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El Pozo de Jacob XXIII

Alfredo Mª Pérez Oliver, cmf -

El domingo 24 de Noviembre, Fiesta de Cristo Rey, finalizó el año de la Fe. El Presidente del consejo Pontificio sobre la Nueva evangelización, Monseñor Fisichella , ha destacado que “a menudo, acostumbrados como estamos a poner de relieve los factores de crisis, nos olvidamos de mirar también muchos signos positivos, de esperanza que están presente en la Iglesia. El año de la Fe nos ha permitido experimentarlo.”  Sin duda que desde su atalaya privilegiada ha podido  captar las realidades que muchos han palpado en este año experimentando -con el gran teólogo H.U. von Balthasar- que “Sólo  el amor es digno de fe”. Habrán palpado que ese amor es la mayor revolución de la Historia. ¿Se puede describir la emoción que ha vivido el hombre, cuando ha sentido que Dios le amaba? Y ha visibilizado  ese amor en  Jesucristo. Con Él gritará Pablo a Tito “Apareció la bondad y el amor de Dios a los hombre” (3,4). La revelación en Jesucristo nos trae la gran novedad que ninguna mente humana hubiera podido soñar. Y  sólo ha podido ser recibida gracias a la fe. “Todos los contenidos que giran alrededor de la fe, no constituyen más que concreciones de la confianza que todo lo sostiene, del creo en Ti,  el descubrimiento de Dios en el rostro de Jesús de Nazaret”(Benedicto XVI, ‘Fe y ciencia’ pg107). El Papa Francisco en su homilía el día de Cristo Rey, al celebrar el final del año de la fe, ha vuelto a insistir en la centralidad de Cristo.

Cualidades de la Fe

Pero creo será muy oportuno un aterrizaje para precisar los contornos de la fe como virtud existente en el alma del cristiano. Apoyado en el apasionado libro –que ofrece páginas extraordinariamente lúcidas-de Monseñor Fernando Sebastián cmf, “La Fe que nos salva”, voy a describir las cualidades que señala ha de tener la fe para ser auténtica y santificadora. Monseñor Sebastián, como teólogo de raza, las explica con gran profundidad, por eso creo oportuno el intento de   aclararlas con más sencillez. Espero no oscurecerlas. Me acuerdo ahora de los deseos de nuestro Gonzalo de Berceo:

Quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con su vecino;
ca non so tan letrado por fer otro latino."

Me asomo al pozo y grito: Quiero agua fresca y transparente, “en román paladino”. Oigo el burbujear de las aguas profundas que me contestan: De acuerdo, porque es necesario que crean para comprender mejor aquellos a “los que les ha cabido en suerte una fe tan preciosa.”” (2 Pedr. 1,1).

Primera cualidad: Sobrenatural.

A través de la historia se palpa que la humanidad necesita imaginarse a Dios de alguna manera. Pero llegada la plenitud de los tiempos Dios sale al encuentro de su criatura de una manera torrencial, enviando a su Hijo, para que todo el que crea en Él  tenga la vida eterna. Y esa fe en Él es un don gratuito que desborda las posibilidades naturales. Esta es la enseñanza de la Sagrada Escritura: “Nadie puede venir a Mí, si no lo atare el Padre que me ha enviado”(NJ.6,44). “Estáis salvados por gracia, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros sino que es un don de Dios.”(Ef.2,8)

El corazón humano se siente tocado por el misterio. Y puede temblar porque esa fe va a pedirle un cambiazo en su pensar y sobre todo en su obrar. Y el Papa Francisco en su primera Encíclica sintetiza como yo no sabría hacerlo, esta cualidad sobrenatural: “En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por Él, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría.” (L.F.7)

Segunda cualidad: Libre

Como dice en verso el poeta León Felipe, para cada hombre tiene un rayo nuevo de luz el sol y un  camino virgen, Dios. Pero no ahonda más el poeta. Y hay que añadir que cada uno es libre para recibir ese rayo de sol y dar el primer paso en ese camino sin pisada alguna. Alguien dijo que en el paso del mar Rojo fue mayor milagro que separarse las aguas, la decisión del primer israelita que se atrevió a dar el primer paso por el cauce abierto.  Entra aquí “la cuestión siempre abierta  de la compatibilidad  entre la libertad de la Criatura y la necesaria intervención de Dios en todos nuestros actos. Se atenúa la dificultad para comprender esta compatibilidad, si tenemos en cuenta que lo que Dios nos da es precisamente esa acción libre, nacida dentro de nosotros mismos, de confiar en Él…” (F. Sebastián. O.C., pg 220).

Pero la libertad se presenta diáfana en las páginas del Evangelio donde aparece la invitación y hasta la interpelación de Jesús para entrar en la novedad de la Buena Nueva, pero con respeto impresionante a la libertad humana. Recordaré sólo dos casos paradigmáticos: El joven rico y Nicodemo.

El joven rico, creo que no es aventurado sospechar que más que saber lo que tiene que hacer –que ya lo sabe- es provocar que Jesús admire su virtud y después de unas palmadas amistosas, le diga:¡Eres un muchacho excelente! Lo inesperado es que Jesús le invita, no le empuja ni obliga, a mirar nuevos y altos horizontes: Te falta una cosa, el vender lo que tienes y repartirlo a los pobres y luego, ligero de equipaje, sígueme. Pero concreta san Marcos:”Frunció el ceño y se marchó todo triste, porque poseía muchos bienes.” (10,22)   Y no lo dice el evangelio, pero está claro que Jesús lo dejó marchar, y le acompañó su mirada apenada.

Y  damos paso al acomplejado Nicodemo, intrigado y seducido por las doctrinas tan nuevas, quiere aclarar unas cuantas cosas. De noche para que nadie se entere de esa visita comprometida para un fariseo. Pero también se encuentra que Jesús “cambia de tercio” y le adelanta que “el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.”(Jn3,3). Y Nicodemo se fue con la cabeza llena de nuevas ideas, que tenía que asimilar para  aceptar la novedad. Jesús no tiene prisa y le da cuerda larga para que voluntariamente vaya cambiando su corazón indeciso en firme y valiente.

Una lección del Crisóstomo.

El santo doctor explica la sagacidad que exige el Señor a sus discípulos. “Como serpientes. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú, debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aún la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces”.

Y aún nos quedan siete cualidades, pero como este cantarillo ya rebosa, las dejamos para llenar el siguiente.

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 3/12/13
No sé por qué estoy inclinado al bien, es una fuerza que yo no he creado, supongo que es el sello de Dios. Este anhelo lo he podido centrar en Jesús, que me ha sido presentado por los suyos, gracias a Dios. Con todas mis defectos me fío de Dios, encarnado en Jesucristo, que hace posible lo imposible, nacer de una virgen, ser infinito y hacerse hombre, y si quiero hacerme uno con El, por El y en El, para que tenga verdadera vida. Optar por El es negocio seguro; Ven Señor; Amén.
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Martha Martha
el 4/12/13
Las aguas del Pozo de Jacob, cada vez se ponen mas
intensas y transparentes, llenandonos la sed de enten-
der las Escrituras; ahora con esas dos cualidades de la
Fe que extrajo el P. Alfredo de su Pozo XXIII, "Sobre -
natural y Libre", hemos conocido en la primera, que
tiene esa condicion porque viene de Dios por medio
de su palabra encarnada en Jesus y es " Libre " por-
que Jesus da la libertad que lo aceptes o no, solo es-
pera a que des el primer paso. Saludos.......
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Tomás Moro Tomás Moro
el 10/12/13
Tercer intento de comentario, al parecer no veo bien el código de seguridad y lo que escribo no se graba.
Esperamos que la luz y la oscuridad del nuevo pozo nos ilumine en nuestro caminar diario hacia el Padre.
Que veamos el sendero que nos lleva al cantarico de agua viva. Amén
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angeljen0214 angeljen0214
el 12/12/13
Deja ver si esta vez ando con suerte y se grava mi co
mentario, solo quiero, como en el primero, hacer enfa
sis en las dos cualidades de la Fe, arriba descritas y que espero las siete restantes sean tan interesantes,
como lo son estas. Gracias P.Alfredo Maria.
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