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Hacerte feliz

Bonifacio Fernandez, cmf -

    “La misión de mi vida es hacerte feliz”. Expresiones como ésta suelen utilizarse en declaraciones de amor. Al menos en las películas de amor. Está dentro del arrobamiento que implica la experiencia de enamoramiento. Puede ser que en tiempos posmodernos esta pretensión tenga una reminiscencia demasiado romántica. Puede ser que no conmueva  a los jóvenes actuales.

    Hay que reconocer que la expresión de corte conyugal tiene dos sentidos muy diferentes; uno más heroico, otro más existencial. En sentido heroico la expresión lleva implícita la idea de sacrificio o abnegación. Yo voy a dedicar toda mi vida a hacerte feliz. A tu amor y tu bienestar quiero sacrificar toda mi vida, mis planes, mi tiempo. Estoy dispuesto a renunciar a mi mismo. Renuncio a mis planes, a mis proyectos, mis amigos para poder verte a ti feliz.

    Pero hay otra manera de entender la misma expresión del deseo conyugal. Una manera existencial y relacional. “La misión de mi vida es hacerte feliz”, esta expresión significa que mi felicidad va a consistir en hacerte feliz. Yo seré feliz, si tú eres feliz. No porque que me haga dependiente, sino porque te amo. Te doy mi amor no tanto porque necesite “venderme” a ti para tenerte contenta y sentirme satisfecho, sino porque tú llenas mi vida de sentido y energía. Tu felicidad no es alternativa a la mía. Me has hecho el regalo y me has dado el poder de hacerte dichosa. También de defraudarte y de herirte.

    Quiero hacerte feliz, sabiendo que en ello me va  mi propia felicidad. Quiero que mi felicidad no esté condicionada a la tuya; no me hago dependiente; quiero que mi felicidad este unida a la tuya. Tu felicidad es también la mía.
Quiero ser feliz, haciéndote feliz. Mi felicidad no crece en relación inversa a la tuya; crece en relación directa.  Soy más feliz  haciéndote más feliz. Verte contenta, realizada, identificada contigo misma, es para mí  el principal motivo de mi dicha.

    El amor conyugal constituye un camino de crecimiento y fecundad. Cada uno ha centrado la misión personal de su vida en crecer junto al cónyuge hacia la felicidad, que es la vocación fundamental de todo corazón humano. Y la felicidad consiste esencialmente en el amor.

    Por eso un matrimonio que es matrimonio constituye una gran buena noticia para todos.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

uni uni
el 18/11/09
Me parece una reflexion digna de servirse en todos los foros posibles: cursillos prematrimoniales, grupos de oración, de jóvenes, de matrimonios... Hay que dar esta visión de la pareja de hoy que quiere vivir su proyecto de vida en común con el evangelio y con la sociedad del s. XXI. Siendo el matrimonio una vocación, una elección a recorrer la vida junto al otro: es maravilloso recordar estas maravillas que se solapan con el tiempo e intentar cada día vivirlo como un regalo que Dios nos da, sea cual sea el cariz que tenga la situación: el AMOR todo lo puede... pero hay que hacerlo crecer cada día.
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