecho de que se hace la exposición precisamente para rezar esas venerables (y esto lo digo en serio) devociones.

La segunda parte de mi réplica hubiera sido de más calado y es la que quiero subrayar en sentido positivo. La Eucaristía es acción de gracias. Y la crítica de nuestro ponente no se caracterizaba precisamente por una actitud agradecido a la Iglesia que más hace por sostener económicamente a la Iglesia católica en Rusia y en el Este europeo (y en tantas otras zonas del mundo). No se puede morder la mano del que te alimenta. Sobre todo teniendo en cuenta que el dinero que se nos envía generosamente por medio de organizaciones como Renovabis y Kirche in Not (Ayuda a la Iglesia Necesitada)  se recoge sobre todo en colectas realizadas en la Eucaristía y donde los cristianos de a pie literalmente “echan el resto”. Otra buena parte de ese dinero procede del denostado (en mi opinión injustamente) y mal llamado “impuesto religioso” que financia a la Iglesia en Alemania.

El ofertorio es una parte de la Eucaristía de extraordinaria importancia, pues en él los cristianos cooperan al sostenimiento de su propia Iglesia y se hacen solidarios con las necesidades de muchos otros cristianos en otras partes del mundo, de los pobres y necesitados, etc. Para un cristiano la espiritualidad no puede no encarnarse, y encarnarse significa también hacerse economía. Un buen termómetro de la verdadera espiritualidad es la cartera. Puede ser que los alemanes anden algo anémicos en algunos aspectos de la vida cristiana, pero a juzgar por su capacidad de ayuda a los necesitados, hay que reconocer que gozan de buena salud. Otros hay que se comen los santos pero no sueltan la mosca.

Nosotros, los claretianos de San Petersburgo y Murmansk sabemos lo que es vivir de la ayuda fraterna de nuestros hermanos, del esfuerzo económico de otros. Sentimos en carne propia el ofertorio eucarístico de nuestros hermanos de España, que nos sostienen por medio de la Procura. ¡Muchas gracias! Pero hoy quisiera recordar también con agradecimiento a la Iglesia alemana que tanto se distingue en este sentido.

Precisamente a primeros de septiembre, del 1 al 3, participé en Freising (sede episcopal y lugar de ordenación de Benedicto XVI), junto a Munich y donde se encuentra la sede de Renovabis en el encuentro que esta organización celebra cada año desde hace nueve. Era el segundo año que me invitaban en calidad de Prefecto de estudios del Seminario, y este año me decidí a ir.

El tema del Congreso ha sido de gran interés: “Transformaciones sociales en Europa central y oriental”. Renovabis no se limita a recoger dinero, enviarlo a las iglesias (católica y ortodoxa) del este y pedir cuentas de lo enviado. Existe un interés activo y positivo, se siguen con detalle los cambios sociales, económicos y políticos, se mira con atención y estudio la realidad compleja y muy diversificada de estos países.

Este interés se percibe, en primer lugar, en el nivel de las intervenciones del Congreso, que permiten analizar causas y efectos de los procesos sociales que se van dando en esos países. Los grandes medios de comunicación parece que hace tiempo que perdieron su interés por lo que pasa en el Este. Cayó el muro, cambiaron los regímenes, con más o menos dificultad se adaptaron estos países a la nueva situación y... nos olvidamos de ellos. Algún recuerdo aislado si alguno ingresa en la Unión Europea o para recordar lo lejos o cerca que otros se encuentran de esa integración. La Iglesia católica alemana, por medio de Renovabis (y Kirche in Not) mantiene la atención despierta y mantiene las manos tendidas. Como algunos de los países objeto de ayuda se han integrado ya en la Unión Europea, el análisis de la situación se hace especialmente interesante, pues se ve a la Comunidad Europea desde una óptica completamente distinta.

En segundo lugar, es de resaltar el clima de cordialidad que se respira en estos congresos. Los alemanes tiene fama de bien organizados, pero también de fríos. Lo cierto es que la verdad de la buena organización no ahoga la calidez de la acogida. No sólo en Renovabis, cualquiera que haya pasado por nuestra provincia claretiana de Alemania habrá tenido oportunidad de percibir esta cordialidad fraterna. El Congreso que comento también se ha distinguido por este clima acogedor, en donde uno podía sentirse enseguida como en casa.

Finalmente, un elemento muy positivo es que se ha dado mucho espacio y tiempo a las voces del mismo Este europeo. Esto significa que Renovabis ayuda y escucha. Ponentes de los países del Este y también de Iglesias orientales (ortodoxa, armenia, etc.) han tenido la oportunidad de exponer su propio punto de vista.

En suma, ha sido un Congreso eucarístico, no por el tema, sino por el espíritu, por la orientación, en una palabra, por el ofertorio.
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