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IGLESIA ESPAÑOLA

Raúl Berzosa -
PUNTO DE PARTIDA Y SENTIDO DE LO QUE SE QUIERE DECIR Releyendo las aportaciones del “grupo de reflexión conjunta” (laicos y claretianos), para las ponencias del presente encuentro, y otros documentos, en esa misma línea, me parecen acertadas las siguientes preguntas como punto de partida: “¿Cómo tenemos que evangelizar? ¿Conocemos nuestra cultura? ¿No estaremos muy encerrados en nuestro pequeño mundo? ¿Conocemos cómo afronta la iglesia española los retos de la evangelización de la nueva cultura emergente? ¿Colaboramos con otras comunidades e instituciones en dicha evangelización?”... Las respuestas a éstas y otras preguntas nos llevarían a indicar pistas para caminar en orden a... • ser testigos y fermento de los ambientes sociales en los que vivimos; • recuperar el sentido profético de nuestro compromiso cristiano; • a detectar las urgencias, necesidades y signos de los tiempos de nuestro entorno; • a revisar actitudes, métodos y expresiones del agente misionero en la nueva evangelización; • a potenciar una misión conjunta como familia creyente; • a hacer posible una Iglesia de puertas abiertas, itinerante, compañía, memoria y profecía del hombre de nuestros días. Una iglesia, una parroquia, una comunidad cristiana o educativa, un grupo cristiano que vivan sólo “hacia dentro”, sin saberse evangelizadores, carecen de sentido. Si de detecta cierta “atonía evangelizadora” es tal vez por falta de conciencia y sensibilidad, hasta desconcierto y asombro, ante los retos de la nueva cultura emergente, tan plural como compleja. En España, sin ir más lejos. Las pistas que, a continuación ofrecemos, necesariamente incompletas y abiertas al diálogo y complementariedad, quieren ser una sencilla aportación en el sentido antes señalado. 1. EN MEDIO DE UNA CULTURA PLURAL, ABIERTA Y COMPLEJA Comenzamos recordando algunas frases de dos papas de nuestro siglo: • “El foso o distanciamiento entre cultura y fe en nuestro tiempo cada vez tiende a hacerse más profundo” (Pablo VI); • “La cultura es el nuevo ámbito de diálogo con la fe. Una fe sin raíces culturales no es verdadera fe” (Juan Pablo II). • “Una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, ni fielmente vivida, no es fe” (Juan Pablo II). Señalemos, pues, algunos rasgos de nuestra cultura y sociedad, para poder plantear posteriormente algunas claves urgentes en la relación fe-cultura. Estamos al mismo tiempo en una sociedad compleja, de nueva sensibilidad cultural, con grandes posibilidades y a la vez grandes contradicciones, de cambios rápidos y profundos, en búsqueda de ajustes sociales y económicos. A lo que algunos llaman nuevo orden mundial, otros apelan crisis de civilización. Ciñéndonos a nuestro ámbito europeo-español, dicha cultura se define como aconfesional, secularizada, pluralista, democrática, postcristiana, postmoderna y postindustrial. Sustentada en los siguientes pilares, que configuran la denominada “modernidad”: - ciencia-técnica-economía de mercado. - Pluralismo social y cultural. - Inevitable burocracia estatal más o menos centralizada. Una sociedad con poco interés y poco motivada y desapasionada hacia acciones o empresas comunitarias. Por un lado, con un creciente grado de violencia y crispación, segregacionismo, racismo y xenofobia. Por otro lado, se observa un cierto desplazamiento de tendencias consumistas hacia un redescubrimiento de la defensa del medio ambiente, de los pueblos más pobres y de la calidad de vida. Una sociedad en la que está ganando terreno la indiferencia por una parte, y nuevas formas de religiosidad (incluso no teístas) por otra. Una sociedad llena de paradojas: según recientes encuestas (CIS y CIRES) la sociedad española de los 90 se considera mayoritariamente católica (80%), pero poco practicante (se definen practicantes, alguna vez o para algunos actos, el 56%; sólo el 43% reza alguna vez; y sólo el 12% de los españoles se considera muy religioso y practicante). El credo de los españoles es “light”, selectivo, a la carta: en este sentido el 64% creen en el alma; un 56% en el pecado; un 52% en el cielo; un 34% en el demonio; un 33% en el infierno. Un 46% considera que “no hay una única religión verdadera, sino un conjunto de verdades y principios que se encuentran esparcidos en la mayoría de las religiones del mundo”. Sólo el 37% afirma que hay una única religión verdadera. El 48% no acepta la postura de la Iglesia en el tema del aborto, y el disenso sube hasta el 65% en el tema del divorcio, y un 70% en el uso de métodos anticonceptivos. El 50% de los españoles consideran que la Iglesia no responde adecuadamente a los problemas morales y de la sociedad de hoy. En este sentido se aprecia poca confianza en la Iglesia como institución. Se la ve y siente como lejana a la realidad, distante de los problemas de hoy, y anticuada. Se la asocia a imágenes estereotipadas como la de la alianza con el poder y la riqueza, dogmática y hablando siempre desde el púlpito, y como institución de otra época, hermética y clericalizada. Añádase a este hecho el empobrecimiento cultura y de valores humanistas, con raíces tradicionalmente cristianos. Ni siquiera en el medio rural la práctica y el compromiso activo y militante son relevantes. Una sociedad en cuyo seno matricial y cultural conviven al menos cuatro grandes corrientes: la utopía social, con su grito “lo mejor estará en el futuro”; y con una fuerte carga de agnosticismo, indiferencia e increencia religiosa; la postmodernidad, con su slogan “el futuro está aquí”, en sus tres versiones de nihilismo o desencanto, de resistencia, y de neoconservadurismo; el fundamentalismo con su nostálgica visión de que lo mejor estuvo en el pasado, y lo neoconservador, verdadero protagonista en la actualidad como su grito “lo mejor está en el presente, por ello hagamos más mejor de lo mismo”. Cada una de estas corrientes con sus correspondientes versiones religiosas. En el pensamiento filosófico español han entrado las corrientes europeas de la muerte de Dios a nivel teórico (empirismo reinante) y práxico (se vive como si Dios no existiera). Aparentemente se vislumbra la desintegración de la persona humana y su “muerte” en varios frentes: desde la psicología (el hombre es sólo un complejo tensional de impulsos e instintos inconscientes); desde la biología (el hombre es un conjunto de mecanismo físicoquímicos); desde la sociología (el hombre es un producto de la cultura, sometido a los mismos cambios culturales).Todo ello agravado por la caída de las grandes ideologías políticas (particularmente de izquierda), traducido además, en experiencias de corrupción, crisis económica, falta de valores fuertes, pragmatismo, etc... Se dan paradojas llamativas: mientras se defienden los derechos del ciudadano, y no los del no-nacido. Se pide respeto a la dignidad de la persona humana y se permite el genocidio de colectivos enteros. En cuanto a la familia es nuclear (pareja y pocos hijos) y no planetaria; los roles de pareja son nuevos; decidida emancipación de la mujer; cada familia, en su vivencia y proyecto, es diferente; miedo y pánico a la educación; los hijos viven el hogar como pensión; las relaciones y afectividad son débiles; la casa-hogar se convierte en escaparate social de prestigio. Institucionalmente, la familia se encuentra desprotegida. En el Estado Español el problema económico es gravísimo: tenemos un déficit público que nos acerca al 60 por ciento, y que nos descalificaría para entrar en la Unión Monetaria Europea; por la deuda pública debemos pagar casi tres billones de intereses al año (casi ocho mil millones por día). La caída del empleo es constante, y la capacidad empresarial propiamente nacional se reduce casi a la inexistencia: las multinacionales y el capital extranjero copan el mercado. Por si fuera poco, la corrupción hace de nuestro país una nación poco atrayente y segura para invertir. Siguen creciendo las grandes bolsas de marginados (el llamado cuarto mundo) que, en su origen, ofrecen algunas de las siguientes causas: parados de larga duración; ruptura de relaciones familiares y sociales; falta de autoestima y motivación; y, finalmente, en algunos casos y colectivos, marginación xenofóbica y racista. Se calcula que, en nuestro país, existe un 7,7% de ricos; 24,6% clase media-alta; 40% clase media-baja; 11,6% pobreza acentuada; 16% pobreza severa. 2. BUSCANDO DIEZ CLAVES CULTURALES DE FUTURO Después de los rasgos expuestos (sin duda caben otros) y ante tanta complejidad, profetizar cuáles son las claves para entender nuestro tiempo y su cultura, y que preanuncien el futuro inmediato, no es nada fácil. Se necesita atrevimiento y lucidez. El filósofo español J.L. Abellán se ha lanzado a la aventura, y ha sintetizado en diez dichas claves para entender nuestro final de siglo: La primera, el cambio de pensamiento: hoy se piensa en “universal” (cada uno de nosotros somos la humanidad, y la humanidad depende de nosotros). Segunda clave: el triunfo del presente. El hombre de hoy no quiere vivir atado al pasado ni a tradición alguna vinculante; pero tampoco quiere hipotecarse en aras del futuro, de la utopía. Los mass media le han devuelto la presente. Tercera clave: ya no se cree en el progreso como una especie de mito o religión. Dicho progreso debe dejar de ser “cuantitativo” para transformarse en “cualitativo” o de calidad de vida. En este sentido, la cuarta clave será la revolución del espacio: el hombre de hoy vuelve a valorar los espacios humanos, a medida del hombre, lejos del ruido, la contaminación y la peligrosidad de las grandes ciudades. La quinta clave es la de una nueva ética basada en la racionalidad, la responsabilidad y la libertad traducida en “libertades”. Todo ello desde una valoración del pluralismo, la diferencia y la secularidad. Precisamente la sexta clave es el respeto a la diferencia, para romper con peligros latentes como los nacionalismos o los totalitarismos. La séptima clave es el nacimiento de un nuevo intelectual: ante todo con misión crítica y libre en relación al análisis del momento cultural y social en el que vive. La octava clave es la unión entre inteligencia o pensamiento, y el corazón o el sentimiento. Ciencia y vida deben caminar unidas. La novena clave es el redescubrimiento de la vida privada, como una especie de utopía individualista y revalorización de la propia persona y su dignidad. La décima, y última clave, es la crisis de la modernidad. Porque se ha sentido impotente para crear un nuevo humanismo. En este sentido la postmodernidad es la crítica desencantada del proyecto moderno y la revalorización, al mismo tiempo, de un nuevo humanismo donde se haga realidad la otra cara de la modernidad: libertad, fraternidad, igualdad, solidaridad. 3. RETOS O DESAFÍOS SOCIALES PARA EL ESPAÑOL DE HOY Dejemos el futuro. Nos volvemos a situar en el presente más cercano, y además contextuado. ¿Cuáles son, pues en resumen, los principales desafíos sociales y culturales para el español de hoy? 1.- Valorar y resituar la democracia como “medio” y no como un fin. Una forma política, por lo demás, en profunda crisis: da la impresión de haber pasado de la política de representación a la representación de la política, con nostalgia de una transición consolidada y de un presente desencantado. Una forma política, en resumen, no hecha, sino haciéndose en el día a día en el marco de convivencia pluralista, desde el punto de vista social y político; poliédrica, desde el punto de vista cultural, de nacionalidades y comunidades regionales; y con pérdida de memoria colectiva desde el punto de vista histórico. Con voluntad y vocación de integrarse en Europa, en el marco del discutido tratado de Mastrich. 2.- Una sociedad y cultura de pragmatismo, presentismo y materialismo. Detrás de estas realidades rebrota el nihilismo de la postmodernidad: vivir al día; historias cortas y sin huella; nuevo individualismo desencantado; politeísmo en todas las versiones de dioses transcendentes e inmanentes. Desafío de las sectas, nuevos movimientos religiosos y ofertas de salvación seculares (ecología, pacifismo, etc.) Vuelta a lo arquetípicamente religioso, y esotérico pero no a las religiones institucionales o a mediaciones sagradas. 3.- Muerte de Dios a nivel teórico (empirismo reinante) y práxico (se vive como si Dios no existiera). Estamos en la cultura de la increencia con estas versiones al menos, según algunos autores: anemia religiosa o distanciamiento de las raíces cristianas, secularismo marginador o reivindicación de lo secular y denuncia de la revancha de Dios y regreso de teócratas fundamentalistas, vagabundeo espiritual o eclecticismo y religiosidad a la carta, light, y desolación cultural o pérdida social de referencias religiosas. 4.- Muerte del sujeto ético y vivencia débil de valores fuertes que pudieran aglutinar. La sustentación y fundamentación de una ética social (“civil”) sigue siendo una asignatura pendiente. 5.- Renacimiento de la violencia en diversas versiones, la crispación social, la intolerancia y la puesta en crisis de la sociedad del bienestar y de la calidad de vida. 6.- Caída de las ideologías políticas por la corrupción, crisis económica, desconfianza en los líderes. Sin parecer vislumbrarse mayoritariamente claras alternativas. 7.- Los jóvenes urbanos son mediáticos, informáticos y superinformados... Enrolados en tribus urbanas y a quienes en versión sociológica, se les ha robado el futuro. Son sólo sueños del presente viviendo en submundos marginales. 8.- Bolsas de marginados sin salida en el denominado cuarto mundo o mundo principalmente urbano. 9.- Empobrecimiento humano, económico y cultural particularmente en el mundo rural, semi rural y, en general, en el apoyado en el sector primario de producción. La reconversión económica, la entrada en el mercado común y el poder de las multinacionales ha pasado factura. 10.- Falta de líderes sociales, ámbitos de referencia, acciones sociales e instituciones con credibilidad suficiente para ser relevantes, aglutinar y regenerar el tejido social creando un mundo en el que se vuelve a sentir el calor del hogar universal. Los nacionalismos y el terrorismo son asignaturas pendientes. 4. INFORME FOESSA: EL CATOLICISMO ESPAÑOL ENTRE LA ESPERA Y LA ESPERANZA ¿Y qué sucede con nuestros cristianos, con los católicos de hoy en esta nueva cultura emergente? Para responder a esta pregunta nos remitimos al reciente informe FOESSA. Llama la atención que un informe tan notable hay pasado aparentemente tan desapercibido en sí mismo y en cada uno de los aspectos que analiza. De dicho Informe, nos detenemos en uno de los aspectos: el análisis de los creyentes y de la Iglesia. En casi 125 páginas, y dividido en seis grandes apartados, el V informe Foessa, ha querido realizar una radiografía socio-religiosa del catolicismo español, aquí y ahora. Su lectura detenida, aun con la necesaria carga de tendencial de subjetivismo que toda obra de estas características pueda compartir, resulta de gran interés en la hora presente. El primer apartado, denso como los demás, comienza señalando algunas tendencias socio religiosas de los españoles en la actualidad. En concrete, siete. La primera de ellas es calificada de nacional-catolicismo. Se define como el intento de unión entre lo nacional y lo católico, con la mutua instrumentación que este hecho comporta. La Iglesia aparece como monolítica y vivero de las élites de poder civil y político. Nación e Iglesia delimitan enemigos comunes. Quienes se identifican con esta primera postura se autodefinen como “muy buenos católicos”. Son gentes de edades avanzadas, habitantes de la ciudad, clase media y militantes políticos de derecha. La segunda tendencia se denomina de catolicismo difuso. Es una reacción contra la tendencia anteriormente descrita. Con un agravante: los dogmas católicos y la ética se van difuminando en favor del “progresismo”. El lugar de la fe lo ocupa interpretaciones grupales radicales. Es un catolicismo más preocupado por parecer moderno que tal vez por ser religioso. Es intolerante con los católicos que no comparten su cosmovisión y vergonzante (acomplejado) con los no-creyentes. Pretende ser crítico con lo institucional católico y testimonial hacia los más desfavorecidos. A la tercera de las tendencias se la denomina catolicismo expectante. Es una actitud eclesial con la preocupación de revitalizar la vida religiosa misma de los fieles, su presencia pública y la necesidad de evangelizar la sociedad. Se pretende clarificar posturas personales y grupales y atenuar las tensiones con la jerarquía. También la unidad entre fe-vida y entre credo y ética. La voz y documentos de la Conferencia Episcopal son tenidos en cuenta. Como problemas de fondo se detectan: la necesidad de reevangelizar; la necesidad de un diálogo más intenso entre fe católico y cultura secular; la revitalización de asociaciones católicas y la independencia de lo religioso con relación a opciones partidistas políticas. La cuarta tendencia es denominada catolicismo light. Es un catolicismo adramático, poco apasionado, confortable, acomodaticio con las tendencias socio-culturales no utópicas y desencantadas (postmodernidad). Uno se puede denominar católico y no profesar o adherirse a los dogmas y enseñanzas católicos. Se trata de hacer “todo compatible con todo”, desde un pragmatismo personal. Son creyentes desenganchados de todo lo institucional y de normas éticas fuertes. Como catolicismo sincrético, se define la quinta tendencia. Que no es sino otra versión del catolicismo light. Es una religiosidad “pret a porter”, a la carta, propia de cada uno. Una especie de mercadillo o supermercado espiritual, en el que cabe lo católico, lo protestante, lo oriental, lo mágico, lo esotérico y hasta las supersticiones según las necesidades propias del momento. La “diferencia” es la que cada cual marca, según lo elegido ya lo que da prioridad. Las reglas son las señaladas por cada cual. El catolicismo de fieles, es el de quienes se califican como “normales”, “católicos de toda la vida”. Confían en la jerarquía, profesan una cierta fidelidad, no hacen ostentación de su vivencia religiosa pero tampoco están fuertemente comprometidos y procuran cumplir con lo que consideran sus deberes religiosos. Tampoco poseen una cultura religiosa ni amplia ni muy profunda o ilustrada. Aspiran a que no se les “líe o complique la existencia”. Desde luego la contestación ni hacia dentro ni hacia fuera de la Iglesia es su pauta de conducta. Finalmente, la séptima tendencia, viene definida como catolicismo militante. Son católicos que forman parte de movimientos seglares, que desean vivir con seriedad su fe y comprometerse en las tareas del mundo actual; procuran formarse personal y grupalmente, conscientes de su responsabilidad, y su actuación es preferentemente grupal o colectiva. En general, aun dentro de su pluralismo, colaboran con la jerarquía y han asumido el denominado reto de la nueva evangelización. Su problema más importante puede ser el de escoramiento o exclusivismo de posturas. El informe FOESSA, una vez descritas las siete tendencias anteriores, se atreve a señalar un dato relevante: “La religión ya no es el elemento integrador de cosmovisiones. La religión católica ya no fundamenta la matriz socio-cultural de la existencia de muchas personas de nuestro mundo, ni tiene tampoco mucha credibilidad social como dadora de sentido universal para las acciones humanas. El proceso se inició hace tiempo, pero ahora, en los últimos decenios, se está explicitando con mayor fuerza en nuestro contexto”. ¿Con qué se ha pretendido llenar el vacío dejado por la cosmovisión cristiana? Se pueden dividir en dos posturas: desde fuera del catolicismo y desde dentro. Desde fuera, el informe señala un pseudo mito “secularizante”: “el concepto de progreso social”. Concepto indefinido. Pero que, en cualquier caso, ha contribuido a distanciar más lo profano y lo religioso, lo cotidiano y lo sagrado. Dándose tres posturas: los secularistas (marginan lo religioso), los indiferentes (viven lo cotidiano sin más) y los cansados de “la era del vacío” buscan de nuevo “puntos de anclaje” para los valores éticos fundamentados en lo sagrado. Desde dentro, y ante este contexto tan problemático, algunos católicos optan por la evasión, sin cuestionarse lo que acontece a su alrededor. Otros optan por refugiarse en sus mundos cerrados, grupos o cosmovisiones existenciales. Otros acotan o delimitan los campos de interés. Hay quienes profesan un concordismo acomodaticio sin más con las modas sociales. Otros, un abierto y peligroso paralelismo con la sociedad, cuando no una sobreimpresión o posición por encima del mundo social, o incluso un enfrentamiento. Finalmente, hay quienes adoptan una actitud de mimetismo-absorción, o lucha de poderes, en el sentido de apuntarse a aquello que vean como triunfante. Como conclusión, en España, está cuajando el proceso de secularización que conlleva la diferenciación de mundos culturales separados de lo religioso, la racionalización y cienticismo de la vida, y la mundanización cotidiana de la vida. Es cierto, que el informe FOESSA destaca algunos rasgos que configuran un contexto esperanzador para el catolicismo: la mayor independencia de la Iglesia católica respecto de los poderes políticos o de otro tipo; la permanencia en amplios sectores de la sociedad de un fondo de religiosidad, de creencias profundas, de actitudes vitales serias en relación con lo trascendente; sigue siendo la iglesia una de las instituciones más presente en la sociedad y de mayor prestigio; el avance lento pero seguro en asumir su misión propia: la evangelización; la revitalización de comunidades nuevas y de católicos, incluso jóvenes, más libres y confesantes en sus creencias. 5. RETOS O DESAFÍOS AL CREYENTE DESDE LA NUEVA CULTURA EMERGENTE Una vez resumido el informe FOESSA, nos atrevemos a señalar, en forma de decálogo, los principales retos o desafíos para el creyente de hoy. Porque “es necesario conocer y comprender el mundo en el que vivimos, pero también discernir” (GS4). De otra manera el diálogo fe-cultura resulta imposible. Estos serían, pues, sintetizados, los principales retos para el cristiano de hoy desde la nueva cultura y sociedad emergentes antes enumeradas. 1.-Pluralismo: paso de una sociedad de prescripción a otra de inscripción. Desconcierto, perplejidad y desorientación al romperse la seguridad y monolitismo cultural anterior. Desde la modernidad y el Tercer Milenio algunos interrogantes: centralidad de Jesucristo (por qué una persona individual y un personaje histórico singular es el centro de la historia) y universalidad del cristianismo (por qué el cristianismo es la religión única y verdadera). 2.-Privatización de la fe: la fe, se nos dice, es de uso personal, para la conciencia, para la sacristía (las derechas sociales: “¿qué tiene que ver la fe con las cosas y negocios de la vida?”; las izquierdas. “¿no hay que consensuar los valores?”). Desde otro punto de vista, es la secularización que asume las prácticas eclesiales profanándolas o secularizándolas. Se da una ruptura de tradiciones, y por ello, la iniciación en los valores fundantes de la existencia se sitúa en lo mundano y social: en la calle, en centros de consumo de ocio, en experiencias de tribus urbanas y en otras ofertas religiosas que muy poco tienen que ver con el cristianismo. 3.- ¿Cómo convivir con los nuevos valores: tolerancia, diálogo, libertad, democracia, pluralismo, secularidad, pacifismo, ecologismo, feminismo...? La libertad y la autonomía total se han convertido en algo absoluto. Ha nacido un potencial extraeclesial de solidaridad: los valores nuevos de la nueva izquierda (pacifismo, ecologismo, feminismo, etc.) capaces de suscitar entusiasmos, entrega, generosidad y sacrificio. Comportan una subjetivación de la fe y relativización de la verdad (“es verdadero, bueno y bello lo que yo decido”) y una funcionalidad de la misma verdad (“es bueno lo que decida mi grupo o los míos o mi ideología”). La multiplicidad de puntos de referencia diluye la verdad en experiencias subjetivas, fragmentarias, o en consensos. 4.- ¿Cómo ser ciudadano y cristiano? Dos posturas generalizadas: a) la religión está pasada de moda, y el cristianismo no responde a los problemas de hoy; b) no se puede compaginar cristianismo (verdades fijas) con mundo de hoy (cambiante). En un caso paradigmático, la memoria religiosa se va borrando entre los jóvenes, por lo que resulta inviable hasta el mismo anuncio y la celebración del relato fundante cristiano. 5.- Triunfo del individualismo: ¿Cómo compaginar fe con el nuevo individualismo emergente que busca calidad de vida, hedonismo, y que muchas veces se confunde con el narcisismo decadente (“el cielo soy yo”)? Desde esa postura descrita se ve a la Iglesia como demasiado “autoritaria, dogmática y moralista”. 6.- No se entiende lo que quiere decir Salvación cristiana. La salvación cristiana se ha convertido a lo sumo en una praxis desde Jesús, en una normativa añorada, sin referencia a lo divino. Ante eso, un doble reto señalado para la nueva evangelización: inculturar la fe-evangelizar la cultura. 7.- Politeísmo creciente, con al menos cuatro frentes nuevos religiosos: religión civil (nacionalismo), inmanentista (tribus urbanas), nuevos movimientos religiosos (sectas) y nueva sensibilidad religiosa ecléctica y humanista (New Age). 8.- ¿Cómo encarnar el cristianismo en la nueva sensibilidad contextual (signos de los tiempos y de los lugares), postmoderna-neoliberal, ecuménica con las grandes Iglesias cristianas (tradición-ortodoxia, fundamentalismo bíblico-subjetivismo-protestantismo, seguridad-autoridad-dogma-catolicismo)? 9.- ¿Cómo integrar los contrarios y las paradojas: ética-mística; Dios-vida; inmanente-trascendente; ortodoxia-ortopraxis; totalidad-fragmento...? 10.- ¿Cómo volver a redescubrir la pedagogía del Nuevo Testamento? Timoteo: anunciar el evangelio a Enésima, en medio de la esclavitud; Samaritana: hacer descubrir de qué se tiene sed profunda; Zaqueo: aprovechar las pequeñas y grandes miradas y expectaciones; Mateo: llamar explícitamente; Hijo pródigo: saber acompañar con paciencia porque lo que no se asume no se redime; Oveja perdida: poner todo nuestro ardor, métodos y expresiones en salir a buscar lo alejado; Pablo: preparar a que se caiga del caballo con oración, acompañamiento y espera; Hechos de los Apóstoles: vivir la fraternidad y contagiar con el ejemplo. Jesús: buscar lo pequeño y los alejados. 6. RESPUESTAS CREYENTES ANTE LA NUEVA CULTURA EMERGENTE La propuesta de fe ante estos retos tan graves no puede ser sin más la de sospecha o condenación, sino la de acompañamiento sincero para recobrar la memoria viva del misterio de Jesucristo y fortalecer con ello la profecía y la utopía. De otra forma expresado, algunos de los retos que plantea la actual sociedad y cultura emergente en España, serían éstos: la reconstrucción religiosa de la realidad; el diálogo fe-cultura en todas sus formas; el saber ubicarse en la nueva sociedad y saber aportar la identidad propia, con fidelidad y creatividad, el pensamiento común; el responder al individualismo y pragmatismo reinante, y el crear comunidades genuinas donde la persona crezca en todas sus dimensiones. Señalamos, nutriciamente algunas claves: 1.- Resituar, historizar y centralizar el acontecimiento histórico de Cristo frente a las nuevas gnosis y al politeísmo. Esto supone vivir y saber transmitir la experiencia del Dios de la revelación Bíblica: - como alguien personal, - capaz de relacionarse con su criatura, por amor, hasta llevarla a su plenitud, - todo ello en la historia, también la de hoy. Sin divorcios entre fe-vida, ni maniqueísmos yuxtapuestos (sagrado-profano). 2.- Compaginar Dios monoteísta y personal con esa persona humana contemporánea que busca su realización y plenitud. Es decir, reconocer el valor único de la persona sustentándolo desde la divinidad como garantía de su dignidad. 3.- Compaginar humanidad y divinidad; ética y mística; acción y contemplación. 4.- Compaginar religión y ecología; valores tradicionales con los nuevos valores culturales. 5.- Desprivatizar la fe haciendo de la misma una vivencia personal y comunitaria. 6.- Resituar la experiencia de oración: encuentro con mi yo profundo, con el otro en cuanto otro, y con el Otro divino y personal. 7.- Redescubrir el valor cotidiano y de futuro absoluto de lo escatológico (“ya, pero todavía no”). 8.- Resituar la gracia y la salvación (no por puños o por esfuerzo personal y colectivo) sino por gracia y don, que es a la vez tarea. 9.- Resituar el meollo auténtico del cristianismo: viviendo todas las dimensiones de fe, evangelizando la cultura, con un talante y pastoral de misión y evangelización. 10.- Revalorizar una nueva antropología, redescubriendo toda la riqueza del existir humano sabiendo unir lo físico, racional, emocional, práxico, moral, social, ético y místico. 7. ALGUNAS ACTITUDES A POTENCIAR Para traducirse en hechos lo expuesto más arriba, es preciso desarrollar e intentar vivir unas actitudes concretas: 1.- Ni eclesiocentrismo (la sociedad civil girando en torno a la Iglesia), ni satelización secularista (lo religioso fragmentarizado o privatizado en submundos culturales). Ni clericalismo o levitismo ni laicismo. 2.- Ni restauracionismo de esquemas desfasados de pastoral, ni liquidación o desdibujamiento del cristianismo diluido en lo social, o en una pastoral esclava de las modas del momento. 3.- Ni sola presencia (alternativa de bloque), ni sola mediación (fermento): sí presencia mediadora (para no privatizar la fe), y mediación presente (para no fosilizarnos o convertirnos en ghetto). 4.- Ni primar la identidad en torno al templo levítico y a lo cultural-catequético (teocracia judía), ni en la diáspora-diakonía (pérdida de identidad). 5.- Ni más certezas y seguridades de las necesarias, ni permanente duda metódica o incertidumbre existencial. 6.- Ni apologetismo, ni avergonzamiento: ni el pedestal de la significación retadora y triunfalista, ni el hoyo de la no relevancia y del complejo de inferioridad. 7.- Con relación al pasado y al presente: ni maniqueísmo, ni purismo: ni historia blanca, ni historia negra. 8.- En cuanto a los agentes directamente implicados en la pastoral: ni francotiradores (incapaces de trabajar en lo diocesano y en una pastoral de conjunto) ni vedettes (buscando sólo compensaciones personales), ni rutinarios y simples mantenedores (sin creatividad y buscando seguridades materiales). 9.- A la hora de afrontar la realidad eclesial y social: Ni simplicismo laxista, ni sutileza estrecha. En todo caso, pastoralmente, ni sola ortodoxia, ni sola ortopraxis. Ni yoísmos ni legalismos: búsqueda, acentuación y vivencia de los valores. 10.- En la relación misma con la cultura, ni yuxtaposición o exclusivismo mutuo, ni inclusivismo o absorción de una por otra, ni relativismo o pluralismo fragmentario. Sí a tres criterios: encarnación (lo que no se asume no se redime), catolicidad o universalidad como criterio de verdad, y tensión escatológica como utopía crítica. Las dos caras de la nueva evangelización se traducen en inculturación y evangelización: si la fe y el evangelio no se inculturan, esta fe o se fosiliza o se convierte en ghetto. Pero si la cultura no se evangeliza, o se convierte en totalitarista o se rompe en mil fragmentos. 8. DESPRIVATIZAR LA FE Curiosamente, a los ojos y plumas de observadores sociales y políticos, el discurso con más eco e impacto de los pronunciados por el Papa Juan Pablo II en su último viaje a España fue el pronunciado en Madrid en el que se pedía la desprivatización de la Fe. Es tanto como afirmar que el mayor problema que tenemos en nuestro país, en la relación Fe-Cultura, ya no es el del ateísmo beligerante, o el clericalismo rabioso. El mayor problema es la falta de plausibilidad y relevancia de la Fe, y con ello del cristianismo, a nivel social. J. Vives se atreve a afirmar: “Si los viejos ateísmos y agnosticismos resultan anacrónicos, es evidente que no por ello se anuncia ya el florecimiento del teísmo. Lo que realmente caracteriza el momento presente es que la cuestión de Dios va quedando como irrelevante, simplemente inexistente para la gran mayoría de los humanos. “Falta Dios pero no se le echa en falta”. Es una situación verdaderamente nueva, que nunca se había dado en el mundo. Se puede afirmar que las generaciones más jóvenes, y no tan jóvenes, viven fuera del horizonte eclesial y cristiano. Hemos pasado de una situación en la que se luchaba contra Dios a otra en la que la cuestión Dios no interesa. Juan Pablo II ha venido a recordarnos al menos dos realidades: que la Fe cristiana sin raíces culturales, no es nada, y acaba muriéndose; y que la Fe, cuando lo es de verdad, es totalizante y abarca todas las dimensiones de la persona: lo individual, lo familiar, lo social, lo ético, lo cultural, económico y político. Esto no es teocracia ni levitismo. La Fe sabe como nadie de los valores, dignidad y derechos de la persona humana. Y está comprometida en hacer realidad la civilización del amor y de la vida. Con un trasfondo: cuando Dios muere o desaparece del escenario socio-cultural, el hombre mismo está condenado a morir o desaparecer. Experiencias recientes lo demuestran. A esto, y no a otra cosa, se llama Nueva Evangelización. Cuya clave de bóveda es la vivencia auténtica de la fe en todas sus dimensiones: 1.- No es creer en algo, sino en ALGUIEN: Jesucristo, el Hijo de dios encarnado, el Señor de la Historia, el único salvador y mediador. 2.- No es imitar a Jesús, el Señor, desde fuera, sino desde dentro, personalizando progresivamente, y según las edades existenciales, el misterio crístico-trinitario. 3.- Es tener los ojos, las manos, y el corazón del mismo Jesús, para ser otros Cristo y poder llegar a decir con San Pablo, por el Espíritu: “No soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí”. 4.- Es vivir y hacer realidad cotidiana y coherente el mensaje existencia de las Bienaventuranzas. 5.- Es dejar que el Espíritu Santo me penetre y fecunde para divinizarme, para hacerme como María, esposo, madre, y hermano. 6.- Es vivir con coherencia, desde la fe, todas las dimensiones de mi vida en todos los ámbitos y momentos del día. 7.- No es una fe sentimental o fideísta, ya que sabe dar razones y esperanza de lo que cree. 8.- Una fe en diálogo con creyentes y no creyentes. 9.- Una fe siempre en búsqueda, alimentada por dudas y certezas, y tratando de unir lo ético y lo místico hasta descansar en Dios. 10.- Una fe hecha vida en comunidad eclesial como forma ineludible de unir identidad cristiana y misión. 9. IGLESIA ESPAÑOLA: HACIA UNA PASTORAL DE EVANGELIZACIÓN Y MISIÓN PARA QUE EL MUNDO CREA, EN LOS UMBRALES DEL TERCER MILENIO La llamada del Papa Juan Pablo II a saber evangelizar la cultura de hoy, en los umbrales del Tercer Milenio, ha tenido eco, también entre nuestros obispos. Estos pueden ser, en resumen, los principales hitos que ha planteado la Conferencia Episcopal Española para el Trienio 94-97 en el tema que nos ocupa: - Se impone una pastoral de misión por el debilitamiento de la fe, difusión de la increencia, cambio cultural. - Implica esfuerzo de reflexión y revisión, modificación de muchos procedimientos y actitudes habituales, y vivificación del espíritu misionero. - Más en concreto: 1) Renovación y consolidación de la verdadera Fe. 2) La fe supone, en sentido bíblico, reconocimiento y aceptación personal y libre de la presencia e intervención de Dios en mi vida, centrada en Jesucristo, y comportando un cambio de vida, mediante los dones y vivencias del Espíritu Santo. 3) Urgencias pastorales a las que se debe dar respuesta: crisis de familia, crisis de valores, desvirtuamiento del sentido de la sexualidad, catequesis renovada y la presencia pública en los ámbitos culturales, profesionales y políticos. 4) Esta pastoral de evangelización debe ser obra de todos los bautizados: todos los cristianos son agentes y protagonistas. Si cabe, con mayor protagonismo de los laicos. Está en juego la relación Iglesia-mundo. 5) Esta pastoral de misión centrará sus contenidos en: • La existencia de un Dios personal que nos crea, mantiene y salva; • Jesucristo como redentor y salvador, modelo de vida; • La renuncia al pecado y la conversión sincera a Dios como fuente y norma de vida en Cristo y por Cristo; • La esperanza activa en las promesas de vida eterna como principio orientador de la vida en este mundo; • Sometimiento al juicio divino como referencia constante y última de libertad personal, aceptando los mandamientos y ejemplos de Cristo como norma de la propia vida, personal y comunitariamente. 6) En cuanto al método, se requiere: • Trato de persona a persona. • Unir palabra y testimonio de vida. • Vivir, personal y comunitariamente, experiencias auténticas de Dios, tanto de conversión como de oración y participación en los sacramentos. • Opción clara por los más desfavorecidos. • Fuerte renovación eclesial y apostólica en el ardor, métodos y expresiones. • No se descarta una cierta apologética, en el sentido de deshacer malentendidos, aclarar nociones deformadas e iluminar realidades fundamentales de la persona (verdad, libertad, responsabilidad, etc.), y utilizar un vocabulario significativo. Esta apologética iría dirigida sobre todo contra cierto anticlericalismo reinante, formas de intelectualismo racionalista que ve en lo religioso algo desfasado y alienante, y ante la visión difusa y ambigua de lo religioso. Lo anteriormente expresado por los obispos, de otra forma señalado, teniendo en cuenta la exhortación “Tertio Millennio Adveniente” del Papa Juan Pablo II, algunas pautas eclesiales, espirituales y pastorales para el año 2.000 serían éstas: 1.- Renovación y consolidación de la verdadera fe: cristocentrismo: Fe en sentido bíblico como aceptación personal y libre de la presencia de Jesucristo en mi vida. Y Encarnacionismo: una fe encarnada en la cultura de nuestro tiempo. 2.- Desprivatización de la fe y presencia pública en los nuevos areópagos (mass media), mundo socio-político y cultural, mundo laboral, opción por los más pobres y marginados. Cristianos de presencia y de mediación. 3.- Nuevo método: de persona a persona; uniendo palabra y testimonio vital. Con cuatro puntos cardinales: Fe en Cristo, cambio de vida, eclesialidad y pastoral de misión (Comunidades cálidas y misioneras). 4.- Redescubrimiento vivencial de la Iglesia particular: Jesucristo, por el Espíritu que convoca; evangelio proclamado; Mesa eucarística compartida; compromiso coherente fe-vida; corresponsabilidad de ministerios-vocaciones-carismas y funciones; obispo al servicio de la verdad, comunión y caridad. 5.- Potenciar, por lo tanto, todas las dimensiones de la iglesia particular: Comunión, evangelización, celebración, diakonía. 6.- Renovación pastoral: ni sólo mantenimiento-conservación (nostalgia-seguridades); ni sólo intimista-espiritualista (escapismo fideísta); ni sólo popular-horizontalista; ni sólo cirugía estética (marketing). Sí orgánico-global, de conjunto y articulada, de comunión y corresponsabilidad, de misión y evangelización, sinodal y contextuada. Integración de contrarios. 7.- Algunos Principios: Ley de encarnación: lo que no se asume no se redime. Diálogo sincero: buscando, con discernimiento, las semillas de la verdad (semina verbi y leyendo los signos de los tiempos. Uniendo creatividad y fidelidad. Catolicidad como norma de verdad. Ser Mistagogos: Se cree más a los testigos que a los maestros. Opción preferencial por los más pobres, releyendo la historia desde el reverso. Sin ansiedad por la programación ni por recoger resultados. 8.- Redescubrir el cristianismo y la vivencia eclesial en clave catecumenal (según lo indicado en la exhortación “Tertio Millennio Adveniente”): Cristo Espíritu Santo Padre Bautismo Confirmación Penitencia-Eucaristía Fe Esperanza Caridad María, modelo de fe María dócil al Espíritu María ejemplo de caridad Redescubrir catequesis Diálogo ecuménico Diálogo interreligioso Anhelo de santidad Descubrir signos tiempos Diálogo secularismo 10. APORTACIÓN FINAL: EL DIÁLOGO FE-CULTURA COMO DIÁLOGO IGLESIA-COMUNIDAD TEMPORAL Hemos comenzado afirmando que la cultura, según el Papa Juan Pablo II, es el nuevo espacio y ámbito privilegiado de diálogo con la fe. A nuestro juicio, el diálogo fe-cultura, en cada época histórica, detecta y pone de manifiesto al menos estas tres realidades: a) Como, desde dónde y para qué se da la relación más amplia entre Iglesia-comunidad temporal. Así podemos señalar, a muy grandes rasgos, algunos modelos o paradigmas: de la cristianización de la cultura a una cultura de cristiandad (SS. I-XVII); de la cultura de la cristiandad a la cultura de la secularización e increencia (SS. SVIII-XX); de la cultura de la increencia a la nueva inculturación-evangelización (s. X). b) Cómo se describe la fe y la Iglesia a sí misma en cada época. c) Cómo ha sido la evangelización y la fuerza misionera. Sólo desde la relación Iglesia-comunidad temporal, se puede realizar el diálogo fe-cultura, la evangelización. Finalizamos, señalando, a modo de epílogo, cómo, desde dónde y por qué dialogar con los retos de la nueva cultura emergente: 1.- Desde lo cultural: actuar y vivir en línea del Ser, y no del tener, poder o hacer. 2.- Desde lo existencial, personal y colectivo: un cuestionamiento de nuestra forma de vida para volver a lo genuino y auténtico. 3.- Desde lo carismático-espiritual: simplificando y purificando lo que reste energía y centralidad al mensaje cristiano. 4.- Desde lo teologal-contemplativo: dar la primacía absoluta a Dios que merece la pena ser buscado, escuchado, celebrado, amado y alabado por sí mismo. 5.- Desde lo comunitario: favorecer la vida fraterna y fraternal. 6.- Desde lo eclesial: mayor sentido de corresponsabilidad y comunión, y al mismo tiempo de solidaridad universal y apertura a los signos de los tiempos y lugares. 7.- Desde lo específico cristiano: vivir la consagración bautismal, siendo más que haciendo, y descubriendo la propia vocación. También, equilibrar el rol de hombres y mujeres en la Iglesia y en la sociedad, y de los estados de vida (laicos, religiosos, presbíteros). 8.- Desde lo pastoral-evangelizador: hacer posible una pastoral de misión y evangelización con creatividad y fidelidad, para saber actualizar y narrar el mensaje salvación y relevancia con sentido a nuestros contemporáneos, redescubriendo al mismo tiempo la tradición viva en todas sus dimensiones (credo, liturgia, arte y patrimonio, espiritualidad, etc.). 9.- Desde el diálogo con otras ofertas salvíficas y religiosas: buscar las semillas del verbo, y clarificar y anunciarlo que significa el acontecimiento cristiano en relación a las religiones reveladas y no reveladas, y en relación a lo espiritual-religioso. 10.- Desde lo católico: no caer en la tentación de cerrarnos a lo universal, primando sólo lo local o particular. Es el reto de la inculturación en todas sus manifestaciones. Hasta aquí unas pinceladas, necesariamente incompletas, de la nueva cultura emergente y de los retos y posibles respuestas que se pueden y deben potenciar desde lo cristiano. El debate sigue abierto y, lo que es más decisivo, la forma de vivir el misterio cristiano con coherencia y plenitud en lo cotidiano, en este tiempo, en nuestras iglesias, entre nuestras gentes, y en estas tierras nuestras llamadas de vieja cristiandad y, en muchos casos, postcristianas.
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