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Evangelio Seglar para el Domingo 15 de noviembre de 2015)

Laiconet -

PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 24-32

Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre."

SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILA
(Matrimonio, trabajan ambos, tres hijas, pertenecen a movimiento seglar)  

Aunque el texto está redactado en el “futurible” propio de un tono apocalíptico/escatológico, nos parece que la simbología que incorpora contiene aspectos muy “presentes”, y, como familia, nos ha interpelado triplemente.
En primer lugar, nos vuelve a recordar que nuestro pequeño núcleo familiar está llamado a fundirse con la inmensa familia humana; que no podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos; que debemos profundizar en nuestro sentimiento de pertenencia a Algo más grande, de unidad con todo y todos, sin exclusiones, pues todos somos llamados (“de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”) y, por tanto, elegidos.
A continuación, ese “sabed que él está cerca, a la puerta”, nos ha llevado a recordar Apocalipsis 3, 20: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”.  Que manera tan hermosa, dulce y tierna con la que el Padre expresa su cercanía y disponibilidad para con nosotros, su deseo de encuentro, como es Él el que toma la iniciativa…!!! Advertimos que nunca hemos comentado este texto en familia, y esa constatación nos llevó a otra: que quizás estemos manteniendo a nuestras hijas un  tanto “infantilizadas” en su fe; que las consideramos “adultas” para unas cosas y en las cuestiones espirituales no interactuamos con ellas en un plano de mayor madurez.  Acto seguido, hemos mandado al grupo familiar de WhatsApp este texto, llamando la atención sobre tan entrañable manera de invitarnos a estar con Él, y la oración como vía privilegiada para ello (cuando conseguimos que sea profunda, todo se “apaga”, todo se “diluye”, en nuestro rededor; solo estamos Él y nosotros).
Por último, nos invita a la familia, tan arraigada en lo terreno, tan desbordada por la cotidianeidad, a no aferrarnos a todo aquello que está llamado a caducar, a extinguirse, a un estar en guardia para no olvidarnos de ello, porque “¿a quien iremos? Tú tienes palabras de Vida Eterna”, y en ese desprendimiento, en esa liberación hallaremos contento y felicidad, accederemos a nuestra parcela en el Reino.

DESDE LA MISIÓN
(Mujer, divorciada, trabaja, dos hijos, participante en experiencias misioneras, pertenece a grupo seglar)

Estos signos de tragedia y oscuridad con los que empieza el Evangelio de este domingo contrastan enormemente con el mensaje de esperanza que viene a continuación. Y es un buen símil porque hay pocas cosas que hayan atemorizado tanto a la humanidad como cuando se desatan los elementos: las tormentas, los huracanes, los temporales…  No me sorprende que la señora Eligia, de los cerros de Humahuaca le pidiera al misionero que bendijera la casa, y también le dejase bendito un cántaro de agua para que ella pudiese rociar las paredes y el gallinero cuando llegasen las tormentas. Me hizo gracia esa fe sencilla de querer proteger las cosas con agua bendita, pero luego me he sorprendido a mí misma rezando detrás de la ventana bien atrancada cuando ha habido una gran tormenta. ¡Cómo no iba ella a necesitar la protección de toda el agua bendita posible, estando detrás de esas débiles paredes de adobe, y bajo un techo de ramas y paja! No hay sol más bonito que el que vemos después de una tormenta. Reconforta el alma. Así  mismo es la promesa de Dios, que nos ha prometido estar aquí antes de que pase esta generación; que cumple su promesa en cada uno de nosotros. Quizás por eso los Hermanos de Cruz Blanca de la Casa Nazaret de Tánger vuelven al tajo un día tras otro, porque la tormenta de su dura tarea de cada día con los internos se debe iluminar cada anoche con la visita de Dios majestad. Quizás también por eso los habitantes de la Misión de Zhomba en Zimbabwe confían esperanzados en el día de la liberación, que iluminará sus vidas azotadas por las tinieblas. Así también nosotros volvemos a levantarnos una y otra vez, con más fuerza cuanta más oscuridad hemos sentido, porque el sol que nace de lo alto viene a iluminarnos y a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?

(Mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Te damos Gracias, Dios nuestro Misericordioso,
porque Tú estás Presente y cerca nuestra,
nos amas y nos sigues llamándonos cada día
para permanecer reunidos junto a Ti.
Te damos Gracias porque tu Palabra Viva
nos ilumina y permanece siempre con nosotros
para poder escucharla y acogerla, guardándola
día a día, en lo más profundo de nuestro corazón.
¡Gracias porque tu Palabra siempre permanece!
Dios nuestro Misericordioso, te alabamos y agradecemos
que hoy, como cada día, nos invitas y nos animas a caminar
hacia el Encuentro contigo, y junto con cada hermano nuestro,
porque tu Voluntad es reunirnos a todos en torno a Ti,
formando una Gran Familia donde se viva la Fraternidad.
Tú, Dios nuestro, que eres Bueno y Misericordioso,
ayúdanos a ser siempre fieles a tu Amor y a tu Misericordia,
y guíanos en todo momento con la Luz de tu Palabra de Vida,
para que nuestra fe crezca, madure y se fortalezca cada día.
Te alabamos y te damos gracias por ser miembros de la Iglesia,
y te pedimos que nos transformes en testigos sinceros y valientes
de tu Reino de Vida, en medio de nuestra vida cotidiana,
para comunicar a todos sin cansancio la alegría de tu Evangelio,
siendo instrumentos tuyos para llenar nuestro mundo de Esperanza.
Amén

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?

(Matrimonio, 3 hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Dos cosas a resaltar:
1.- "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán..."
Podremos intentar disfrazar o enturbiar la Palabra lo que nos empeñemos, decir que está pasada de moda, que tiene que adaptarse a los tiempos, que no se adapta a la vida de hoy en dia... pero, si nos paramos a pensar, y meditamos desde una oración profunda cada situación, descubrimos inevitablemente que no es así, que el mensaje de Jesús sigue vigente a pesar de todo y de todos. Ahí radica su fuerza y su verdad, en que permanece encarnada en un Amor que deja huella.
Experimentamos a menudo que las cosas que quedan "grabadas a fuego", que forman parte de ese "hilo de oro" que une la historia de salvación de cada uno en particular, son aquellas cosas que han estado llenas de ese amor que, en la mayoría de las ocasiones, han estado además precedidas de una renuncia y de un "morir a uno mismo". El amor nunca pasa, cala poco a poco y deja una marca imborrable. Por tanto, nunca pensemos que cae en saco roto, que no merece la pena, no, puede que nosotros no veamos los fruto, pero habrá quien los vea gracias a que nosotros pusimos nuestro grano de arena, fuimos dignos instrumentos de Dios para que su Amor se manifestase y permaneciera.
2.- "Saber leer los signos de los tiempos"
Parece que los fenómenos sociales ocurren de un dia para otro y no es así, tienen una larga gestación y se manifiestan en un determinado momento a partir de un detonante. El fenómeno de los refugiados sirios es una manifestación de un cuadro más amplio que marcará nuestra era como la "era de las migraciones" donde intervienen condicionantes y fenómenos que no conocen fronteras (contaminación, cambio climático, desigualdad económica, radicalismo religioso, nacionalismos...). Y nosotros no podemos estar ajenos a lo que sucede, hay que arrimar el hombro en la sensibilización, en la recogida de fondos, en la colaboración al desarrollo de los más empobrecidos, en reciclar y hacer un buen uso de los bienes que Dios puso a nuestra disposición,en el respeto por la naturaleza...No nos desanimemos, que cada uno empiece por sí mismo, con gestos, con voluntariados, opinando, protestando...
Y algo muy importante, quien está cerca de Dios, quien con una oración perseverante está en su onda, seguro que capta e interpreta con más facilidad estos signos.

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