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Pero seguimos. Seguimos porque tenemos un hijo que tiene que crecer; seguimos porque hace diez años que convivimos y, cuando el uno falta, el otro le echa de menos, no se siente aliviado. Seguimos porque nos reconocemos en pequeños gestos del otro y nos damos cuenta que estamos creciendo gracias al otro. Porque nos complementamos hasta en nuestras pequeñas infidelidades mentales. Porque nos llenamos a nosotros mismos de nuestro mundo y si no tuviéramos esa puerta abierta para el mundo del otro nos volveríamos locos egocéntricos que no son capaces de regalar nada y, por tanto, de recibir nada. La puerta está abierta para que por ella salgan y entren pequeñas parcelas de otros mundos que nos enriquecen. Mantenemos nuestra fidelidad conyugal porque al otro debemos, al menos una parte, lo que ahora somos. Y eso no lo vamos a ir regalando como si nos perteneciera por entero. Eso, es de los dos.
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Iris Gricel Arjona Mújica
Feria
Jn 17,11b-19. Que sean uno, como nosotros.
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