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El sexismo oculto

Ana Rodrigo - Atrio -
    Hoy, 25 de Noviembre, se celebra el día contra la violencia de género. A mediados de Noviembre, llevamos en España 64 mujeres asesinadas por hombres que han tenido algo que ver en sus vidas y, desgraciadamente, lo han tenido que ver todo en su muerte, a las que hay que añadir miles de denuncias y decenas de miles de sufridoras silenciadas por las cadenas del miedo y la incertidumbre de su futuro que, a su vez, le impiden abandonar ese infierno en el que viven.

En esta situación tan lamentable, aparece el primado de España, el cardenal Cañizares, y dice que la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es “una de las revoluciones más insidiosas” de la humanidad ya que, a su parecer, conlleva “la destrucción del hombre“.

Estas barbaridades, así como las trágicas y constantes noticias diarias sobre violencia de género, nos escandalizan por lo abultado del problema. En cambio nos pasan desapercibidos las ramificaciones interiores del problema que llevamos en nuestro subconsciente, eso que podríamos llamar el sexismo oculto.

Voy a proponer una somera reflexión para intentar llegar un poco a esas raíces internas que nos atenazan inconscientemente.

Reflexionando acerca de temas aparentemente tangenciales al machismo, iremos detectando hasta qué punto no sólo no lo son, sino que hunden sus raíces en lo más profundo de nuestros hábitos y costumbres dejándonos contaminados mentalmente y retroalimentándose recíprocamente.

Observemos algunos aspectos de nuestra realidad con otros ojos, desde otra perspectiva, con la mano en nuestro corazón, sin justificaciones tranquilizadoras de nuestras conciencias:
  • Me decía recientemente un compañero de trabajo, luchador incansable por la igualdad de mujeres y hombres, que había asistido a un curso sobre esta cuestión en el que había 90 mujeres participantes y 6 hombres y que en el intermedio se quedaron tres. Elocuente retrato de lo que ocurre día a día en nuestra sociedad y que no necesita demasiados comentarios.
  • Analicemos lo que se entiende por virtudes femeninas y masculinas. A las mujeres no se le suelen exigir habitualmente las mismas virtudes que a los hombres; si los hombres carecen de ellas, nadie se lo va a echar en cara puesto que la ausencia de las mismas pasa más desapercibida. Por ejemplo a las mujeres siempre se nos exige ser hermosas, jóvenes y si somos exuberantes, mejor. De la mujer se espera, cuando no se exige, como valor ético esencial propio de la mujer, la honestidad, la castidad, la fidelidad, la discreción, el silencio, la sumisión, la dulzura, la servicialidad, la intuición, la sensatez, la sensibilidad, la limpieza, la ternura, el cuidado de niños/as, mayores y enfermos. Sería intolerable que una madre no esté habitualmente a la hora de cenar y acostar a sus hijos/as, mientras que a un hombre socialmente se le admite, no se le recrimina y, en cualquier caso, quedaría como una cuestión doméstica entre él y su esposa. Cuántos hombres están en el bar hasta que calculan que al llegar al hogar, sus prole ya estará acostada; solamente hay que visitar los lugares de ocio a determinadas horas para ver quiénes están allí. Es un ejemplo entre miles en los que las costumbres se confunden con el deber ser.
      De los hombres, en cambio, se espera la fuerza, la valentía, el trabajo profesional, nunca ser “amo de casa”, socialmente no queda mal el uso de tacos, o la grosería en los hombres, cosa imperdonable en las mujeres, se ve muy raro que un hombre hable de sus sentimientos en público, quedan bien sus machadas con mujeres, sus atrevimientos con alguna chica, etc. En algunas cosas algo va cambiando, ya se ven a hombres haciendo la compra o llevando el cochecito de los bebés. Y espero que los hombres que lean todo esto no sientan ofendidos si no están ya entre ellos, puesto que de lo que se trata aquí es el arquetipo social, no de los individuos concretos.
  • Ha salido en la prensa reciente que un juez ha denegado la nulidad matrimonial a una matrimonio por haber ocultado la mujer la pérdida de su virginidad, anterior al matrimonio La noticia no está en la denegación sino en la petición por parte del marido, así como la concesión de nulidad por un tribunal de justicia anterior. Ha sido en Francia, no en Burundi o en Somalia.
  • Vamos al vocabulario laboral. Hasta hace poco tiempo el vocabulario laboral de los diccionarios era siempre los masculinos, mientras que el de las mujeres eran los trabajos adjudicados socialmente a ellas, incluida la prostitución. Cierto que en este momento esta cuestión ha cambiado. Sin embargo quienes hemos vivido en aquella época y quienes no la vivieron, siguen utilizando el masculino y resistiéndose al uso del femenino. Hemos incorporado ya algunos términos en femenino como jueza, abogada, médica, etc. Pero en el momento en que se intenta feminizar alguna profesión, se comienza inmediatamente a ridiculizar, no sólo a la persona que lo ha utilizado, sino en general al feminismo.
  • Otra cuestión. En las relaciones sexuales a las mujeres se les ha negado el placer como si de algo inmoral se tratase (¡si los confesores hablasen…!) y se las culpabilizaba si lo sentían. De ahí a que en determinadas sociedades se haya llegado a la ablación del clítoris era la lógica consecuencia. El que la descendencia lleve el apellido del padre ¿no está indicando lo que en el concepto de la sexualidad se ha interpretado como la prevalencia de lo masculino incluida la procreación? En la creencia precientífica se creía que la semilla era el semen, la mujer sólo era el elemento receptor, así, sin más. El protagonismo masculino en la procreación y su descendencia aún sigue vigente en muchas sociedades. Nunca debemos olvidar a estas sociedades, auténticas víctimas, que son millones, en pleno silo XXI de esta barbarie que llamamos machismo.
  • La genealogía de Jesús de Nazaret fue masculina, a pesar de que su concepción no fuese cosa de varón según las escrituras. No hace falta mucho estudio para ver la composición de los dirigentes de la Iglesia cristiana, varones en su totalidad. Diríamos lo mismo que la herencia de coronas reales, especialmente en España en el momento actual, aún es vía varón. Como podemos ver en estos dos casos, se trata de asociar lo masculino al poder, el religiosos y el político. Pero esto es la punta del iceberg de una sociedad machista en la que masculino es casi sinónimo de poder aún en el ámbito doméstico. “La maté porque era mía”, porque era mala, porque no me hacía caso, porque quien lleva los pantalones en casa soy yo.
Vayamos al lenguaje.

Como nos ha recordado últimamente un participante de ATRIO, Javier de Renobales, hablamos como vivimos y vivimos como hablamos, quizá haya llegado la hora de revisar nuestro lenguaje y descubrir hasta qué punto estamos condicionados por un imaginario social sin que seamos conscientes de ello. No es mi intención hablar de semántica y de gramática sino más bien de sociolingüística, es decir de la interacción o interrelación que existe entre lengua y sociedad, y/o pensamiento colectivo y lengua.

Toda obra humana lleva la huella de su creador, en este caso de sus creadores, diríamos que de “la especie” dominante, es decir, los hombres, como hemos visto anteriormente, que a lo largo de la historia se han convertido en el canon y la medida de todas las cosas. La variedad lingüística femenina siempre se ha considerado como una desviación de la norma, y no es mera casualidad que las formas lingüísticas de la lengua se corresponda con una realidad social en la que las mujeres ocupan un lugar determinado con su rol previamente adjudicado.

(Vuelvo a recordar que en este momento no voy entrar a fondo en uso gramatical y semántico del masculino en el lenguaje. Este tema lo presentaré a ATRIO próximamente, si así lo cree procedente el moderador. Por eso os pediría no entrar en esta cuestión, en la medida de lo posible, y reservarla para el próximo post.)

Para no perdernos en teorías, pongamos unos ejemplos de frases habituales y alguna de sus alternativas:
  • Está hecho a la medida del hombre/ Está hecho a la medida de la humanidad.
  • Esto es lo que opina el hombre de la calle/ Esto es lo que opina la gente (o lo que se opina) en la calle.
  • Los jóvenes son solidarios/ La juventud es solidaria.
  • Los médico del hospital están en huelga/ El personal médico del hospital está en huelga.
En boca femenina y en el imaginario colectivo quedaría muy mal expresiones como: Esto me lo repites en la calle, o, Noelia arrancó la moto a toda velocidad. “Las chicas no deben decir ciertas cosas…”

Los duales son de lo más significativo de la perversión del lenguaje: zorra, lagarta, fulana, loro, cacatúa, coneja, puta, perra, golfa, etc.

Quizá la herencia que más haya arraigado en la conciencia colectiva machista sea el “ocurrente” mundo del refranero. Del libro de Mª Ángeles Calero Fernández “El lenguaje Sexista”, edic. Narcea, 1999, la siguiente recopilación de refranes;
  • La mujer y el vino, emborrachan al más ladino.
  • Naipes, mujeres y vino, mal camino.
  • La mujer y la espada, ni prestada ni probada.
  • Casa donde manda mujer, no vale un alfiler.
  • En casa de mujer rica, ella manda y él suplica.
  • Hijo de viuda, bien consentido y mal educado.
  • En la vida la mujer, tres salidas ha de hacer: al bautismo, al casamiento, a la se­pultura o monumento.
  • El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
  • La mujer, el fuego y los mares, son tres males.
  • Secreto a mujer confiado, en la calle lo has echado.
  • Diablo y suegra palabras negras.
  • Más tiran nalgas en lecho, que bueyes en barbecho.
  • Si el culo al andar menea, ¿qué podrá ser que no sea?
  • Parto largo y parto malo, e hija al cabo.
  • Matrimonio de buena fortuna: siete varones y de hembras sólo una.
  • Dichosa la puerta por do sale la hija muerta.
  • A la mujer, el hombre la ha de hacer.
  • Quien darcha («sermonea») a su mujer, no yerra.
  • A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
  • Agua, en los trigos; vino, en los hombres; palo, en las mujeres.
  • La mujer y el asno, se enderezan a palos.
  • Gozalias, sacudillas y dejalias.
  • De la mala mujer te has de guardar, y de la buena no fiar.
  • De la mujer y del mar, no hay que fiar.
  • A la moza y al fraile, que no les dé el aire.
  • Con putas ni frailes, ni camines ni andes.
  • En mujeres, ciegos y frailes, los mosquitos son elefantes.
    Deseo que esta reflexión sea un pequeñito homenaje a tantas mujeres víctimas de la violencia machista y que sirva para ir terminando con esa lacra social ya tan duradera y cruel.
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