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Evangelización y Cultura

Mons. Ángel Garachana -
    Del 27 al 31 de octubre, participé en el III Encuentro Continental de América,  organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura, para los presidentes de comisiones de cultura de las Conferencias Episcopales de América.

    Las conferencias y el diálogo giraron en torno a estos tres núcleos: “Luces y sombras de la cultura en el hoy de nuestros pueblos”, “Los Valores del Evangelio en la cultura de nuestros pueblos” y “Una pastoral de la cultura que engendra modelos culturales alternativas para la cultura actual”.

    La existencia misma del Consejo Pontificio de la Cultura y las actividades que desarrolla son una señal del interés de la Iglesia por la cultura actual. De tiempos en los que existía una profunda simbiosis y armonía entre fe y cultura de manera que la fe impregnaba la filosofía, el lenguaje y sus símbolos, el arte (pintura, arquitectura, música), etc., se ha pasado, en los dos últimos siglos, a relaciones de indiferencia y hasta de rechazo.

    En los últimos sesenta años se ha desarrollado una profunda y sistemática enseñanza del magisterio, de la reflexión teológica y de la experiencia pastoral sobre las relaciones entre evangelización y cultura. Me limito a señalar algunos indicadores. El Concilio Vaticano II afirma que “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de la Iglesia”. “Es la persona del hombre la que hay que salvar…, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad”. “Para lograr este intento, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio”. (La Iglesia y el Mundo Moderno, 1 y 4).

    El Papa Pablo VI propone el diálogo como “camino y método” de la relación de la Iglesia con el mundo. “La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en el que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio”. (Carta Pastoral “Ecclesiam Suam, 34).
Lamenta la “ruptura entre Evangelio y cultura” que considera como “el drama de nuestro tiempo” y propugna una evangelización que, pasando por la conversión de los corazones, llegue a la transformación de la cultura. “De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas”. (La Evangelización del Mundo Contemporáneo, 19-20).

    El Papa Juan Pablo II lanzó el proyecto “Nueva Evangelización” con el deseo de evangelizar las culturas, que experimentan profundos cambios, y de inculturar el Evangelio en las diversas culturas de los pueblos. Llegó a afirmar que “una fe que no se hace cultura es una fe que no fue plenamente recibida, no enteramente pasada ni fielmente vivida”. (En “Carta a Secretaría de Estado, 1982).

    La Iglesia Latinoamericana también ha reflexionado sobre estas cuestiones, ha discernido la práctica pastoral y nos ha dado orientaciones, especialmente en sus Conferencias Generales de Puebla, Santo Domingo y Aparecida. El documento de Puebla afirma que “la acción evangelizadora de nuestra Iglesia Latinoamericana ha de tener como meta general la constante renovación y transformación evangélica de nuestra cultura. Es decir, la penetración por el Evangelio de los valores y criterios que la inspiran, la conversión de los hombres que viven según sus valores y el cambio que, para ser más plenamente humanas, requieren las estructuras en que aquellos viven y se expresan”. (Puebla, 395).

    La Conferencia de Sto. Domingo abordó, de una manera sistemática y amplia, los diversos aspectos implicados en la relación evangelización y cultura en el capítulo tercero de la segunda parte del documento. Reconoce que estamos ante “una crisis cultural de proporciones insospechadas” y que, por tanto “se presenta a la Iglesia un desafío gigantesco para una nueva Evangelización, al cual se propone responder con el esfuerzo de la inculturación del Evangelio”. (Sto. Domingo, 230).

    La quinta y última Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Aparecida ha recogido la reflexión y la experiencia de estos cincuenta últimos años y la relanza. Sus enseñanzas y orientaciones pastorales merecen otro artículo en este blog.
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Olimareño Olimareño
el 24/11/09
Me parece muy buena la nota,es fundamental que la Fe que decimos tener se transforme en obras,dado que el nivel de pobreza de America latina no es propio de un continente que se dice cristiano.La transformación de la sociedad requiere de nosotros una profunda conversión,debe llevarnos a preguntarnos que sentido tiene para nosotros el poder y el dinero desde la fe,no puede ser que profesemos de cristianos y luego en los asuntos económicos seamos neoliberales y tachemos de populistas a los gobiernos que con sus limitaciones defienden a los sectores mas pobres.Terminamos siendo muchas veces el mayor enemigo de todos los procesos populares y defendemos a gobiernos de facto (Honduras de Micheletti) o apoyando a gobiernos de derecha,y eso da que pensar sobre nuestra fe.
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