icono estrella Nº de votos: 0

Hemos aprendido una palabra nueva: Tsunami

José Rovira cmf -
Los japoneses no habrán dejado de tener su pequeña satisfacción. A las palabras de su lengua conocidas a nivel internacional, como “arigató” (gracias) y “sayonara” (adiós) se ha añadido trágicamente en estas últimas semanas “tsunami” (ola anómala). La inmensa desgracia del maremoto que ha barrido las costas de algunos países asiáticos, en particular Indonesia, Tailandia, Sri Lanka e India, hasta llegar a causar víctimas incluso a miles de km. de distancia en África (Somalia, Kenya y Tanzania), más los millares de turistas occidentales que se hallaban en aquellos países pasando las vacaciones de Navidad, nos han hecho experimentar una realidad que ya sabíamos: que el mundo es pequeño, estamos todos subidos en la misma barca. Cuando escribo estas líneas, los italianos desaparecidos bajo las olas pasan de 330; pero, ya sabemos que en otros países europeos ha sido mucho peor: más de mil alemanes, unos dos mil suecos, etc. Esto ha hecho que la gente participara con grande conmoción y generosidad en la recogida de material y de dinero para ayudar a los damnificados. El gobierno italiano, por su parte, ha distanciado veinte millones de Euros. Varios canales televisivos dieron en ayuda todo lo cobrado con los spots de propaganda comercial el día 5 de Enero, día dedicado a la memoria de los más de ciento cincuenta mil muertos. Una iniciativa fácil, ingeniosa, sencilla, práctica y eficaz ha sido la de enviar uno o más SMS a un cierto número telefónico diciendo que era para ayudar; las empresas telefónicas te respondían automáticamente con un mensaje de agradecimiento y te restaban un Euro de la tarjeta que pasaba a la cantidad destinada a las necesidades de aquellos pueblos. En una sola semana se recogieron más de veinticinco millones de Euros (¡!). El Papa en varias ocasiones ha insistido en la colaboración mundial a nivel de gobiernos, grupos e individuos. Han pululado iniciativas en otros muchos países. El representante de las Naciones Unidas llegó a decir que jamás había habido una reacción tan grande y rápida de gobiernos e individuos, desde los años de la última guerra mundial. Lo que me ha dado que pensar es otra noticia que leí uno de esos días. El Japón, tierra de terremotos y tifones, tiene todo un sistema técnico de prealarma en el océano Pacífico, organizado de tal manera que, cuando tiene lugar un movimiento telúrico en el fondo del mar, inmediatamente las sondas submarinas lo detectan y comunican a la boyas que hay en superficie, las cuales a su vez transmiten la noticia a una red de satélites, los cuales advierten al gobierno, el cual pone en estado de alerta a la población: Duración total de todo este proceso: dos minutos y medio (¡!). Ahora viene la pregunta: ¿por qué el tsunami del 26 de Diciembre tardó incluso horas en llegar a Sri Lanka, luego a la India, y no digamos ya a las costas africanas, causando decenas de miles de muertos en todas partes, y nadie avisó con tiempo? ¿es que la vida de los pobres aldeanos y pescadores de aquellos países valía menos que la de otros seres humanos? Dijeron que la razón era que en aquella zona del océano no hay sensores marinos que detecten esta eventualidad; pero, por otra parte, hemos visto luego cómo los satélites estuvieron fotografiando y siguiendo durante horas la ola anómala desde Sumatra hasta Africa: ¿no se podía advertir a aquellos pueblos? Y otra sospecha: si no hubieran habido entre las víctimas miles de turistas occidentales, ¿nos hubiéramos volcado como lo estamos haciendo en estos días? Y ¿qué decir de los chacales que ya están intentando hacer negocio con lo que tanta gente de buena fe ha dado generosamente, vendiendo en el mercado lo que ellos han logrado atrapar gratis? ¿y de los criminales que secuestran a niños huérfanos para venderlos en el mercado de la adopción clandestina o, peor aún si cabe, para vender sus órganos como si fueran animales? ¡Desde luego que a veces Dios nuestro Padre necesita hacer unos esfuerzos enormes para reconocer a algunos humanos como hijos suyos! ¿No será que, además de haber aprendido una nueva palabra japonesa, nos hemos dado cuenta de que en nuestra familia humana hay miembros de primera y otros de segunda clase, y algunos son más iguales que otros? Si el tsunami nos ayuda a ser más familia en el futuro, el sufrimiento de quienes han muerto entre las olas o han perdido todos sus haberes, no habrá sido en vano. Pero, ¡hay que ver cuánto nos cuesta aprenderlo! Arrivederci! J. Rovira, cmf.
Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios Sin comentarios

Comentarios

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.