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III Sábado de Adviento

Ángel Moreno -

 “José, descendiente de David,
no tengas miedo de tomar a María por esposa,
porque el hijo que espera es obra del Espíritu Santo.
María tendrá un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús.
Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados”
(Mt 1, 20-21).
 
“¿Quién de nosotros se hubiera atrevido a imaginar jamás tanta generosidad?”
(De la Carta a Diogneto)
 
En el calendario mozárabe, hoy se celebra la gran fiesta de la Virgen, popularmente llamada la Virgen de la “O”, porque estos días las antífonas del canto del Magnificat, de la oración de Vísperas, comienzan por la expresión admirativa “¡Oh!”.

“Oh, Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a libertarnos con el poder de tu brazo”.
 
También hoy, se celebra la Virgen de la Esperanza. El pueblo cristiano desea acompañar a María en los días previos a su alumbramiento y lo hace con especiales gestos de cariño hacia Nuestra Señora del Signo, representada en el icono oriental donde se muestra a la Madre de Jesús con el Niño Jesús en su seno.

La Palabra y la fiesta nos invitan a redoblar la espera y la esperanza. La esperanza es fruto de la fe en una promesa, que concede la certeza y la confianza, porque se sabe que Aquel que ha prometido su venida cumplirá su palabra.

Esperar es prueba de amor porque no se duda de la persona que ha empreñado su palabra. Aunque parezca que se retrasa el cumplimiento, la actitud que se mantiene es de expectación confiada.

Espera quien sabe que no se inventa el acontecimiento, sino que lo anunciado obedece a una palabra firme, acreditada por la fidelidad de Dios.

San José, el esposo de María, nos da ejemplo en su abandono. Confiado en las palabras del Ángel, acepta permanecer junto a su esposa más allá de la duda, del miedo, del juicio o del prejuicio…

¡Cuántas situaciones de convivencia se resolverían, si se actuara a la manera de San José, con discreción, respeto, silencio, amor, oración, obediencia a la moción interior, con generosidad! Los sencillos y humildes saben actuar así.
 
La Iglesia está firmemente convencida de la capacidad de la Palabra de Dios para llegar a todas las personas humanas en el contexto cultural en que viven: «Esta convicción emana de la Biblia misma, que desde el libro del Génesis toma una orientación universal (cf. Gn 1,27-28), la mantiene luego en la bendición prometida a todos los pueblos gracias a Abrahán y su descendencia (cf. Gn 12,3; 18,18).”
(Benedicto xvi, Verbum Domini 114)
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