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Jueves de la Cuarta Semana de Cuaresma (7 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

 

(Ex 32, 7-14; Sal 105; Jn 5, 31-47)

TEXTO PARA MEDITAR

“-«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»

Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: -«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo.”

REFLEXIÓN

Con frecuencia encontramos en los textos sagrados descripciones de Dios con rasgos y comportamiento semejantes a los humanos. Hoy el texto relata cómo Dios se enfada, se enciende su ira, se arrepiente de haber escogido a Israel como pueblo predilecto. Pero también es sensible a la oración de intercesión, que llega a cambiar su  voluntad divina; así, la decisión airada se torna perdón y misericordia, como fruto de la súplica que ha elevado Moisés en favor del pueblo. “Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a Él, para apartar su cólera del exterminio”.

Si es verdad que no podemos manipular a Dios, ni pensar que Él reacciona de la misma manera que nosotros, también es verdad que Él ha revelado la fuerza que tiene la oración y que escucha el grito de auxilio, cuando el creyente recurre a la bondad divina, a su poder entrañable. Y si la súplica de Moisés fue eficaz, ¿cómo no va a ser eficaz la oración de Cristo? El mismo Jesús le comunica a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”.

Ante la Palabra que hoy se proclama, podemos recibir la llamada de atención por nuestras posibles idolatrías, o sumarnos a la oración de Moisés y de Jesucristo por los que padecen por cualquier necesidad.

ORACIÓN

Señor Jesús, no permitas que seamos como aquellos que nunca escuchan tu voz, ni buscan tu rostro por falta de fe en tu palabra. Líbranos de pretender dominar las Sagradas Escrituras, pensando encontrar en ellas argumentos que nos aparten de Ti. Por el contrario: que al recibir el testimonio que dan los libros santos, no deseemos otra cosa que tu voluntad, para que se cumpla en nosotros el querer de Dios, ser habitados por su amor entrañable.

PROPUESTA

Dar fe a la Palabra de Dios.

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