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Elogio de la amistad (parte I)

Josep Rovira, cmf -

Durante este verano, que ha apenas terminado, probablemente habrán entablado Uds. nuevas amistades, o habrán visitado o encontrado a viejos amigos, o ellos han ido a donde Uds...

La amistad, decía el filósofo griego Aristóteles (384-322 aC), es la cosa más necesaria en la vida; y según el orador latino M. T. Cicerón (106-43 aC), el sol de la vida. Para conocer y apreciar más este gran valor, que sostiene y da sabor a nuestra cotidianidad, ahí les pongo algunas afirmaciones sobre el tema.  No voy a repetir, sino a suponer, cuanto ya escribí en Febrero 2007 (“Mi mejor amigo”), y a completarlo y enriquecer con algo más. Si Uds. desean, pueden ver lo que entonces dije en “ciudadredonda” buscando aquel artículo en la sección en que suelen aparecer mis aportaciones.

Comencemos con una especie de definición de Pedro Laín Entralgo, que resume cuanto dicho por otros muchos pensadores a lo largo de la historia, a partir de Platón y Aristóteles: La amistad es una relación de afecto (nacida de la intuición  inicial –simpatía- de una posibilidad de comunión y felicidad) entre dos o pocas personas; afecto/amor que es de benevolencia (querer el bien), beneficencia (hacer el bien) y confidencia (comunicación al otro de mi intimidad), recíproco y manifiesto.

Escribe un ensayista famoso en Italia, F. Alberoni: ¡Qué gozada encontrar a un amigo cuando estás solo, cuando estás angustiado, cuando tienes que tomar una decisión! Ya el sólo verle, cuando viene hacia ti sonriente, te da serenidad. No habrán grandes efusiones, solamente un sencillo abrazo, una palmada en la espalda, pero el alma se abre de par en par. Con él podrás ser sincero, decir todo lo que quieras, sin temores, sin pudores, sabiendo que te entiende, que está de tu parte y que, si te sirve algo, lo entenderá por sí mismo. Tu amigo no te hará preguntas que no te agradan, no te dirá nada que pueda molestar. Podrás hablar o estar callado, pararte o irte enseguida. Aunque hayáis estado por mucho tiempo lejanos el uno del otro, no te atiborrará con infinidad de preguntas para saber dónde has estado y todo lo que has hecho, como si quisiera apoderarse de ti. En la amistad el tiempo es como si no existiese; cuando os encontráis de nuevo es como si retomárais el hilo de la conversación interrumpida, incluso después de veinte años. Hablarás de lo que cuenta en tu vida y él te escuchará. No tendrás que hacer ningún esfuerzo. La amistad es ante todo serenidad, reposo. Muy diferente, por lo tanto, es el amor en la pasión amorosa: los enamorados están fascinados y obsesionados por el pasado del otro e, incluso después de una breve separación, quieren saber todo lo que el otro ha hecho, ha pensado... y hablan contínuamente de sí mismos. Se preguntan sobre el misterio que funde sus personas en una nueva entidad. La amistad, en cambio, nos ayuda a ser nosotros mismos, mantiene las diferencias. Con el amigo hablamos solamente de nuestro pasado como individuos, de nuestro futuro como individuos, no de nuestra amistad. La amistad es un dato, no un problema. Ya es así a los cinco años de edad: el amigo del corazón es aquel del cual te fías, al cual revelas tus secretos, seguro de que no te traicionará. Los enamorados, en cambio, quieren ser amados de manera exclusiva y sufren cuando están separados porque tienen necesidad absoluta del contacto con el cuerpo amado. Tu amigo, en cambio, tiene su vida, sus amores, otros amigos que tal vez ni siquiera conoces; por eso, puede irse cuando quiera, ir a donde quiera, con quien quiera y estar lejos sin que tú sufras por ello. Lo importante es que se acuerde de tí, te quiera, y te abra los brazos cuando le llamas...

“El amigo es aquel que no sólo te pregunta cómo estás, sino que escucha también tu respuesta”, dice un aforisma; es decir, se abre al otro, deja espacio a la escucha de él, le deja ser como es y lo acoge como es: le hace sentir en su casa.

“La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas” (Aristóteles).

“Algunos creen que para ser amigos basta con querer serlo, como si para estar sano bastara con desear la salud” (Aristóteles).

“El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos” (proverbio turco).

“Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino” (proverbio indio).

“Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta” (R. W. Emerson, 1803-1882).

“Vale más un amigo que un hermano; porque el amigo será siempre hermano, y el hermano no siempre es amigo” (D. De Falero, 350-280 aC).

“El amigo verdadero es aquel que viene a ti enseguida cuando estás sano y le llamas, y viene sin que le llames cuando estás enfermo o preocupado”.

“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido” (R. Tagore, 1861-1941).

“La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad” (F. Bacon, 1561-1626).

“El amigo leal se ríe de tus chistes, aunque sean sosos, y le duelen de tus problemas aunque no sean graves” (A. H. Glasow).

“El amigo falso es como la sombra que nos sigue mientras dura el sol” (C. Dossi, 1849-1910).

“Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos” (B. Franklin, 1706-1790).

“El amigo ha de ser como el dinero que, antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene” (Sócrates, 470-399 aC).

“¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo!” (W. Rostler, 1926-1997).

“No busques al amigo para matar las horas, búscale con horas para vivir” (K. Gibran, 1883-1931).

“Si queréis formaros un juicio acerca de un hombre, observad quienes son sus amigos” (Fénelon, 1651-1715).

“Apártate progresivamente, sin rupturas violentas, del amigo para el que representas un medio en vez de ser un fin” (S. Ramón y Cajal, 1852-1934).

“Reprende al amigo en secreto y alábalo en público” (Leonardo da Vinci, 1452-1519).

“La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno” (Erasmo de Rotterdam, 1469-1536).

Como dice el “Catecismo de la Iglesia Católica” (CIC 470, GS 22): “El Hijo de Dios... trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”. Por eso, cuando el Señor estuvo entre nosotros y quiso explicarnos de qué tipo era y es el amor que nos tiene, no encontró imagen mejor que la del amigo. Efectivamente, en el momento de mayor intimidad, en la noche del Jueves Santo, a un cierto momento les dijo: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotrois sois mis amigos... No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer...” (Jn 15, 13-15); “Os digo a vosotros, amigos míos...” (Lc 12, 4); “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1).  Y durante su vida, nos cuentan los Evangelios, Betania fue “la casa de la amistad” (Lc 10, 38-42; Jn 11, 1-44; 12, 1-11). Él hizo por sus amigos lo que tal vez podemos hacer los demás: dar la vida por ellos; pero, Él hizo también lo que nadie de nosotros puede hacer: dar la vida al amigo (“Nuestro amigo Lázaro...”, Jn 11, 3-11). Nosotros podemos dar la vida por el amigo, llorar ante su cuerpo muerto, sentir que con el amigo ha muerto una parte de nosotros mismos..., pero nunca podremos dar la vida al amigo fallecido. Por eso Cristo es el modelo inalcanzable, supremo, de amistad. Cristo ha dado a la amistad de Dios para con nosotros un rostro de carne, una sensibilidad humana: Él es el “sacramento” de la amistad divina (Tito 2, 11s). Siendo Dios y hombre, en Él Dios ha vivido efectivamente la experiencia de la amistad humana, y el hombre en Él ha vivido la divinización de la amistad.

J. Rovira cmf.

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Mª Dolores Mª Dolores
el 1/10/11
Gracias¡¡¡¡¡ Una maravilla¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Pero qué difícil es encontrar UN SOLO AMIGO¡¡¡¡¡¡
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