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IV Lunes de Pascua (16 - Mayo - 2011)

Angel Moreno -

“OS ASEGURO QUE YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS”

Con expresión solemne, como cuando Jesús declara y revela su identidad más recia y trascendente, a la manera de la presentación que hace Dios de Sí mismo, encontramos, en uno de los textos más reveladores del cuarto Evangelio, el título que Jesús se arroga con la mayor autoridad: “Yo soy la puerta”.

La puerta es por donde entran los de casa, los invitados, los peregrinos, los huéspedes, los identificados, los amigos, quienes son conocidos del anfitrión, los hijos. En la parábola del “Hijo pródigo”, el padre aparece oteando desde la puerta de la casa, por ver si retorna su hijo menor.

La puerta abierta es la mediación que facilita entrar en la ciudad, en el santuario, en el recinto deseado, sin violencia. En Jerusalén, en tiempos de Jesús, se conocía la Puerta Hermosa. En las ciudades es frecuente encontrar las puertas de las murallas, que toman diferentes nombres. Todo el mundo sabe de la existencia de la Puerta Santa en las basílicas mayores de Roma, o en Santiago de Compostela, que se abren los años jubilares, y al pasar por ellas, se lucra la gracia de la perdonanza y se experimenta el privilegio de haber podido atravesar sus umbrales.

Jesús toma el símbolo de la puerta con relación al redil, espacio donde están a salvo las ovejas, defendidas por la vigilancia del pastor celoso. Y se presenta como mediación necesaria, por una parte como credencial de que el pastor es guarda y no ladrón del rebaño, y por otra, para que las ovejas entren en el aprisco. Santa Teresa de Jesús llega a afirmar que la puerta por la que deben entrar quienes quieran avanzar por el camino espiritual es la Sacratísima Humanidad de Cristo.

La mediación de los sacramentos -el bautismo, la reconciliación, la eucaristía, la unción sagrada- se convierte en puerta para gustar del alimento que dispone el Pastor bueno para sus ovejas. El salmista canta: “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdades praderas me hace recostar, prepara una mesa ante mí y repara mis fuerzas”.

DISCERNIMIENTO

¿Te descubres por el camino que es Cristo? ¿Sigues el sendero que Él te indica? ¿Tienes trato con Él? ¿Se puede decir que conoces su voz y tú te reconoces en la suya? En tu camino espiritual, ¿Cristo es el centro? ¿O das prioridad a métodos, enseñanzas, fórmulas que no son Él explícitamente?

TESTIMONIO

La Iglesia, en sus oraciones, siempre, termina invocando la mediación de Cristo y es consciente de que Él es el Mediador.

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