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“El primer día de Dios” y la novedad (¿?) en la Curia

Josep Rovira, cmf -
En la tarde del día de Pascua, el canal tercero de la televisión italiana (Rai3) pasó un film-documental de un tal Gualtiero Pierce. El título era: “El primer día de Dios”. El tema era muy sencillo: presentar tres escuelas infantiles, una católica, otra judía y otra musulmana, con las características ambientales y de vestidos característicos de cada una. Y la finalidad era hacer ver cómo en las tres aulas los niños invocaban a Dios (al Padre de Nuestro Señor Jesucristo, a Yahvé y a Aláh), se les daba educación religiosa y aprendían a respetarse mutuamente. ¡No es cosa de poco, dados los tiempos que corren!

En la escuela católica, la maestra comenzaba abriendo los brazos en señal de acogida y simbolizando la importancia del abrazo de todos los seres humanos con su Creador. La maestra judía, en su clase, narraba el episodio de la Torre de Babel (Gen 11, 1-9) y cómo aquel castigo fue fruto del rechazo de Dios por parte de la humanidad. El imán musulmán explicaba a sus alumnos cómo había que acercarse con respeto a los profetas. Todos hablaron de perdón, de amor y de respeto mutuos. Un programa de lo que se llama “televisión de la realidad”, sin renunciar cada uno a su punto de vista y sin caer en las vulgaridades en que frecuentemente caen los llamados “programas realistas”.

El film presentó las varias escenas con la mayor naturalidad posible y sin comentarios. Pierce confirmó luego cómo se habían limitado a observar, sin entrevistas ni intervenir para nada. Los niños se expresaron y comportaron con su normal espontaneidad, sin artificios. Apareció claro cuántos valores tienen en común las tres fes monoteístas; y los niños, con sus ojos y sus corazones limpios, dieron un mensaje claro de paz y convivencia.

Este viaje por las tres religiones se concluía en el mejor de los modos: los niños de las tres clases se unían en un canto y abrazo final; después de lo cual... ¡todos juntos a jugar a pelota! Uno se pregunta: ¿Será verdad una vez más aquello de que, “Si no os hiciéreis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos” (Lc 18, 16-17)?.

Un ejemplo de adultos. En septiembre de 1987 me encontraba en Bangalore (India) dando unas conferencias. Como saben, el día 8 es la fiesta litúrgica del Nacimiento de la Virgen. En aquella ciudad hay un santuario dedicado a Ella. El superior de los Misioneros Claretianos me invitó a ir a visitar aquel centro porque, con motivo de dicha fiesta, suele ir mucha gente. Salimos de nuestra casa en el “jeep”. Bastante antes de llegar, ya tuvimos que aparcar el coche como pudimos porque no se circulaba, debido a la cantidad de gente que se iba agolpando. Pero, ni siquiera pudimos llegar a la meta, dado el gentío. A un cierto momento, pregunté a mi compañero: “¿Tantos católicos hay en Bangalore?”. A lo que él, sonriendo al ver mi extrañeza, me respondió: “¡Ah, no! Católicos los hay, y vienen a celebrar la fiesta de María, pero no son muchos. Después hay un cierto número de musulmanes que vienen también a lo que ellos llaman la «fiesta de la Madre del Gran Profeta», porque para ellos Cristo es un profeta y veneran a su Madre. Y los demás –la mayoría de los presentes, en realidad- son hindúes que vienen a participar diciendo: «Si vosotros estáis de fiesta, nosotros nos alegramos con vosotros»...”. En fin, ¿por qué, en vez de temernos u odiarnos, o poner bombas o dispararnos, no nos unimos para hacer fiesta los unos con los otros, teniendo en cuenta que Dios no hay más que uno y es siempre el mismo, aunque nosotros los cristianos estemos convencidos de que su revelación definitiva está en Jesucristo?

Y ahora una última noticia romana. Me resulta, por varias fuentes, que estamos en vísperas de algunos cambios importantes en la Curia Vaticana. Quizás cuando aparezca este artículo en ciudaredonda ya algo habrá sucedido. La cosa se anunciaba hacía tiempo, y por lo que se refiere a ciertos cambios en la organización de la Curia hacía incluso años; pero, esta vez insisten en que va de veras. Dado que en Roma los rumores nacen y mueren con facilidad, yo me refugio en las palabras de Santo Tomás, el discípulo escéptico (Jn 20, 25); aunque después resultó que tenían razón los demás apóstoles. No les digo los nombres que se corren para no ser luego en todo o en parte desmentido... Se asegura, finalmente, que según los nombramientos y cambios o no cambios que tengan lugar se podrá entender ya más claramente qué rumbo va a tomar, o está tomando, el pontificado de Benedicto XVI. Me imagino que una oración para que el Espíritu dé una mano no estará de sobras...

Arrivederci!
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