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¿Estamos en Comunión?

Francisco Carín -

    Por fin se acabó todo en Beijing, olimpiadas y paraolimpiadas. La noche de la ceremonia de cierre de las paraolimpiadas el cielo era claro y limpio. Se veía claramente la luna casi llena ante la cual millones de Chinos celebraron dos días antes el festival de otoño. El día 18, sin embargo, amaneció gris y pesado, como si la madre naturaleza estuviera cansada de haber hecho un esfuerzo para dar a Beijing, graciosamente, un tiempo inmejorable durante las competiciones. Algún día que otro la lluvia hizo acto de presencia en las tardes de competición, pero claro, el mundo no sólo son olimpiadas, también hay arboles, hierba y animales no humanos que necesitan de algo de agua para sobrevivir.

    Pese a lo exitoso de los juegos paralímpicos, Beijing (y toda China detrás) necesita mejorar en la accesibilidad a los discapacitados. No es cuestión de aceras con caminos señalados para las personas ciegas, o de ascensores para los discapacitados físicos en las estaciones de metro... no es cuestión de "hardware", algo en lo que, de hecho, Beijing sobresale por encima de China, quizá incluso por encima de Shanghai.

    Los juegos paralímpicos han ayudado, creo, a aumentar la conciencia entre la población China de la valía de las personas discapacitadas en medio de la sociedad. Para triunfar en la vida no se necesita un cuerpo 100, una mente 100, perfección 100, más importante que todo eso es coraje 100. Por supuesto que los atletas olímpicos también tienen sus historias de coraje y esfuerzo, privaciones y sacrificios... pero los atletas paralímpicos añaden a eso, además, el coraje de dar la vuelta a lo que el destino parecía haberles mandado como un irreversible futuro de limitación de sus sueños. No obstante aun hace falta mucho "software" por implementar en la sociedad China. Un paseo con ojos de ciudadano (no de turista) te hace ver como cruzar -sin ayuda- un semáforo en China para una persona ciega o discapacitada es un acto de heroísmo puro; cuando la luz da prioridad a los peatones, los coches siguen pasando, te pitan, a derecha y a izquierda. Intentar entrar en muchas estaciones de metro es una verdadera aventura; hay que sobrepasar la fila triple de carros, coches y demás parafernalia que se encuentran entre la calle y la puerta de la estación. Como extranjero, aunque mi dominio de la lengua China no es excelente, me puedo manejar bastante bien. Seguramente mi pronunciación sea mejor que la de muchas persona con discapacidad auditiva y lingüística; sin embargo pocas veces encuentras a dependientes que intentan entenderte y hacerse entender cuando ven que no captas la idea o que no eres capaz de expresarte adecuadamente.

    El problema, básicamente es uno sólo: aun no ha calado aquella máxima proclamada por Confucio y Jesucristo posteriormente: trata a los demás como quieras que te traten a ti, (o a la inversa, no trates a los demás cono no quieras que te traten a ti). Hablando en plata: "trata de ponerte en la piel del otro, anda unos kilómetros con sus sandalias" etc. En la sociedad China aun no ha entrado la idea de que la mejor forma de ver el conjunto de la realidad es verla no sólo desde tu perspectiva, sino, también, desde la perspectiva del otro; algo que en la cultura Judeocristiana esta más presente desde aquel "sal de tu tierra" de Yahvéh a Abraham, o dicho con otras palabras abre tu vida a más perspectivas que la tuya.

    Cuando tomo el autobús para ir a la Universidad, suelo sentarme en un asiento no prioritario, y suelo levantarme al poco al ver como los asientos prioritarios están ocupados pero nadie se levanta para cederlos... a no ser que la tiquetera le pegue un grito a alguno.

    Ayer monté en la línea 456, en la cabecera de línea. Mi viaje es de al menos una hora. La segunda parada desde la cabecera es el Hospital Infantil de Beijing. Suben padres con sus niños de meses y no parece ser asunto de nadie. Sube una pareja joven, con un niño de un mes y poco más, quizás. Felices por su retoño -precioso por cierto- gente sencilla que tiene que tomar el autobús de vuelta a casa... un largo camino (ellos se bajaron después que yo) . Él lleva al niño en sus brazos, ella las bolsas con las radiografías (¿serán del riñón por eso del fraude de la leche materna con melanina?). Me levanto y les cedo el sitio, pese a no ser prioritario; ellos se sienten un poco confusos... ???? (bu hao yi si) que suelen decir en Chino (algo así como que vergüenza literalmente "mal significado") ... no, pienso yo, ???? (hen you yi si, tiene mucho significado). Yo en esa pareja con la criatura quise verme a mi, a mi madre, qepd, y a mi padre, jóvenes ellos, volviendo del médico conmigo; por eso mi acción no fue un simple acto de generosidad-delicadeza-deferencia (que ya es bastante) sino un momento de comunión. En la Eucaristía reconocemos la presencia de Cristo en medio de nosotros en el pan y el vino. En el autobús me reconocí y reconocí a mis padres; esa pareja anónima se hizo, en aquel momento, sacramento de vida, esperanza y comunión. Para un cristiano solo hay una forma de ver la realidad, y es tridimensional: desde uno mismo, desde el Otro y desde Cristo Jesús. Sólo entonces llegaremos a descubrir lo que significa Evangelio, que no es otra cosa que "buena noticia". Aquella tarde, yo les lleve la buena noticia de un asiento y ellos me entregaron la buena noticia de un acto de comunión.


    NB: "Están en Comunión" es la frase -inspirada- que la hija de una pareja de la Asociación de Antiguos Alumnos del Claret de Madrid respondió a un visitante que en llegando a la casa de Gil Garcia no veía a nadie y preguntó ¿Donde están los demás? -Están en comunión, respondió ella con inspirada inocencia. Esa frase se escribió después en la pared de la sala principal Estáis en comunión; Ojalá fuéramos capaces de vivir así el día a día.

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