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Errante y violenta política gubernamental

Daniel E. Benadava -
    El conflicto agrario argentino ha dejado al descubierto la errante, y violenta, política implementada por Cristina Kirchner que, en no pocas ocasiones, atenta contra la paz social del país que ella preside.

En el campo existen luchadores sociales.

Tanto Cristina Kirchner como el Partido Justicialista, que está presidido por su esposo Néstor Kirchner, plantean  que “ante el antidemocrático ataque -realizado por los productores rurales- que con ánimo destituyente y falta de respeto a la voluntad popular se ha hecho a la Presidenta y a los gobernadores”, se debe “construir un nuevo país, frente a los agoreros y golpistas que pretenden detener los cambios como en 1930, 1955 y 1976”.

Esta afirmación no se condice con la realidad ya que, si bien es cierto que algunos integrantes de la Sociedad Rural Argentina -que agrupa a grandes productores agrarios- apoyó a la última dictadura militar argentina sosteniendo: “Las Fuerzas Armadas debieron por fuerza y en contra de sus propios deseos llenar un vacío de poder. La lucha contra la subversión ha sido llenada con alto valor y éxito creciente. Se han puesto en marcha las acciones que conducen a la Argentina a un destino de orden, progreso y felicidad”;  no se puede decir que los pequeños y medianos productores rurales, que componen la Federación Agraria Argentina -FAA-, sean golpistas o antidemocráticos.

En efecto, en el Congreso Anual Trabajo, producción y equidad: Para volver a ser Nación,  que realizó la FAA en el año 2003 se concluyó: “la dictadura militar no solo despobló mediante el exterminio y el exilio. Con su modelo económico sobraba y sobra gente, especialmente la gente pobre...  El modelo neoliberal supone, marginalidad social y esta supone marginalidad política y esto, todo junto, produce inmovilidad social, incapacidad de construir poder para cambiar y esto consagra en el sistema a los grupos de poder. Esta es la trampa que tenemos que empezar a cambiar”.

Entendiendo esta clara diferenciación la Corriente Clasista y Combativa -CCC-, que es una corriente político-sindical que trabaja en el seno de todas las centrales con una línea de independencia de clase, a través de su dirigente Juan Carlos Alderete, días atrás afirmó que en el actual conflicto agrario “de lo económico se pasó a una lucha política. Y esto ha sido así por el grueso error del Gobierno de haber cortado sin distinciones. Si hubiesen dejado a los chicos y medianos a un lado y hubieran ido sólo por los grandes, no habrían permitido que las entidades -rurales- se unieran... Nosotros y la Federación Agraria Argentina (FAA) estamos hermanados, casi con el 40 por ciento de la conducción a nivel nacional”.

Mártires cristianos.

El pasado 5 de junio el Episcopado Argentino emitió un documento en el cual planteó: “Consideramos que la solución sólo puede encaminarse mediante gestos de grandeza... aunque hubieran reclamos justos, no es en las calles ni en las rutas donde solucionaremos nuestros problemas. Pedimos, por ello, encarecidamente al Gobierno de la Nación que convoque con urgencia a un diálogo transparente y constructivo, y a los sectores en conflicto que revean las estrategias de reclamo”.

Una vez conocido el comunicado Néstor Kirchner rápidamente desestimó la idea que el Episcopado Latinoamericano interviniera como mediador entre el gobierno y los productores rurales y, así mismo, aprovechó la oportunidad para afirmar que la Iglesia -según su parecer- había mantenido un “conservador silencio” durante la última dictadura militar lo cual representa un grave “error histórico” ya que muchos cristianos fueron asesinados, y torturados, por denunciar las violaciones a los derechos humanos que los militares protagonizaron durante la década del '70 del siglo pasado en la Argentina.

Entre los numerosos mártires cristianos se encuentran, por ejemplo, el Padre Carlos Múgica quién sostenía: “minorías se han enriquecido a costa del sufrimiento del pueblo argentino y pretenden seguir usufructuando sus privilegios. En la medida en que un hombre de la Iglesia viva unido a Cristo, más dispuesto estará, como Cristo, a dar su vida por la causa del pueblo.”;  el Obispo Enrique Angelleli, quién afirmaba: “como Jesús quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres... existen unos que no tienen voz que son marginados y explotados, y otros que tienen privilegios y explotan a los demás.  Dios no quiere eso”;  y el Obispo Carlos Horacio Ponce de León, quién decía: “Nos sentimos desbordados pero no derrotados.  Ni somos pesimistas.  Sabemos que  estamos en la lucha -con la clase trabajadora, los familiares de desaparecidos, los obreros y sacerdotes encarcelados- con la esperanza que nos da Cristo y nos transmite su alegría pascual”.

Aumenta la pobreza y la represión social.

Entre los millones de argentinos que no creen que Cristina Kirchner esté realizando una verdadera “opción... por los pobres, por los que menos tienen, por los que más necesitan, por los que más sufren” (tal como lo sostuvo la presidenta argentina días atrás) se encuentran el padre Jesús Olmedo -Misionero Claretiano y ganador del Premio Internacional Luchador Destacado por los Derechos Humanos otorgado por la Coalición Española contra el Racismo, la Xenofobia y las Discriminaciones Relacionadas- y los integrantes de la CCC quienes, junto con campesinos del monte que viven de su producción y diferentes organizaciones de derechos humanos, a principio de junio realizaron una marcha donde denunciaron el aumento del hambre en el norte argentino.

La mencionada manifestación, en la que muchos se crucificaron con el fin “llamar la atención de las autoridades nacionales para que vean la pobreza que hay en la puna”, concluyó con la toma de la Municipalidad de la Quiaca -localidad ubicada en el norte de la Argentina- y la posterior brutal represión policial que, con el objetivo de desalojar la citada institución pública, provocó que 34 personas resultaran heridas.

Una vez finalizada la protesta social, el padre Jesús Olmedo planteó: “Yo tengo infinitas marchas encima, pero jamás vi una represión tan violenta, tan dura... Se puede hablar de un 60 por ciento de habitantes en la zona que están por debajo de la línea de pobreza y se hunden cada vez más.  La pobreza se está agravando de nuevo.  La desnutrición infantil ronda el 50 por ciento: en la región existen 89 comedores que reciben a 2000 chicos por día, es imposible alimentarlos diariamente con los 50 centavos que recibimos del gobierno...  Que no se fije tanto en los trapos -vestimenta- la Presidenta, porque nosotros estamos descamisados”.

Así mismo el aumento de la represión estatal se vio reflejado el pasado 14 de junio cuando, en la provincia de Entre Ríos, la Gendarmería Nacional Argentina detuvo por unas horas a 19 productores rurales -entre quienes se encontraban un menor de edad y el líder de la FAA Alfredo De Angeli- que se encontraban manifestando sobre una ruta.

Y, por último, en la noche del mismo 14 de junio -lejos de procurar pacificar a la convulsionada sociedad argentina- Luís D’Elía, líder de la Federación Tierra y Vivienda -que es una agrupación social que según muchos funciona como el “brazo armado” del gobierno argentino-, sostuvo: “Convocamos a hacernos cargo del artículo 21 -de la Constitución que plantea que Todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria- a movilizarse para detener este golpe cívico-económico, respaldar al Gobierno Nacional y reestablecer la paz y el orden”.

La soberbia gubernamental erosiona la paz social.

En respuesta a Cristina Kirchner, quién días atrás había sostenido que “la avaricia es uno de los pecados que Dios más condena, porque dice que es la que congela el corazón de los ricos y no les deja ver el sufrimiento de los pobres”, el presidente de Cáritas Argentina, América Latina y El Caribe, Monseñor Fernando Bargalló, afirmó que “el peor de los pecados es la soberbia, es el más grave, el primer pecado capital porque es el que más nos encierra en nosotros mismos y nos aleja de Dios y del prójimo”.

Continuando con esta línea de pensamiento muchos analistas sostienen que el alto  índice de soberbia que parecen tener Cristina Kirchner y sus seguidores provoca que el gobierno argentino posea una errante lectura de la realidad y no acepte ninguna crítica;  califique de “golpistas antidemocráticos” a quienes sólo son opositores políticos; y utilice a las fuerzas represivas del estado para dispersar a los argentinos que manifiestan su descontento contra las políticas económico – sociales que implementa la presidenta argentina.

Por las razones anteriormente señaladas millones de argentinos temen que se quiebre la paz social de su país ya que, como lo sostuvo el Episcopado Latinoamericano en el año 1968, “la paz es, ante todo, obra de la justicia.  Supone y exige la instauración de un orden justo... La opresión ejercida por los grupos de poder puede dar la impresión de mantener la paz y el orden, pero en realidad no es sino el germen continuo e inevitable de rebeliones y guerras... Si -las clases dominantes- retienen celosamente sus privilegios y, sobre todo, si los defienden empleando ellos mismos medios violentos, se hacen responsables ante la historia de provocar las revoluciones explosivas de la desesperación. De su actitud depende, pues, en gran parte el porvenir pacífico de los países de América Latina”.
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