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IV Viernes de Adviento, 24 de diciembre de 2010,

Angel Moreno -

2SA 7,1-5.8B-12.14ª.16; LC 1,67-79.

“En aquel tiempo Zacarías, 
el padre del niño, 
lleno del Espíritu Santo
 y hablando en profecía, dijo:
 “¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 
porque ha venido a rescatar a su pueblo! 
Nos ha enviado un poderoso salvador,
 un descendiente de David, su siervo.” (Lc 1, 67-68)

“Despiértate: Dios se ha hecho hombre por ti.
Hubieses muerto para siempre, 
si Él no hubiera nacido en el tiempo. 
Nunca te hubieses visto libre de la carne del pecado, 
si Él no hubiera aceptado la semejanza de la carne de pecado. 
Una inacabable miseria se hubiera apoderado de ti,
 si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia.”
(SAN AGUSTÍN, Sermón 185)

Si en días anteriores nos hemos invitado a reflexionar acerca de que Dios prefirió necesitar nuestra mediación, si el cántico de María nos estimuló para entonar también nosotros el Magnificat por lo que Dios ha hecho en nuestra carne débil y humillada, hoy el texto evangélico nos propone asociarnos a Zacarías y cantar con Él: “¡Bendito sea el Señor, porque ha visitado y redimido a su pueblo!”

Hoy es día de bondad, día sin noche. La oscuridad ha sido vencida, el bien puede al mal, el amor al odio, la carne se diviniza, Dios nace hombre y el cielo se estremece, y la carne se extasía. Nacido de mujer se nos da un Hijo, el Hijo de Dios altísimo, que para siempre será nuestro hermano.

Es día contemplativo, de sentarnos un rato junto al pesebre, de mirar, sólo mirar la sacratísima Humanidad del Verbo Encarnado y de ir comprendiendo, con sobrecogimiento, nuestra semejanza con el Hijo de la Nazarena, el Niño Dios.

No estamos condenados a perecer en nuestra mortalidad. Desde hoy, por el Salvador del mundo, el Redentor de los hombres, el Mesías de Dios que nace en Belén, el cielo se besa con la tierra y el destino de la humanidad es la gloria de Dios.

Dice la historia que en la plenitud del tiempo, cuando reinaba la paz en el mundo, nació Jesús, llamado Cristo. ¿Hay paz en tu corazón? ¿Hay perdón en tu casa? ¿Te atreverás a ser instrumento de paz, como regalo de Navidad al que viene como príncipe de la paz?

¡Feliz Nochebuena!

“… la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios. Pero esta misma Palabra, afirma san Juan, se «hizo carne» (Jn1,14); por tanto, Jesucristo, nacido de María Virgen, es realmente el Verbo de Dios que se hizo consustancial a nosotros. Así pues, la expresión «Palabra de Dios» se refiere aquí a la persona de Jesucristo, Hijo eterno del Padre, hecho hombre.” (BENEDICTO XVI, Verbum Domini 7)

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