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Jueves de Pascua (28 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

 

-«PAZ A VOSOTROS»

La paz es uno de los deseos más universales del corazón humano, pero a su vez la paz exige el trabajo artesano de construirla.

Las personas de paz, los que trabajan por la paz “serán llamados hijos de Dios” (Lc 5,9).

Cuando vino Jesús al mundo, los ángeles cantaron: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres a los que Dios ama tanto!”

Jesús, antes de morir les dijo a los apóstoles en uno de los momentos más solemnes: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27).

El primer saludo del Resucitado a los suyos, como si fuera contraseña de identificación, es: “Paz a vosotros”. Era el saludo que el mismo Jesús les enseñó a los discípulos cuando los envió a predicar: “En la casa en que entréis, decid primero: "Paz a esta casa." Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros” (Lc 10, 5).

La paz es uno de los dones del Espíritu Santo, que de manera especial se recibe a través del perdón de Dios. Cuando se participa en algún sacramento, el saludo de Jesús resucitado se convierte en misión: “Podéis ir en paz”. “Vete en paz”. 

DISCERNIMIENTO

El deseo de paz del Resucitado necesita el corazón receptivo. La paz no se impone, se acoge, se recibe, es fruto de la limpieza de corazón y señal de estar en Dios. Dichosos los pacíficos.  Dios es Dios de paz y no de aflicción. “Dios no es un Dios de confusión, sino de paz” (1 Cor 14,33). Los maestros espirituales apelan a la paz de corazón para saber si nuestras obras están hechas según Dios. ¿Tienes paz? ¿Eres pacífico? ¿Trabajas por la paz?

TESTIMONIO

Los primeros cristianos daban testimonio de paz: “Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo” (Act 9, 31). Una señal objetivadora de nuestra vida cristiana es la convivencia fraterna, la comunión eclesial. Se hace muy difícil demostrar que uno tiene verdad si, por defenderla, rompe la comunión y la paz con su casa o su comunidad, con la Iglesia. La comunión y la paz son el límite que no se debe traspasar.

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