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La carta que escribiría hoy San Pablo a la Vida Consagrada

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Esta carta (recreación) ha sido elaborada por los profesores del Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid y enriquecida con las aportaciones de los participantes en la 38ª Semana Nacional para institutos de vida consagrada celebrada recientemente en madrid. Aunque pronto será publicada (Publicaciones Claretianas) junto con las ricas reflexiones y ponencias de la semana, como viene siendo habitual, por su interés, la reproducimos al completo.

PRESCRIPTO

Pablo, elegido por designio de Dios para ser apóstol de Cristo Jesús,  a los hermanos y hermanas pertenecientes a la vida consagrada, esparcidos por todo el planeta.
A todos vosotros que, consagrados por Cristo Jesús, habéis sido elegidos por Dios para ser santos.

Que Dios, nuestro Padre, y Jesucristo, el Señor, os concedan gracia y paz (1 Cor 1,1-2).

PROEMIO

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros. Siempre, cuando oro por todos vosotros, lo hago con sumo gozo, porque habéis colaborado en el anuncio del Evangelio desde el primer día hasta hoy. Estoy persuadido de que aquel que inició en vosotros la buena obra la llevará a feliz término el día en el que se manifieste Cristo Jesús. Esta es mi oración: que vuestro amor crezca más y más en el conocimiento y pleno discernimiento: así podréis elegir lo mejor y permaneceréis incólumes e irreprochables cuando Cristo se manifieste, y seáis colmados de frutos de la salvación otorgada por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios (Flp. 1,3-11).

EXPOSICIÓN BÁSICA

La vocación

Mirad, hermanas y hermanos, quiénes habéis sido llamados:
 no a muchos sabios según el mundo, ni a muchos poderosos, ni a muchos aristócratas;
 al contrario, Dios eligió lo necio según el mundo, para humillar a los sabios; lo débil del mundo, para confundir a los fuertes; lo plebeyo según el mundo, lo despreciado, lo que es nada lo eligió Dios, para anular a lo que existe. De este modo, ningún mortal podrá gloriarse ante Dios.
 Gracias a él sois en Cristo Jesús, convertido para vosotros en sabiduría divina, salvación, santificación y redención. Así que, como dice la Escritura, el que se enorgullezca que esté orgulloso en el Señor (1 Cor 1,26-31).

El Espíritu –el amor de Dios en nuestra vida

Vuestra justicia os viene de la fe y gracias al Señor Jesucristo os mantenéis en paz con Dios. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo que se nos ha dado […] La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores […]¡con cuánta más razón, ya reconciliados, seremos salvados mediante su vida! (Rm 5,1-10). El Espíritu de Dios habita en vosotros […]Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros. Hermanos míos, hermanas mías, […] si con la ayuda del Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Mirad, no recibisteis un Espíritu que os convierta en esclavos, para incurrir en el miedo. Habéis recibido un Espíritu que os convierte en hijos y nos permite exclamar: ¡Abba! ¡Padre. Ese mismo Espíritu es el que, unido a nuestro espíritu, atestigua que somos hijos de Dios (Rm 8,9-16). Vivid según el Espíritu […] Dejáos guiar por Él […] El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí. Procedamos según el Espíritu. No seamos vanidosos, provocándonos y envidiándonos unos a otros (Gal 5,16-21)

Los cuerpos y el Cuerpo

Por el entrañable amor de Dios os pido, hermanas y hermanos, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios. Este ha de ser vuestro auténtico culto. No os amoldéis al mundo presente; al contrario, dejaos transformar, renovad vuestro interior, de modo que podáis discernir lo que Dios quiere: lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto (Rm 12,1-3).

Así como nuestro cuerpo tiene muchos miembros, y no todos tienen la misma función, del mismo modo nosotros: aun siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo en este cuerpo cada uno es un miembro al servicio de los demás. Tenemos dones diferentes, según la gracia dada a cada uno: el tenga en don de la profecía, ejercítelo sin apartarse de la fe; el que sirve, entréguese al servicio; el docente, a la enseñanza; el que exhorta, dedíquese a exhortar; el ecónomo atienda a los hermanos y a los necesitados con generosidad; el que preside, presida sea atento y soícito con todos; el que practica la misericordia, hágalo con alegría.

Perfecta libertas!

Para que seamos libres Cristo nos ha liberado. Manteneos firmes y no os dejéis oprimir nuevamente (Gal 5,1). Hermanos y hermanas, habéis sido llamados a disfrutar de libertad. ¡No toméis esa libertad como pretexto para vuestros apetitos desordenados! Al contrario, servíos con amor unos a otros. Toda la ley se cumple, si se cumple este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. (Gal 5,13-15). Ninguno de nosotros vive ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, para el Señor morimos. Vivamos o muramos, somos del Señor. Para eso murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos (Rm 14,7-9).

Estoy crucificado con Cristo; ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Mi vida en este mundo consiste en creer en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gal 2,16-21). Quiero conocer a Cristo, experimentar el poder de su resurrección, compartir sus padecimientos y conformar mi muerte con la suya. Espero así participar de la resurrección de entre los muertos (Flp. 3,9-11).

Todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Todos los que, por el bautismo, celebráis vuestra alianza con Él, os habéis revestido de Cristo. De modo que ya no hay americano ni africano, europeo, asiático u oceánico; ya no hay superiores ni súbditos; hombre o mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendientes de Abrahán y herederos según la promesa (cf. Gal 3,24-29). No somos hijos de la esclava, sino de la libre (Gal 4,31).

Perfecta caritas!

No hagáis de vuestro amor una comedia. Aborreced el mal y abrazaos al bien. Amaos de corazón unos a otros como hermanos y rivalizad en la estima mutua. Si se trata de esforzaros, no seáis perezosos; manteneos espiritualmente fervientes y prestos para el servicio del Señor. Vivid alegres por la esperanza, animosos en la tribulación y perseverantes en la oración. Solidarizaos con las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen y no maldigáis jamás. Alegraos con los que están alegres y llorad con los que lloran. Vivid en plena armonía unos con otros y no seáis altivos, antes bien, poneos al nivel de los humildes. No presumáis de inteligentes. A nadie devolváis mal por mal. Esforzaos en hacer el bien ante cualquiera. Haced lo posible, en cuanto de vosotros dependa, por vivir en paz con todos […] Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber […] No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal a fuerza de bien (Rm 12,9-21).

La misión

Hermanas y hermanos míos muy queridos, manteneos firmes e inamovibles; trabajad constantemente en la obra del Señor, sabiendo que vuestra fatiga no será vana en el Señor (1 Cor 15,58). Velad, permaneced firmes en la fe. Cuanto hagáis, hacedlo por amor (1 Cor 16,13-14).

Anunciar el evangelio no es para mí un motivo de orgullo; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no lo anuncio! Si lo hiciera por propia iniciativa, merecería una recompensa; pero si lo hago por obligación, como un oficio que se me ha confiado, ¿dónde está mi recompensa? Está en el hecho de anunciar gratuitamente el evangelio, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio (1 Cor. 9,16-19). Únicamente os pido que llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. Unidos en un mismo espíritu, luchando todos a una por fidelidad al Evangelio. No os dejéis, pues, intimidar por los enemigos; Dios ha dispuesto que lo que para ellos es señal de perdición, sea para vosotros señal de salvación. A vosotros, en efecto, se os ha concedido la gracia, no sólo de creer en Cristo, sino también de padecer por él, sosteniendo el mismo combate en el que me visteis y que, como sabéis, continúo sosteniendo. (Flp 1,27-30).

En presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de juzgar a vivos y a muertos cuando se manifieste como rey, os suplico encarecidamente que proclaméis el evangelio, tanto si parece oportuno como si no parece (2 Tim. 4,-2), porque ¿cómo van a invocar a aquél en quien no creen? ¿Y cómo van a creer en aquel del que no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar de él, si nadie es enviado? Por eso dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias! (Rm 10,14-18).

EXHORTACIONES SOBRE ALGUNAS CUESTIONES

Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el nombre de Jesús, el Señor, a que pongáis en práctica lo que aprendisteis de nosotros en lo que al comportaros y agradar a Dios se refiere, para que progreséis más y más en la vida. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte de Jesús, el Señor.

Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación (1 Tes 4,1-3):

 Por lo cual, queridos míos, huid de la idolatría […] No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis comer de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él? (1 Cor 10,14.21-22) [Fidelidad a la alianza].
 Orad constantemente. Dad gracias en toda circunstancia, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos (1 Tes 5,17-18).
 En cuanto a las personas solteras, no he recibido ninguna norma del Señor. Os ofrezco, sin embargo, el consejo del que, por la misericordia de Dios es digno de crédito. […] Os digo, hermanos y hermanas, que el tiempo se acaba […] y que la apariencia del mundo está a punto de acabar. Quisiera ahorraros preocupaciones. El soltero se preocupa de las cosas del Señor, y de cómo agradar a Dios. […] Igualmente, la mujer no casada y la soltera se preocupa de las cosas del Señor, consagrándose a él en cuerpo y alma. […] Si os digo esto, es para vuestro bien. ¡Lejos de mí pretender tenderos lazo alguno! Sólo quiero que os dediquéis al Señor de manera digna, asidua y sin estorbos (1 Cor 7,25.29.31- [Celibato – virginidad]
 Os pedimos, hermanos y hermanas, que tengáis en consideración a los que trabajan entre vosotros y os presiden y amonestan en el nombre del Señor. Estimadlos y amadlos de manera especial como merece su tarea, y que la paz reine entre vosotros (1 Tes 5,12-13). El discípulo debe compartir todos sus bienes con el que le instruye en la Palabra (Gal 6,6) [Obediencia]
 Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza […] No se trata de que, para alimentar a otros, vosotros paséis estrecheces; se trata de un criterio de equidad: que en este momento vuestra abundancia remedie su pobreza, para que su abundancia remedie en su día vuestra pobreza (2 Cor. 8,9.13-14) [Pobreza]
 También os rogamos, hermanos y hermanas, que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos (1 Tes 5,14-15). Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los animados por el Espíritu corregidlo con amabilidad. Y manteneos sobre aviso, porque nadie está libre de ser puesto a prueba. Ayudaos mutuamente a soportar las dificultades, y así cumpliréis la ley de Cristo (Gal 6,9) [Corrección fraterna].
 Vivid alegres en el Señor. Os lo repito: vivid alegres. Que todo el mundo os reconozca por vuestra bondad. El Señor está cerca. Nada debe angustiaros; al contrario, en cualquier situación, presentad a Dios vuestros deseos orando, suplicando y dando gracias. Y la paz de Dios, que desborda toda inteligencia, guardará vuestros corazones y pensamientos por medio de Cristo Jesús (Flp 4,4-7). ¡Estad siempre alegres! (1 Tes 5,16). No nos cansemos de hacer el bien, ya que, si no desfallecemos, a su tiempo recogeremos la cosecha (Gal 6,9) [bondad y alegría]
 No apaguéis la fuerza del Espíritu, ni menospreciéis los dones proféticos. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Apartaos de todo tipo de mal (1 Tes 5,19-22) [Discernimiento]
 Si alguno presume de mantenerse firme, esté alerta, no sea que caiga. Hasta ahora, ninguna prueba habéis tenido que rebose lo soportable. Dios es fiel y no permitirá que seáis puestos a prueba más allá de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba, os proporcionará fuerzas suficientes para soportarla (1 Cor 10,12-13) [Vigilancia ante las tentaciones]
 Así pues, cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por lo mismo, quien come del pan o bebe de la copa del Señor indignamente se hace culpable de profanar el cuerpo y la sangre del Señor. Examínese, pues, cada uno antes de comer del pan y beber de la copa, porque quien come y bebe sin advertir de qué cuerpo se trata, come y bebe su propio castigo (1 Cor 11,26-28) [La cena del Señor].

INVOCACIÓN CONCLUSIVA

Que el Señor os llene a rebosar de un amor mutuo y para con todos tan grande como el que nosotros sentimos por vosotros (1 Tes 3,12). Que el Dios de la paz os conceda vivir totalmente consagrados a él, de modo que todo vuestro ser –espíritu, alma y cuerpo– permanezca sin mancha para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá su palabra (1 Tes 5,23-24)

CONCLUSIÓN

Hermanos y hermanas, orad también por nosotros. Saludad a todos los hermanos con el beso santo. Os pido encarecidamente por el Señor que esta carta sea leída a todos los hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros (1 Tes 5,25-28).
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