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José Sánchez: "la inmigración es una oportunidad que enriquece, nos hace crecer y ser mejores"

Ecclesia Digital -

Esta tarde han comenzado en Zamora las IX Jornadas Diocesanas, dedicadas a la inmigración. La primera ponencia ha estado a cargo de José Sánchez, obispo de Sigüenza-Guadalajara y presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones.

 
En la tarde de hoy ha acudido a Zamora el obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez González, que es también presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española y un gran experto en el tema, y que pronunció la ponencia inaugural de las IX Jornadas Diocesanas, con el título “Las migraciones en España hoy”.
Cerca de 150 personas se congregaron en el salón de actos del Colegio Universitario para escuchar la conferencia. El acto se inauguró con una oración a cargo del organizador de las Jornadas, el vicario de pastoral Fernando Toribio. Después, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, tuvo las palabras iniciales de saludo e introducción, y presentó al ponente.
 
El prelado zamorano recordó que “el tema de las Jornadas de este año es a propósito del objetivo diocesano que nos hemos marcado: el ejercicio de la caridad en la vida de la Iglesia”. Y afirmó que la inmigración, como tal, “no es un tema todavía acuciante para nosotros, pero sí preocupante. Si camináis por nuestras calles, como lo hago yo, veréis cada vez más a hermanos nuestros que han venido de otros países”. Por eso, subrayó, “es un tema que nos viene bien tocarlo y reflexionarlo”.
 
José Sánchez comenzó su intervención adelantando las dos ideas claves del discurso: la primera, que “la inmigración nos cuestiona y nos interpela a todos”. La segunda idea: “hemos de verla no en primer lugar como un mal ni como un fracaso, ¡nunca! Es una oportunidad, o en términos religiosos, es una gracia. Si sabemos responder, nuestra sociedad no sólo no empeorará, sino que mejorará”.
 
Y ofreció unas cifras sobre el momento actual, en una comparativa histórica. En 1981 había 198.042 extranjeros en España, y había unos dos millones de españoles en Europa. En 1996 había poco más de medio millón de extranjeros, y en 2000 esta cifra se duplicó, llegando a cerca de un millón. “El fenómeno de la inmigración en España es, por tanto, de esta década. Es cuando ha tenido una evolución impensable, porque de 2000 a 2004 la inmigración se multiplicó por tres. A finales de 2010 teníamos ya más de cinco millones de extranjeros en nuestro país”, señaló.
 
Notas de la inmigración en España
 
La inmigración es numerosísima, y en diez años se ha multiplicado por cinco: de un millón a algo más de cinco millones. Por eso, afirmó José Sánchez, “esto tendría que haber provocado una convulsión social, y no lo ha hecho, lo que da una idea de nuestra capacidad de acogida sin conflicto. No somos una sociedad xenófoba, aunque haya entre nosotros brotes de xenofobia”.
 
Otra nota a destacar, para el ponente, es la pluralidad. “¿Qué servicios se montan de repente para una población procedente de 150 países? No es nada fácil. Por ejemplo, ahora surge la cuestión de cómo ayudar a los ortodoxos, también en cuanto al culto, y hay que cambiar muchas cosas, y sobre todo la mentalidad”. También destacó una tendencia a la feminización, “porque hay más posibilidades de encontrar trabajo para una mujer”. Y una nota más de la inmigración en la España actual es la precariedad, ya que “las consecuencias de la crisis las está sufriendo la parte más débil, y ahí están los inmigrantes”.
 
“¿Será una emigración de ida y vuelta?”, se preguntó el ponente. “Hoy nadie duda de que la inmigración implica más movilidad que antes, y muchos pueden regresar a su país con facilidad”, aclaró. Por otra parte, “las características de nuestra demografía nos dicen que va para largo, ya que si no hay niños, ¿quién va a trabajar para mantener el sistema de pensiones? O nacen más niños, o tendrán que venir personas de otros lugares con demografía superabundante y poco trabajo. Este movimiento es inevitable, y tenemos que acostumbrarnos a esta realidad para un tiempo largo”.
 
La acción de la Iglesia ante la inmigración
 
Según José Sánchez, “las migraciones, al igual que los medios de comunicación social, están determinando nuestra sociedad. Son los fenómenos sociales que están marcando la sociedad actual, que es la sociedad de las comunicaciones y de la movilidad”. Y aprovechó para comentar las áreas que aborda la Comisión Episcopal que preside: las gentes del mar, el mundo de los transportes, los gitanos que no se han asentado, el mundo de los circos y las ferias, la pastoral del tráfico y de la seguridad vial...
 
Se refirió a la inmigración como un fenómeno tan antiguo como la humanidad, y citó varias figuras del Antiguo Testamento, y también al mismo Jesús, “que era un predicador ambulante, y que nació fuera de casa. De hecho, apenas empieza a existir la Iglesia, crece en la diáspora”.
 
A raíz de la revolución industrial se empezó a contemplar la inmigración como tal, con el fenómeno del éxodo rural y la masa proletaria depauperada. Ahí es donde nacen las congregaciones dedicadas a la atención y educación de la juventud. Se responde con estas instituciones y con la elaboración de la Doctrina Social de la Iglesia. “Y nace más tarde la respuesta al trabajador que viene de fuera, al principio con la atención a la gente de ultramar, acompañando a las familias enteras que atravesaban el océano buscando una vida mejor. La Iglesia respondió con una pastoral fundamentalmente orientada a la familia”.
 
Un paso importante a nivel de conciencia eclesial fue el Concilio Vaticano II, cuando se trasladó el peso otorgado en este tema de la Santa Sede a las diócesis y a los obispos. El Concilio afirmó que aquellas personas que por su procedencia diversa no pueden ser atendidas dignamente por las instituciones eclesiales tradicionales, hay que crear un servicio diocesano que los atienda.
 
Por eso en la actualidad la Iglesia procura “la atención a la persona dondequiera que esté, moviéndose hacia ella. Los documentos nos hablan de la atención pastoral. ¿Y qué hacemos con los no creyentes o los de otra religión? Eso no es pastoral. Ante este mundo tan plural con el que nos encontramos, la Iglesia también a los no católicos y a los no cristianos, les tiene que prestar un servicio, que responde a la caridad de Cristo”. Y ésta es la clave para el obispo seguntino: “no sólo acompañar a las familia, y no sólo la atención pastoral -estrictamente religiosa-, sino plantear cómo la Iglesia puede manifestarse como la portadora y testigo del amor cristiano para todo el que llega”.
 
Visto así, dijo José Sánchez, “a ver quién puede decir ‘a mí no me toca’. Porque la caridad de Cristo tiene que ver con todo el mundo. Ahora le toca a la parroquia, que recibe a esta gente, y por eso tiene que ser misionera, ecuménica, dialogante. Ahora no son sólo nuestros misioneros los que tienen que atenderlos allí, sino también nosotros aquí, porque han venido y están aquí”. En cuanto a la tarea de la Administración estatal, según el prelado no valen “ni ‘papeles para todos’ ni cerrar las puertas. Hay que regular la inmigración, porque si no se hace, las primeras víctimas van a ser los inmigrantes, van a ser víctimas de abusos”.
 
Una verdadera oportunidad
 
La inmigración, vista así, “para nosotros es una oportunidad. Nos enriquece, nos hace crecer y ser mejores. Es una gracia, un regalo de Dios, un kairós”. De hecho, a nivel eclesial, los inmigrantes que vienen “son una oportunidad para la catolicidad, para el fortalecimiento de nuestras comunidades y el rejuvenecimiento de nuestras parroquias, para ejercer el diálogo ecuménico e interreligioso, para hacer una buena pastoral caritativa y social”. Entre otras cosas, refiriéndose al innegable diálogo intercultural que implica el fenómeno de la inmigración, José Sánchez afirmó que “ojalá haya un mayor trasiego de conocimiento con ese mundo inmenso que es el islam, y que ahora está tan cerrado, con riesgo de caer en el fanatismo”.
 
La inmigración “también nos puede ayudar a crecer en sensibilidad ante el sufrimiento de las personas, a cuidar más la atención a los reclusos extranjeros, a anunciar con obras y palabras el Evangelio de Jesucristo con otras claves y con otros métodos, porque los destinatarios son diversos”. También ha de ser una oportunidad “para una pastoral rica en estilos, no monolítica, con unas celebraciones que no sean tan sosas, porque ellos reclaman un clima festivo. No podemos seguir con nuestros esquemas rígidos de siempre”.
 
Para el ponente, la inmigración ha de ser, siempre, “una oportunidad para la Iglesia samaritana. Con los inmigrantes no sólo tenemos que hacer caridad, pero también tenemos que hacerla. Hay mucha precariedad, y tenemos que potenciar y transformar nuestras Cáritas para hacer frente a esta situación. Acomodar nuestras estructuras. Y no sólo con el trabajo de Cáritas, sino también anunciándoles el Evangelio y garantizando su propio culto no cristiano si lo tienen”.
 
En definitiva, para el obispo encargado de las migraciones en España, “tenemos que aprender a trabajar en colaboración. La Iglesia se siente interpelada, pero no puede hacer sola este trabajo. Tenemos que colaborar con otros servicios que también atienden a los inmigrantes: la Administración, las asociaciones de inmigrantes que tenemos que fomentar y acompañar”. Por eso terminó su ponencia llamando a “trabajar en red”.
 
Curriculum del ponente
 
Nacido en Fuenteguinaldo (provincia de Salamanca y diócesis de Ciudad Rodrigo) en 1934, hijo de campesinos. Hizo sus estudios en la escuela de su pueblo, el Seminario de Ciudad Rodrigo y la Universidad Pontificia de Salamanca, por la que es licenciado en Teología y en Derecho Canónico. Ordenado sacerdote en 1958, de 1960 a 1972 fue coadjutor y capellán de los inmigrantes españoles en varias diócesis alemanas, además de realizar los cursos de doctorado en Teología en la Universidad de Tubinga.
 
De 1972 a 1980 fue el delegado para los capellanes españoles en Alemania, con residencia en Bonn. En este tiempo participó como miembro del Sínodo de las Diócesis Alemanas de la República Federal. En 1980 fue nombrado por Juan Pablo II obispo auxiliar de Oviedo, ministerio que desempeñó hasta 1991, año en el que pasó a pastorear la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, de la que es obispo en la actualidad.
 
Desde 1980, año de su regreso a España, es miembro de la Comisión Episcopal de Migraciones, organismo de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que presidió de 1988 a 1993, y que ahora preside desde 2005. Fue Secretario General de la CEE entre 1993 y 1998. Juan Pablo II lo nombró miembro del Pontificio Consejo para las Migraciones en 1995. Y desde el año 2006 es el presidente de la Comisión “Pastoral de las Migraciones” del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa.
 
En la CEE también ha sido presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de 1999 a 2005, y ha sido miembro del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales de 1999 a 2009.
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