Ángel Sanz Arribas, cmf - Miércoles 28 de Octubre del 2009
Ayúdanos, Señor, a acoger la vida que tú nos regalas, y a cultivarla día a día para hacerla crecer hasta devolvértela como un fruto maduro.
Enséñanos a desvivirnos como tú, silenciosamente, como el grano de trigo que cae en tierra y muere para convertirse en espiga, para hacerse comunidad, conscientes al mismo tiempo de que somos siervos inútiles.
Alienta en nuestro corazón el amor que guió tu vida entera al servicio de los hermanos, como respuesta en fidelidad a la voluntad del Padre. Amén.
Sólo quiero aclarar según mi opinión, que no hemos desentirnos imprescindibles porque no lo somos nadie, pero tampoco siervos inútiles...porque Dios no ha hecho inútiles con los que cuenta...podemos estropear lo que sea en la vida, pero contamos con la Gracia, siempre...
Un abrazo...