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Evangelio Seglar para el Domingo 24 del Tiempo Ordinario (11 de octubre de 2015)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17 - 30

Vende lo que tienes y sígueme

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre."Él replico: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño." Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: /"Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme." A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!" Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: "Hijos, ¡que difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios." Ellos se espantaron y comentaban: "Entonces, ¿quién puede salvarse?" Jesús se les quedo mirando y les dijo: "Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo." Pedro se puso a decirle: "Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido." Jesús dijo: "Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más- casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna."

NOTAS BÍBLICAS
(por equipo coordinador, con asesoramiento de un biblista)

Jesús contrapone el modo de "los hombres" (para quienes "es imposible" salvarse) al de "Dios" ("para Dios todo es posible").
Jesús repite tres veces (por tanto, algo bien atestiguado) que la dificultad de "los hombres" reside en la riqueza (en "la confianza" en la riqueza, según la traducción litúrgica).
El texto parece relacionar riqueza y la estafa (obtenida de manera injusta), pues Jesús, añade al rico un mandamiento que no viene en el Decálogo: "no cometerás fraude"
La alternativa es amontonar "un tesoro en el cielo". Como los Doce, que sí han "dejado todo" y han "seguido a Jesús", como le había pedido al rico (Marcos no dice que sea joven).
Tal petición ("vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, y luego sígueme") es paralela con la que había proclamado a sus discípulos anteriormente ("que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga"), también en un contexto donde se enfrentan las dos mentalidades.

Al que hace así las cosas, Jesús le asegura ya desde ahora una nueva familia ("casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras"), pero sin la figura de dominación -el padre- (como enseñó el domingo pasado), y después -en el futuro- la vida eterna, por la que había preguntado el rico.

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILA
(Matrimonio, trabajan ambos, tres hijas, pertenecen a movimiento seglar)  

Este pasaje nos lleva a constatar la necesidad de revisar las razones de nuestro seguimiento, las que podemos estar testimoniando, de manera consciente o inconsciente, a nuestras hijas; a vigilar la pureza de nuestras intenciones; a querer desterrar lo que el mismo pueda tener de interesado, de búsqueda de seguridades en el “Más Allá”. Nos gustaría no hacerlo “para heredar”; querríamos no utilizar nuestro seguimiento como moneda de cambio (“ya ves que nosotros...te hemos seguido”), esperando nuestra recompensa;  que  obtener “vida eterna”  sea la consecuencia, no lo que lo motiva. Querríamos, al igual que esperamos de nuestras hijas una confianza ciega en que queremos lo mejor para ellas y se dejen llevar por nosotros, proceder de ese modo respecto de Dios; querríamos que nuestra fe estuviera impregnada de confianza en el Padre Bueno, abrirnos a Él, permitir su acción en nosotros ("Es imposible para los hombres, no para Dios"),  y saber reconocerla cuando se produce,  no poniéndonos nosotros las medallas; querríamos dejar de ver el Reino como un “futurible”, porque Jesús nos dice que podemos entrar en él ya (“recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más”), y a estas alturas deberíamos ya saber de Quien “nos hemos fiado”.
También nos confronta con nuestra labor “evangelizadora” en casa; o, más bien, con nuestra labor poco o nada “evangelizadora” en casa; con lo poco que mostramos la puerta de entrada al Reino a nuestras hijas. Seguimos buscando seguridades en lo que el mundo y el dinero nos ofrecen para nosotros y para ellas; en estos momentos,  especialmente para ellas; queremos que les vaya bien en sus vidas, y para ello (y eso nos sirve de excusa), fomentamos actitudes orientadas a la obtención de esas seguridades (un trabajo seguro, una casa segura,...), olvidando con demasiada frecuencia recordar que, una vez obtenidas, no han de quedar en beneficio exclusivo de ellas, que han de revertir en utilidad de los que no las han podido alcanzar o a los que circunstancias de la vida se las han arrebatado.
Por último, nos damos cuenta que, en el fondo, lo que pensamos es que ese “despréndete de todo y sígueme” no puede ir con nosotros, que tenemos una familia, unas hijas de las que cuidar, proveer a sus necesidades. Y se nos viene a la mente el testimonio de una familia amiga de la nuestra que, tras vivir solidaria y austeramente todo el año, al final del mismo, lo no gastado, no lo meten en una cuenta de ahorros a su nombre, sino que lo donan; o el de aquellas otras familias que se van al completo, hijos pequeños incluidos, de misión o a trabajar con alguna ONG en primera línea de necesidad ...

DESDE LA MISIÓN
(Mujer, divorciada, trabaja, dos hijos, participante en experiencias misioneras, pertenece a grupo seglar)

Cada vez que leo la narración de este encuentro de Jesús con el joven rico, me gusta imaginar que cuando llegó a su casa, lo estuvo reflexionando, puso sobre la balanza lo que ganaba y lo que perdía, y no tuvo duda: eligió seguirle. Quizás no hemos vuelto a saber de él a través del Evangelio porque quedó como una persona anónima; no fue uno de los discípulos principales, pero quizás sí una de las muchas personas que, una vez que se encontraron con Jesús, no pudieron volver a apartar su mirada de Él. Este año celebramos el año de la vida consagrada, y muchas veces identificamos a las personas consagradas como las únicas que lo han dado todo, o lo dan todo. Un ejemplo muy claro son las misioneras. Cuando estás a su lado y las ves cómo se entregan, cómo han renunciado a todo, es fácil identificarlas como las personas que lo han dejado todo y han seguido a Jesús. Pero cuando nuestra mirada es capaz de penetrar más hacia el fondo de la realidad, se puede ver la entrega absoluta de otras muchas personas que quedan normalmente en el anonimato. Nos lo decía hace muy pocos días una misionera que ha estado más de cuarenta años en África, absolutamente entregada a su misión de sanar. Nos lo decía con toda su humildad: “no hubiéramos podido hacer nada sin la ayuda que desde España nos mandaban continuamente, a lo largo de décadas, un grupo de personas que allí nadie llegó a conocer, pero que fueron tan necesarias como nosotras”.
Jesús sale continuamente a los caminos, y una y otra vez nos invita a seguirle. Y también nos da su mensaje esperanzador: Para Dios nada es imposible. En nuestras manos está escuchar y aceptar su llamada; como laicos tenemos un papel esencial y precioso en la construcción del Reino. Podemos llegar a tantos sitios que necesitan una mirada de cariño, como la de Jesús para con el joven rico. No desperdiciemos esa oportunidad.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(Mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Te damos Gracias, Dios Padre Bueno y Todopoderoso,
porque Tú nos recuerdas hoy que para Ti nada hay imposible
y que sólo Tú tienes poder para convertir nuestro corazón.
Te damos Gracias, Dios nuestro Misericordioso,
porque Tú nos invitas a no poner nuestra confianza en el dinero
ni en ningún otro bien material perecedero, sino sólo en Ti
y en tu Evangelio que nos llena el corazón de alegría
y nos da una vida llena de abundancia que jamás nos arrebatarán.
¡No permitas que nada ni nadie nos separen jamás de tu Amor!
Sólo tu Amor y Misericordia pueden transformar nuestro corazón
y hacer de nosotros personas generosas que decidan seguirte cada día,
compartiendo con nuestros hermanos, lo que tenemos y lo que somos.
¡Sólo tu Amor engendra maravillas y multiplica lo que somos,
y sólo tu Amor Misericordioso es más abundante que lo que poseemos!
Te damos Gracias porque hoy nos invitas no sólo a ser buenas personas,
sino a ser discípulos tuyos y cambiar nuestro estilo de vida, para seguirte.
Gracias por el Gran Regalo que Tú nos ofreces, como un gran reto diario,
para vivirlo con alegría y comunicándolo con esperanza: Tu Evangelio.
Señor y Dios nuestro, Todo Misericordia, te damos Gracias cada día
porque Tú nos Miras al corazón con Cariño, Ternura y Misericordia,
porque deseas que jamás nos marchemos tristes lejos de Ti, de tu Amor.
Gracias porque Tú nos enseñas a ser personas preocupadas por los demás,
por el dolor del hermano, en vez de preocuparnos de las propias ganancias,
y porque nos revelas que tan sólo Tú, Dios nuestro, eres nuestra Riqueza.
Ten Misericordia de nosotros y ayúdanos Tú a recordar cada día,
con confianza en Ti, que Tú Todo lo Puedes, para así iluminar Tú
nuestro camino diario de fe, a pesar de las dificultades, debilidades
y caídas en nuestro recorrer diario como seguidores y discípulos tuyos.
¡Gracias, Dios Bueno y Misericordioso, porque nos amas tal como somos!
¡Gracias por tu Mirada Cariñosa y por tu invitación diaria a seguirte!  Amén

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(Matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Me llama la atención el final del evangelio, "...recibiréis cien veces más ahora..., y en el futuro la vida eterna." ¡ Qué verdad es esto!. Los momentos vividos en la vida terrena, de esta forma tan revolucionaria que nos relata Jesús, por nuestra propia experiencia, sabemos que son pequeños" trozos de paraiso" que nos llenan de felicidad. Es decir, no hay que esperar a la vida eterna, ya sabemos de sus bienes aquí, en nuestro obligado tránsito por el mundo.
¡Y eso es genial! A veces no sabemos expresar a personas que no creen, o que no comparten nuestra manera de hacer las cosas, el por qué actuamos o pensamos así o por qué creemos en Dios... Quizás baste con decirle lo bien que nos sientan esos "pedacitos de cielo", saboreados cuando damos algo de nuestro tiempo, cuando amamos al otro como nos gustaría que nos amara a nosotros, cuando compartimos, cuando  nos sentimos más parecidos a Jesús...El Señor lo quiso así, pensaría: "estos pobres, para qué van a esperar tanto, les voy a dar a conocer algo de la vida eterna, voy ayudarles a tener alguna certeza de que Dios existe, que la Palabra no cae en saco roto, que es Verdad, y que, a pesar de los sacrificios, de lo que les cuesta amar en ocasiones, los frutos y los regalos de nuestro Papá-Dios los van a poder recoger cada dia, en forma de alegría y paz interior, pero se los tienen que ganar...".
Hoy tratamos un tema fundamental de nuestra sociedad tan consumista. Y es que tiene razón el Señor al aconsejar con cariño al joven bueno (me gusta también mucho lo de "con cariño", ¡qué importante esto para cuando nos ponemos a aconsejar a alguien...!) , nuestra vida, si nos descuidamos, da vueltas en torno al dinero. Vivimos por y para el trabajo, con mil excusas, que hay que pagar esto y lo otro, que tenemos que asegurar un futuro para nuestros hijos, que la responsabilidad empieza desde el ahorro... Al final, como dice la sabiduría popular, "no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita".
Por tanto, hagamos un serio examen de conciencia a la hora de afrontar inversiones, obras, compras importantes...al final, todo eso puede condicionar nuestra vida para siempre.
¿ Por qué esa casa tan grande, por qué ese coche tan moderno, por qué tantas y tantas cosas que nos llegan a esclavizar...?
Hagamos el ejercicio en cosas pequeñas, cuando nos pidan aquella chaqueta que tanto nos gusta, cuando alguien se siente en nuestro sitio preferido, cuando nos cambien de canal y perdamos la serie que nos gusta tanto... son esos pequeños gestos los que nos hacen desapegarnos de cosas, y al final, para lo grande, nos saldrá por inercia.

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Comentarios

Lucrecia Lopez Lucrecia Lopez
el 11/10/15
Gracias por la publicación, me esta ayudando en mi desierto. Y me esta ayudando a crecer.
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