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Jesucristo, la novedad irreductible

Juan Carlos García Domene en Misión Joven 369 -

Jesucristo: la novedad irreductible

¿Por dónde empezar? ¿Qué contenidos deberíamos decir primero? ¿Cuáles son los ejes que vertebran el anuncio explícito y resultan ineludibles en la primera evangelización? Es lugar común desde hace unos años el afirmar que en Pastoral Misionera se debe anunciar ante todo «el kerygma», es decir, la muerte y resurrección de Jesucristo.

 

       También nosotros creemos que es así. Anunciar el kerygma es narrar y decir a Jesucristo a quien o a quienes todavía no creen o no conocen a Jesús... es contar como hizo Pedro (Hch 2 y Hch 10) aquello que el Mesías ha hecho por mí y por nosotros, decir cómo un hombre nacido de mujer se acerca a todos  como Señor y Liberador, comunicar cómo muere y resucita siendo constituido Salvador. Decirlo y mostrarlo como piedra angular de la persona y del mundo.

«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI).

El contenido del anuncio es el mismo Jesucristo que ha esperado que nuestro corazón estuviera a punto, que desde la Cruz —como prueba suprema del amor— habla y anima a quien empieza a creer. Es de nuevo una oportunidad para experimentar, mucho más que para pensar. Una ocasión de conocimiento, pero sobre todo de reconocimiento del Señorío y de la Salvación. Son las dos cuestiones clave la que ahora hay que explicitar. Pasar de un testimonio que confiesa con San Pablo «Me amó y se entregó por mí» hasta un "ten confianza porque también a ti te ama y también murió por ti y su Reino está muy cerca, entre nosotros. Si no se produce este encuentro personal, íntimo e intransferible... hay que seguir esperando y no se puede afirmar que se ha cubierto el verdadero objetivo de la misión primera.

En el primer anuncio se proclama definitivamente a Jesucristo —constituido por Dios como Señor y Salvador— para que la persona deje otros ídolos y le vuelva su mirada y su corazón en una conversión inicial sincera y auténtica dando entrada en su vida al único Señor. En ocasiones serán las parábolas o quizá sirvan los milagros, probablemente los evangelios de la infancia también ayuden para mostrar a Jesús... pero es  definitivo e imprescindible comunicar la experiencia personal de los jóvenes con la Pascua del nazareno... Las enseñanzas de Jesús —sin el misterio pascual— pueden reducirse a ideas o praxis de educación moral; los milagros sin desvelar su condición de signos del Reino de Dios pueden exaltar la trascendencia de Jesús, pero carecen de su verdadera fuerza. Descubrirlo como algo más que un maestro, un taumaturgo, un «hombre libre», un «hombre de Dios»... porque Jesús ha de ser anunciado, conocido y aceptado como Señor y  Salvador definitivo y supremo.

Este es el reto que desafía la pastoral misionera con jóvenes: un anuncio íntegro del kerygma que aguarda una adhesión plena en el corazón. En algunos itinerarios nunca se llega a este verdadero clímax, pero en otros se quiere adelantar tanto que la impaciencia del pastor impide que se aprecie el verdadero alcance del conocimiento interno de Cristo.

 Juan Carlos García Domene en MJ 369

 

 

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