icono estrella Nº de votos: 0

IX Martes del Tiempo Ordinario: San Juan de Dios

Angel Moreno -

 

(Tb 2, 9-14; Sal 111; Mc 12, 13-17)

SAN JUAN DE DIOS (1495-1550)

Ayer recordábamos a Tobías, como modelo y ejemplo de caridad y de hospitalidad. Hoy la Iglesia nos propone la figura de San Juan de Dios, fundador de la Orden Hospitalaria.

Juan Ciudad, que así se llamaba, portugués de origen, llega a España de manera incierta. Se sabe que pasa su juventud en Oropesa, donde trabajó de pastor y ante la propuesta, por parte de su patrón, de la mano de su hija por esposa, marchó y se enroló en las filas de la Invencible de Juan de Austria. Después del regreso, ante las mismas propuestas, se alistó de nuevo como soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V, en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.

Emprendedor, inquieto, se hizo librero en Granada. Allí asistió a un sermón que predicaba San Juan de Ávila, el 20 de enero, fiesta de San Sebastián. En pleno sermón, al oír al predicador, Juan se arrodilló y empezó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador", y salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

A partir de este momento cambió enteramente de vida. Lo tuvieron por loco, “loco a lo divino”. Por esta razón conoció cómo se trataba a los enfermos mentales, y por aquella experiencia tan dolorosa, propuso un modo diferente de tratar a los locos, a los que se mantenía en condiciones infrahumanas, un modo más humanizador, por amor. Revolucionó toda la terapia y fue signo para toda la sociedad de aquel momento del don del Espíritu.

En la historia de San Juan de Dios, sobresale una anécdota; se cruzó con Antón Martín, que iba dispuesto a matar a su enemigo, por venganza, y de asesino potencial lo convirtió en su más íntimo colaborador, de tal forma que fue su sucesor en la Orden Hospitalaria.

Se cuenta que un día, su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces a través de las llamas para sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas, no sufría quemaduras; así  logró salvar la vida a todos aquellos pobres.

Cuando uno lee la historia, descubre cómo en cada época han surgido hombres y mujeres, testigos del amor de Dios, que han sabido de manera creativa responder a los problemas más dramáticos y ser estímulo para otros muchos seguidores del mismo carisma. Es el caso de san Juan de Dios.

En estos momentos, la situación social, eclesial, pastoral, económica puede producirnos inquietud. Ante ella, saltan preguntas sobre la vida religiosa y la cristiana. Estoy seguro de que cuando se lea nuestro tiempo, pasados unos años, se descubrirá que también hubo santos y profetas que respondieron de manara acertada a la problemática de sus contemporáneos. Quizá nos falta sensibilidad para ver la acción del Espíritu.

Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.