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INTRODUCCION: Palabras de luz

Jose Ramon Sanz, cmf -
\'\'Tenéis ante vosotros un material titulado Palabras de luz . Lo importante no son las palabras, sino la Luz que vehiculan, no son las metáforas sino la Verdad que esconden, no son los consejos o moralejas, sino la Sabiduría que los anima, no son los protagonistas sino los Oyentes. Las parábolas y los cuentos recogen la sabiduría universal aprendida en la vida y experimentada en la vida. No son textos para ilustrar un discurso, charla o conferencia. No son textos de usar y tirar. Son textos para ser producidos desde dentro. En sí mismos tienen sentido, vida, horizonte. Su poder es la sugerencia, la seducción, el aparecer y el ocultarse. Los grandes Maestros, Jesús, Buda..., siempre han utilizado los cuentos y parábolas para hacer presentir lo inefable. Así iban educando a su auditorio. Los oyentes accedían desde lo visible a lo invisible, desde lo múltiple a lo Uno. Urge recuperar el cuento como medio educativo para situarnos en la tradición de los grandes maestros. Urge volver a educar desde la sensibilidad a los valores. Tal es el sentido de esta antología. Cada texto encierra un misterio que espera ser desvelado. Cada texto esconde un tesoro que necesita ser encontrado. Su fecundidad es infinita porque la imaginación no es apresada por el espacio y el tiempo. No tienen fronteras. Un cuento-parábola es la cima de una montaña que debe ser escalada, es una estela de espuma que debe ser seguida, es un fresco manantial para beber, un haz de luz que indica el sendero, un fuego de hogar a cuyo calor debemos arrimarnos, un camino abierto al infinito. \'\'Educar es romper lo cotidiano, para recuperar la cotidianidad como el ámbito de lo maravilloso, para vivir la sencillez y el secreto de las cosas. Educar es enseñar a mirar de nuevo para recuperar el asombro del niño que juega su primer juego. La conversión de la mirada es el final del proceso educativo. ¿Para qué educamos? No necesitamos líderes, profesionales del éxito, ni gente dócilmente conducida por otros. Necesitamos personas, sólo personas. Y para ello, necesitamos Maestros que hagan emerger el hombre nuevo. Si un educador pretende cambiar, transformar, imponer, llenar, ense­ñar el éxito, debe aprender el arte de los maestros. La transformación personal del educando, nuestro sueño, sólo puede aparecer cuando el mismo educador se compromete con el proceso de autotransformación. Soñar el nuevo amanecer es la condición para que un día despierte la luz en nosotros. Entonces, sólo entonces, el educador empezará a ser Maestro. No se puede acceder a la armonía interior y exterior sin una lucha constan­te contra la mirada superficial. Ese es el mayor reto para todo educador. Preparar para la vida, no para las aulas; educar el corazón, no sólo el entendimiento; recuperar la sensibilidad, no sólo la habilidad. Esos deberían ser los primeros objetivos educativos. Todos los educadores deberían profundizar en el arte de la pregunta y del diálogo, en la observación de las necesidades de cada educando. Así aprenderían cuándo hay que hablar y cuándo hay que callar, cómo deben hablar y también cómo deben actuar. Los cuentos y parábolas constituyen un auténtico camino educativo. El precio que debemos pagar es el silencio, la ruptura de la mirada superficial para volver a mirar de nuevo. Ese es el camino de la profundidad y de la harmonía. No es necesario inventar nada, sólo hay que descubrir el sentido. Ese es el camino del cuento. Enseñar a mirar, escuchar, sentir, es el gran misterio que esconden los cuentos. Y el símbolo, la metáfora, es el vehículo de su mensaje. Cuando alguien se enfrenta al símbolo debe cambiar la pauta interpretativa de la vida cotidiana. Entra en un nivel de realidad nuevo donde se integra, unifica y expresa la vida. No es el lector o el oyente quienes marcan las reglas. Es el símbolo quien describe su propia realidad, su propia lógica. Aquí no hay lugar para el discurso, perdido en su propio límite. Sólo hay espacio para la pregunta, la curiosidad y la búsqueda. La gente de nuestro tiempo no sabe cómo afrontar el símbolo. Es un terreno desconocido que despierta algo en el interior de la persona. Sólo el corazón, sólo la fantasía y la intuición son capaces de entender y gustar esa realidad. Para llegar a saborear un símbolo la persona debe olvidar sus conocimientos, aprender a mirar, escuchar y sentir aquello que en su interior había presentido. La práctica es la única respuesta a todas las preguntas. ¿Para qué sirven los cuentos? A veces entretienen fabulando mundos ilusorios. A veces despiertan sueños, a veces duermen, a veces son un pretexto para el diálogo. En realidad son el vehículo de la Gran Transparencia, el acceso a la cara mística de la realidad. Entender un cuento es un paso en la Gran Aventura, un pequeña conquista de la luz. En ese momento se intuye algo nuevo, algo que despierta en nosotros el Ser, algo que aparece como brillo de la Gran Luz. Esta experiencia es difícilmente expresable con palabras. Será la sonrisa, una metáfora, el silencio o sólo una mirada. Despertar a lo nuevo no significa vivir aquello que se intuye, ni poseer o retener esa realidad. Sólo es una invitación a romper la mirada superficial de las cosas. Es entonces cuando se está en condiciones de emprender el camino. Cada invitación que uno descubra debe convertirse en una ruta a explorar, para saber por experiencia propia si eso que se nos presenta como invitación sirve o no para la vida. Sólo la experiencia vivida es la llave de la luz y de la transformación. Los protagonistas de las historias, sean temas o personajes, revelan que para poder hacer necesitan aprender a saber hacer Los cuentos se ins­criben en la Escuela de la Sabiduría. Nosotros debemos escuchar. \'\' Sugerencias metodológicas Aunque cada educador debe determinar el momento adecuado para el uso de cada texto conforme al crecimiento, madurez y situación del grupo, quiero proponer algunos criterios de uso: 1) Es necesario creer en la fuerza interior del texto y en el mundo que recrea para no perder su mundo mágico. Sólo se comunica aquello que se cree. 2) Es necesario leerlos despacio, con fuerza y sentido, como si se fuese a degustar un vino de gran reserva, como quien canaliza luz, sabiduría, gracia. 3) Hay que crear un espacio sagrado de escucha y silencio. Y después de su lectura conviene dejar tiempo para la fantasía. Si se lee en un ámbito académico, evítese convertir su lectura en una rutina más. El breve silencio puede ser comentado por alguno de los oyentes. Si lo comenta el educador es preferible seguir jugando con los símbolos, con las respuestas abiertas y sugerentes, o relanzar de nuevo la pregunta. No conviene que el educador los diseccione fríamente, ni conviene que presente el universo definido y cerrado del texto. Ni siquiera él puede agotar el mundo fecundo del texto. Un joven se educa cuando él mismo se convierte en el artífice de su propio despertar. La palabrería del educador puede seducir, o incluso en­tretener, pero aquí es necesario que su labor se limite a la de testigo del proceso de entender. 4) Conviene recordar a los oyentes que los cuentos no son historias irreales, fantasías o universos de palabras. Es la misma vida, su esencia y su misterio. Son historias tan reales como todo lo que nos rodea. Más aún, son la única realidad, graciosamente velada. 5) Debemos acostumbrar a los oyentes a sentirse interpelados por el \"Erase una vez..., en aquel tiempo...\", como un presente continuo, algo que sucedió una vez, pero que mágicamente se actualiza cuando alguien lo escucha y quiere hacerlo realidad. 6) Las expresiones \"Entonces dijo el Maestro, le preguntaron al maes­tro, el Sabio dijo\"..., son el espejo donde el oyente debe reconocerse. Educar es capacitarse para escuchar y encarnar la palabra del Maestro y del Sabio. La lectura-reflexión asidua de los textos intenta crear en el oyente las condiciones necesarias para emprender la gran aventura de la autorrealización. Llegará el momento en el que cada uno encuentre su propio Maestro. Hasta entonces sólo cabe esperar. 7) Aquellos que trabajan con el mismo auditorio deben respetar el uso de los textos para los niveles que se indican. No conviene quemar los textos antes de tiempo porque se evita su uso fecundo en un momento posterior. Hay material suficiente para abordar todos los temas en las etapas propuestas. Sería deseable que los educadores, tutores, catequistas, dialogaran sobre su uso y sobre la gradación necesaria para no pisotear el mismo terreno. 8) Algunos textos aparecen incluidos en varios cursos. No se pretende aumentar inútilmente el volumen de la antología. Intentan recoger problemáticas especiales que presenta la vida a los oyentes. La razón originaria debe buscarse en el hecho de que todos los textos formaban un sólo bloque educativo. Para facilitar su uso se han presentado por cursos o edades. Excusad la repetición. 9) Dependiendo del ámbito (escolar, grupal, catequético) se pueden seguir diversas metodologías: a) Lectura y silencio, con breve comentario de los educandos. b) Análisis del mensaje, evitando las moralinas. Cuando se estime conveniente puede detenerse la lectura en un momento determinado para que sea el grupo quien construya su propio relato. c) Discutir determinados problemas vitales o sociales desde lo que ofrece el texto. d) Analizar los problemas, trampas y soluciones que aparecen en el texto. e) En un ámbito lingüístico sería conveniente abordar los textos desde un método, estructural o hermenéutico. Sobre el tema puede encontrarse bibliografía. f) Después de un período de tiempo para la escucha, la sugerencia y el despertar, conviene invitar a los educandos a construir sus propios relatos, a reflejar sus problemas, a recrear una situación concreta. Sorprende escuchar con las palabras de los adolescentes y jóvenes el universo simbólico valoral que habita en su interior. Lo que académicamente puede ser un saludable ejercicio literario para recuperar la escritura, en un ámbito formativo más comprometido -grupos de formación religio­sa o grupos de vida- resulta ser de una enorme riqueza para objetivar su situación personal, para aprender a reconocer sus valores potenciando su interioridad, para descubrir el auténtico centro de sus intereses, miedos y anhelos, que permanecen escondidos en otro tipo de relación con ellos. Más aún, algunas revisiones personales en medio de un grupo serían menos tensas y dolorosas si se usase el camino del cuento, símbolo o metáfora para expresar la propia situación personal. Cuesta menos hablar de uno mismo cuando se emplea como vehículo de expresión el \"había una vez alguien que...\", o cuando narro mi historia desde un personaje ideal. g) Representar la parábola. h) Usar el cuento-parábola como expresión de la dimensión religiosa de la persona. i) Presentar el relato a los oyentes como una posibilidad para vivir un día concreto, encarnando ellos el papel de protagonista de su propia historia. j) Usar el cuento en el acompañamiento personal, como modo de objetivarse el acompañado. Después de un tiempo de maduración el buscador se encontrará en condiciones de entenderse y de entender las palabras de su guía. k) Invitar a los educandos a construir cuentos desde la óptica del Maestro y el discípulo. l) Estructurar la dimensión formativa de un campamento desde el mundo del cuento o la parábola. Así se evitan las charlas, a veces innecesarias o pesadas. 10) Como puede verse esta antología no considera el cuento propiamen­te literario, ni recoge el mundo del cuento infantil. No era el objetivo inicial. Las fuentes de los cuentos se indican en las notas. De algunos textos desconozco el autor. En muchos encontraréis el sabor oriental. En ese mundo los cuentos, anécdotas y parábolas han servido y sirven todavía hoy para educar, en sentido integral al discípulo y buscador. Al final se indica la fuente bibliográfica. Convendría tener en la biblioteca personal algunos libros citados con frecuencia. Sé que esta antología tiene un sesgo personal. Otra mirada y otro objetivo habría confeccionado otro rumbo distinto a esta antología. Si alguien tiene interés puede hacerlo por sí mismo desde la bibliografía. Dicen que las pala­bras se las lleva el viento, pero sería un Viento hermoso si estuviese cargado de sonrisas, armonía y luz. Educar es conducir al hijo, alumno, buscador, oyente, hasta el umbral de la Sabiduría. Y allí escuchar su voz. Deseo que todos aprendamos a descubrir que un cuento es un espejo que refleja mi verdad, un eco que devuelve mi propia voz. Deseo que todos aprendamos el camino del héroe, del sabio o del santo. Deseo que aprendamos el camino del buscador o del discípulo para poder llegar a ser Maestros. Sólo el compromiso con la autotransformación puede ayudar en el camino educativo. José Ramón Sanz Ortiz
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