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Evangelio Seglar para el Domingo 6º del tiempo (11 de febrero de 2018)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme." Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Quiero: queda limpio." La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: "No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés." Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)

Marcos presenta este caso no tanto como la curación de una enfermedad, sino como una cuestión de pureza. Por tres veces seguidas se habla de la "limpieza": Si quieres, puedes limpiarme (la liturgia prefiere traducir "curarme" esta primera vez, aunque es el mismo término griego que las dos veces siguientes que sí traduce por "limpio" y no por "curado"); Quiero, sé limpio; Quedó limpio.
Ese proceso de "limpieza" es llamado por Jesús "purificación": ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó. [El Levítico 13,47-14,4 manda que un sacerdote certifique el final de la lepra]
La purificación va precedida por dos hechos sorprendentes: el leproso se "acerca" a Jesús, cuando debía haberse mantenido a distancia y advirtiendo a gritos de su impureza (LV 13,45); Jesús "toca" al impuro, lo que le convertiría a él en un impuro.
Aunque de otro modo, al final Jesús siente los efectos que si hubiese vuelto impuro: Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos.
Marcos dice que Jesús se "compadeció", como dirá otras dos veces.
Jesús sigue mandando silencio sobre Él.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA JUSTICIA
(hombre, casado, tres hijos, trabaja, abogado)

En nuestro camino de la vida muchas veces nos encontramos con los últimos de esta sociedad, los desesperados, gente que anda por la calle, harapienta, sucia, los “leprosos” de este primer mundo. ¿Cuál es nuestra reacción? Piénsalo.
En mi profesión esta situación se me repite algunas veces cuando asisto en la guardia del Turno de oficio, a algunas personas que se encuentran en situaciones desesperadas, adictos a las drogas, etc. ¿Qué reacción tengo?
Hoy es mejor que nos hagamos la pregunta y la meditemos a la luz del evangelio, algunos es posible que lleguemos a sentir esa compasión (me gusta más esa traducción), el padecer con, pero en muchas ocasiones se queda ahí, más en un sentimiento sin reacción que en una acción desde lo verdadero.
Tratar a todos los clientes por igual, sin distingos, eso también es colaborar con la justicia, y eso se nota en la calidad de la asistencia, algo se puede hacer, aprendamos de la palabra. Para ello es crucial acudir a Él, de vez en cuando, y con sólo repetir “si quieres, puedes limpiarme”, eso nos ayudará, a buen seguro, a salir ahí afuera con otro ojos.

DESDE LA VIDA COTIDIANA
(hombre, casado, con dos hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Cuando salgo o llego a casa, raro es el día que no me encuentro por mi calle con Ramón, un chico joven que trata de conseguir limosna pidiendo a los viandantes, buscando aparcamiento a los coches que desesperadamente dan vueltas y vueltas esperando encontrar un hueco o mendigando alimento por los bares y restaurantes de la zona. Casi siempre anda desaseado, desaliñado, sucio. Tiene un carácter muy fuerte. Pero es buena gente. Se nota que su vida ha estado marcada por muchas circunstancias complicadas. Aunque vive en otra parte de la ciudad, todos los días viene a mi barrio como quien viene a trabajar. Por eso, aunque sea poco "convencional" y a muchos les incomode, para mí prácticamente es otro vecino más. Muchas veces me detengo a hablar con él, a pesar de que me cuesta seguir su conversación -porque habla rápido y apenas vocaliza-. Pero se nota bastante cuando quiere hablar con alguien, aunque sea de cosas intrascendentes. Y mientras estamos en plena conversación, puedo mirar cómo muchos aceleran el paso y huyen de él para que no les moleste. Supongo que será algo parecido a cómo se reaccionaba ante un leproso en tiempos de Jesús. Sin embargo, a pesar de las apariencias, de la suciedad y de la marginación, cada vez que leo este pasaje del Evangelio me doy cuenta de que quien más se asemeja al leproso soy yo. Yo soy el que está enfermo y ajado por la lepra de mis múltiples incoherencias. Y de todo eso, sólo Jesús es el único que puede limpiarme. Hablar con Ramón -y con muchas otras personas con las que me encuentro día a día- me ayuda a darme cuenta de todo lo que me ata y me limita, de mis egoísmos, de todo lo que me ensucia por dentro y por fuera. Acercarme a Ramón, de algún modo, es una forma de acercarme a Jesús y suplicarle de rodillas: "Si quieres, puedes limpiarme". Sólo si me dejo sanar y transformar por Él, podré ser un auténtico testigo del Evangelio, y mi testimonio llegará a ser creíble.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Te damos Gracias, Dios Bueno y Misericordioso,
porque Tú nos cuidas y nos salvas de todo mal.
Tú, que eres Dios Padre Bueno, nos enseñas
a estar siempre cercanos a los más débiles,
y de Ti aprendemos a ser misericordiosos,
para estar acompañando a quienes sufren
la soledad, tristeza, el desamparo, la marginación,
o cualquier tipo de rechazo o exclusión social.
Te damos Gracias porque Tú nos enseñas
que cualquier súplica de dolor de cada persona,
tiene que tocar nuestro corazón y hacernos actuar,
para ayudar a vencer los sufrimientos de cada hermano,
luchando constantemente, y siempre de modo pacífico,
contra todas las injusticias y contra cualquier abuso,
y consolando el dolor de quienes están sufriendo.
Ayúdanos Tú a ser reflejo de tu Amor y Misericordia,
en medio del mundo, para coger a cada persona
que necesite ayuda para reintegrarse en la sociedad.
Señor, ten Misericordia de nosotros y darnos Tú
un corazón bueno y compasivo como el tuyo,
para acoger y estar cercano a los enfermos y excluidos.
Ten Misericordia de nosotros, Dios Padre Bueno,
porque somos personas con muchas dudas o temores,
y nuestra vida cotidiana se llena de dificultades diarias
que sólo pueden ser vencidas con tu ayuda y la fuerza
de la fe que Tú no regalas, para superar los obstáculos.
¡Límpianos Tú nuestros pecados con tu Misericordia,
para vencer cada día todas nuestras debilidades! Amén.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Varias lecciones podemos extraer para ponerlas en práctica de este bonito pasaje:

1.- Acercarnos a Jesús con fe:
El leproso, lo tiene todo perdido, está deshauciado de la sociedad, en un gesto de osadía, incumpliendo incluso la norma, se salta las reglas y se aproxima a Jesús, por que sabe que sólo Él es capaz de curarlo, pone su confianza en el Salvador. Pidamosle nosotros al Señor que nos cure de todas nuestras enfermedades tanto del alma como del cuerpo, con esa humildad que nos indica el texto, de rodillas, reconociendonos pecadores, con total confianza por que sabemos que ahí está la fuente que calma nuestra sed. En los momentos de desesperanza, de depresión, de soledad, volvamos nuestra mirada al que nos salva, pongamonos a amar viendo a Jesús en el otro, a ofrecer nuestro dolor por la salvación de otros, a orar, acerquémonos a los sacramentos, a su Palabra...

2.- Acercarnos al hermano como Jesús:
Aún a riesgo de infectarse, incluso sabiendo las consecuencias que ello acarrearía, (Jesús, al tocarlo, según la Ley, ya es impuro, ya no pudo entrar más en un pueblo, sólo se podía quedar en las afueras) se "hace uno" con el prójimo, ¿cómo?, salva el rechazo que dan las llagas de la lepra, no huye, es más, se atreve a tocarlo, hace suya su enfermedad, se pone a su altura, y la mejor manera de devolverle la dignidad es que el leproso sienta esa cercanía física, ese contacto. Ahí el leproso se siente seguro, confiado, y se produce el milagro. El papa decía que los pastores debían de "oler a oveja", por la cercanía con el ganado, haciendo un simil sobre cómo debe ser nuestro trato con los más desfavorecidos. ¡Hay que tocar!, no tengamos miedo de eso, un simple gesto como coger una mano, abrazar, besar... cambia radicalmente el "tú y el yo" por el "nosotros".

3.- Comuniquemos la alegría de la Buena Nueva:
Jesús le dice al leproso que cumpla con la Ley, que se presente a los sacerdotes y ofrezca un sacrificio por su curación, pero que no diga nada a la gente. Eso, que pudiera interpretarse como una desobediencia, como una "metedura de pata", no es más que una consecuencia intrínseca de la alegría del encuentro verdadero con el Señor, ese reconocimiento del Amor de Dios, ese sentirse amado inmensamente, hace que no sea uno capaz de callar, es como un fuego interno que te impele a comunicar que hay Alguien que te quiere tal y como eres, que te devuelve toda tu dignidad, te considera su hijo, se preocupa por tí, te cuida, cura tus heridas y te perdona hasta el infinito por que sólo mira lo bueno que hay en tu interior.

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