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Evangelio Domingo 1 de febrero de 2009

Coordinadora de Evangelio Seglar - www.laiconet.es -
Lee el Evangelio de este domingo
Elige el comentario que quieres leer: Matrimonio y familia, Educación de los hijos, Abuelos, Trabajo, Economía, Enfermedad, Tercer mundo, Transeúntes, Social, Ancianidad.
Reza con esta Oración a propósito del Evangelio.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios." Jesús le increpó: "Cállate y sal de él." El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: "¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen." Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor


DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Hay personas que pueden hablar, escribir, decir con autoridad,y eso es porque hablan con el corazón, porque hablan desde su sentir y su hacer. El amor, en ocasiones, hace que justifiques todo lo que hace tu pareja, el amor, desde luego mal entendido, porque, como dice la canción “no te amo menos, si te digo no”; pero, en ocasiones, damos autoridad, concedemos credibilidad a nuestra pareja, de cualquier cosa que dice o hace. Sin embargo, cuando uno habla coherentemente, no de lo que escucha, de lo que cree, de lo que cree que siente, sino que es capaz de hacerlo vida, de amarlo, de lucharlo, de sentirlo,  es entonces, cuando se habla desde Dios, se habla con autoridad, se obra en verdad. Entre nosotros, nos admiramos, nos gustamos, nos queremos, nos mandamos, nos obedecemos, nos enseñamos, nos equivocamos, nos perdonamos, es nuestro amor el que nos hace sentir todo esto, el amor y el amor de Dios sobre nosotros, es la única autoridad que conocemos

DESDE EL TERCER MUNDO
(matrimonio con un hijo, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
El evangelio de hoy nos muestra tres actitudes de Jesús que deberíamos tener presentes en nuestra vida. Por un lado, Jesús se acerca al hombre que tiene un demonio dentro. Con su cercanía y su amor hace que el “demonio” quede fuera de combate. Nosotros… ¿sabemos hacernos cercanos a los que nos rodean, sobretodo aquellos con más demonios (miserias, odio, enfermedades…)? ¿Compartimos sus preocupaciones, dificultades y penas?
Por otro lado, Jesús no va a la sinagoga a pasar el rato ni por interés propio; va a enseñar, pone el corazón en aquello que hace. También nuestra actitud debe ser la de entrega y servicio totales hacia la sociedad en la que nos encontramos, aunque sepamos que estaremos en este país por un tiempo limitado.
Finalmente, Jesús habla con una autoridad que nace de lo que hace y cómo lo hace, y no de lo importante que es. En este país en el que por el solo hecho de ser extranjeros ya tenemos autoridad, que sepamos conservarla por lo que hacemos y cómo lo hacemos, por la relación que tenemos con la gente y la justicia de nuestros actos.


DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Jesús enseñaba con autoridad. Y eso es lo que distinguía, lo que hacía su enseñanza nueva, diferente. Una verdad que cura el cuerpo, el alma, el corazón. Todo esto nace también del respeto de Jesús hacia la humanidad y de la respuesta de quien lo escucha, también desde este mismo respeto. Un valor que cuesta desarrollar hoy en día pero que es muy apreciado. Gusta cuando ante un paso de peatones los coches paran y te dejan pasar, cuando ayudamos a un vecino mayor con las bolsas de la compra, cuando no interrumpimos las conversaciones, cuando somos puntuales en las citas…a lo largo del día tenemos muchas ocasiones para manifestar que no estamos solos. En casa y por la calle podemos practicar el respeto con nuestros hijos. Si vemos un rato de tele con ellos observando y reflexionando lo que advertimos que está mal hecho, pidiendo permiso para entrar en las habitaciones o en el baño, compartiendo las tareas domésticas, no levantando la voz aunque estemos enfadados, cediendo el interior en las aceras, guardando turno en las colas. Respeto = me doy cuenta de que no estoy solo = me fijo en los demás = amo al otro por lo que es.

DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos  empleados de empresa, con dos hijas, pertenecen a comunidad cristiana)
Enseñar con autoridad. Todos hemos vivido experiencias en las que alguien nos enseña o nos acompaña con autoridad. Son muy buenos momentos, disfrutamos, ansiamos mejorar, esa persona nos da vida. Es una autoridad que nos amplía el horizonte, no oprime ni obliga.
Este año ha sido un año excepcionalmente duro de trabajo en mi empresa, para todos los empleados. Unos más y otros menos han sacrificado vacaciones, tiempo familiar, tiempo de descanso... y después de todo esto, en la comida de Navidad de la empresa, un empleado, uno de los que más ha sufrido, habló espontáneamente a todos. Dio cuenta de cuánto tiempo habíamos perdido de vida dedicándola al trabajo, pidió que fuéramos conscientes de ello y que cada uno de nosotros y entre todos trabajáramos para que esto no ocurriera, que no se repitiera el año que habíamos pasado. Fueron palabras sinceras, inesperadas y que calaron. Esta ha sido la última experiencia que he tenido en la que alguien me enseñó con la autoridad con la que Jesús enseña.



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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Ana Ana
el 3/1/10
Jesús es autoridad porque deseamos seguirle. No nos impone, nos acoge, perdona y acepta. Jesús se acerca sin miedo al qué dirán, a cuantos estarán en contra, a si lo apoyan o no. El no espera reconocimientos, ni tiene intereses personales o grupales en disfavor de otros. Jesús recibe la autoridad del Padre, porque como Hijo ama, como Dios.
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