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Estratégica agresividad

Daniel E. Benadava. -
En la población argentina se esta desarrollando un creciente malestar debido a la “estratégica agresividad” con la que Néstor y Cristina Kirchner, y sus “aliados” políticos,  tratan a los productores agrarios que desde hace meses protestan contra las políticas rurales que el gobierno argentino busca implementar.

Un matrimonio “huraño y agresivo”.

Según el diario español El País Cristina Kirchner conforma con Néstor Kirchner un matrimonio que posee un “carácter huraño” y, así mismo, preside un país del que nadie habla en Europa “excepto por sus excelentes futbolistas y porque visitar hoy Buenos Aires es barato gracias a la fortaleza del euro”.

Ahora bien, también en estos días la Argentina está acaparando cierta atención internacional por la “inusitada agresividad” con la que Néstor y Cristina Kirchner se manifiestan sobre los productores agrarios que, desde comienzos de marzo del presente año, sostienen una protesta que mantiene en vilo a la población argentina.

En efecto la presidenta argentina, lejos de establecer “puentes sinceros” para dialogar “en paz” con los productores rurales de su país, semanas atrás sostuvo “Tengo aguante, pero no de ahora, sino desde hace muchísimo tiempo. Y les puedo asegurar que no voy a defeccionar en esta lucha, que no es mía sino de todos los argentinos”.

Por su parte Néstor Kirchner, en vez de procurar colocar paños fríos sobre un conflicto que amenaza con convertirse en una herida que tardará largo tiempo en cicatrizar, afirmó que los productores agropecuarios “van a tener una derrota deshonrosa. Los voy a poner de rodillas”.

“Fuerzas de choque” aliadas.

Una de las “herramientas” que poseen Néstor y Cristina Kirchner para enfrentar el conflicto agrario argentino es el apoyo que le brindan las diferentes “fuerzas de choque” que son encabezadas, entre otros, por el presidente de la Federación Tierra y Vivienda -FTV-, Luís D'Elía;  y por el Secretario General del Sindicato de Chóferes de Camiones General, Pablo Moyano.

Así, por ejemplo, la última marcha que se desarrolló a fines de marzo en favor de los productores agrarios argentinos, en la Ciudad de Buenos Aires, fue dispersada a golpes de puños por Luís D'Elía quién, luego de haber protagonizado junto con sus seguidores el mencionado incidente, afirmó “Tengo un odio visceral contra por la puta oligarquía que tiene las manos llenas de sangre de pueblo... Odio a las clases altas argentinas”.  Además, días atrás el mismo Luís D'Elía afirmó “Si este paro, “lock out patronal”, se profundiza o endurece sus términos, sepan que en el marco de las contradicciones, imperio- nación y pueblo-oligarquía, no sólo vamos a debatir, sino que vamos a hacer acciones concretas en toda la Argentina”.

En la misma “sintonía” que el líder de la FTV, y frente a la posibilidad de que los productores rurales argentinos -en el marco del paro que llevan adelante- corten las rutas de la República Argentina, Pablo Moyano sentenció “o pasan todos (camiones, colectivos, autos, camionetas) o no pasa nadie. Al primer camión que paren en el país, los compañeros sabrán lo que tienen que hacer”.

“Incondicional” respaldo partidario.

Así mismo Cristina Kirchner, para hacer frente al conflicto agrario que se desarrolla en el país que ella preside, cuenta con el “incondicional” apoyo que le brinda el Partido Justicialista -PJ- que, además de ser el partido político mas importante de la Argentina por la cantidad de adeptos que tiene, esta presidido por Néstor Kirchner quién, en una de las primeras declaraciones públicas que realizó desde su nuevo rol politico, sostuvo “este ex presidente no le tiene miedo si se tiene que poner al frente de millones de argentinos para acompañar con todas las fuerzas a la Presidenta por la distribución del ingreso... Sé que tengo que estar en el campo de batalla para defender a nuestra presidenta”.

En este contexto de “agresividad e ira” el pasado 14 de mayo, fecha en la que Néstor Kirchner asumió oficialmente como presidente del PJ, millones de argentinos observaron con espanto y asombro como paradójicamente mientras la presidenta argentina convocaba “a todos los argentinos, sin distinción de banderías ni pertenencias, a debatir y discutir en un marco democrático para profundizar la transformación y el crecimiento”,  los integrantes del Sindicato de Chóferes de Camiones General se “batían a duelo” -con piedras y palos- con los miembros de la Unión Obrera de la Construcción.

Creciente descontento social.

Los agresivos acontecimientos descriptos en los párrafos anteriores, y la prolongación en el tiempo de la protesta que  desde hace meses sostienen los productores rurales argentinos, están favoreciendo que se produzca una acentuada disminución de la popularidad de Néstor y Cristina Kirchner ya que son muchos los que sostienen que el gobierno argentino, por las diferentes actitudes que adoptó a lo largo del conflicto agrario, no tiene una verdadera intención de promover una equitativa distribución de las tierras y riquezas argentinas entre los que menos tienen.

En efecto por la política agraria que ha puesto en marcha hasta el día de hoy el gobierno argentino, la presidenta argentina está lejos de poder ser considerada “progresista y popular” ya que, por ejemplo, nunca menciona la imperiosa necesidad de realizar una auténtica reforma agraria -que propicie una urgente distribución de las tierras entre las familias campesinas e indígenas de la Argentina-;  jamás propone bajarles las retenciones a los pequeños productores rurales y, paralelamente, subírselas a los grandes terratenientes argentinos;  y, presidiendo un país que tiene las “condiciones de producir alimentos para 400 o 500 millones de personas” -según lo sostuvo Cristina Kirchner-, no es capaz de brindarle una solución a miles de argentinos que tienen serias dificultades para comer cotidianamente.

Según muchos analistas políticos tanto los “avatares” mencionados anteriormente como las necesidades básicas insatisfechas de millones de argentinos, como lo expresó el Episcopado Latinoamericano en el año 1968, están conduciendo a la Argentina a  “una situación de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada -ya que- por defecto de las estructuras de la empresa industrial y agrícola, de la economía nacional e internacional, de la vida cultural y política, poblaciones enteras faltas de lo necesario, viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política, violándose así derechos fundamentales.  Tal situación exige transformaciones globales, audaces, urgentes y profundamente renovadoras.  No hay que abusar de la paciencia de un pueblo que soporta durante años una condición que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor conciencia de los derechos humanos.”
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