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El “pirirív”

Alejandro (Александр) J. Carbajo, CMF -
Una de las primeras palabras que hay que aprender en ruso (junto a paciencia, tirpínie (терпение), cola, óchiridi (очередь) y ¿Joven,dónde va usted?, Maladói chelavék, kudá vhý? (Молодой человек, куда Вы?) es pirirív (Перерыв) , o sea, descanso. En cada tienda, en cada banco, en cada agencia de viajes, en la estación de tren, en Correos, en todo lugar donde haya ventanillas hay que fijarse muy bien, antes de ponerte a la cola, a qué hora has llegado, y a qué hora tiene el tiempo de descanso tu señorita, porque puede suceder o acontecer que estés 20 minutos (o más) esperando en la fila, llegues a la ventanilla, y aparezca el temido y odiado cartelito de aviso: pirirív. Si, a pesar de todo, te toca el bendito pirirív, tienes varias opciones: - Te quedas de pie, esperando a que pasa el tiempo (10, 15. 30 minutos, una hora, según donde hayas ido... - Te vas a dar una vuelta, haces otra cosa y luego vuelves (con lo que pierdes la vez, en muchas ocasiones), o decides volver otro día, un poco antes. - Ponerte a la cola en otra ventanilla, que no vaya a cerrar en el tiempo que, previsiblemente, transcurra entre que te pones y el momento en que llegues a ver en primer plano a la persona que atiende. En una ocasión, al p. José Mª Vegas le dijo una señora, viendo que José se marchaba de Correos: Pero espérese, hombre, que son solo 30 minutos... De donde se deduce que, o nosotros seguimos siendo muy occidentales, o que el ritmo de vida de los rusos es muy diferente. Es normal ver colas de una hora delante del Correo, porque la gente está habituada a las colas. (Herencia de los tiempos soviéticos, supongo, cuando para adquirir cualquier producto, era preciso esperar y esperar y esperar. Cuentan que la gente veía una cola y se ponía en ella, sin saber, a veces, para qué.) Algo que también me llama la atención es que la gente no protesta, si pasa el tiempo del pirirív, y no vuelve la señorita (suelen ser mujeres) en cuestión. Ahora bien, si un “occidental” encabeza la protesta, el personal presente hace los coros y se une a la rebelión con facilidad. Pero volvamos al pirirív. Los pirirívs pueden ser de varios tipos. Están los descansos por motivos técnicos. Son una especie de palabras mágicas, que incluyen todo y no dicen nada. Desde que se ha ido la luz, hasta que no hay cambio en la caja, pasando por la necesidad de algunos seres humanos de consumir cigarrillos. Luego están los descansos para comer, más comprensibles y disculpables. En Rusia, también come la gente. Hay también descansos por recuento del material (les encanta contar y recontar el género) o descansos para recibir productos (cuando llegan a la tienda los camiones con nuevas mercancías, olvídate. Ya no existe el cliente. Y no preguntes por qué no reciben los productos antes de abrir al público. La respuesta puede ser que no entiendes, que eres demasiado “occidental”. Efectivamente, no lo entiendo. Me falta todavía mucha inculturación. Historias del pirirív, o historias para no dormir, tenemos unas cuantas. Dos ejemplos. En una ocasión, a la espera de comprar un billete de tren para Moscú, uno de los nuestros estuvo en la cola un rato largo. Llego a la ventanilla, dijo eso de por favor, un billete para Moscú y le respondieron: P I R I R Í V. Aguantados a pie firme los 20 minutos reglamentarios de descanso, volvió a repetir la petición, para recibir como respuesta: NO HAY BILLETES PARA MOSCÚ. ¡Caramba, pues haberlo dicho antes, señorita...! En distinto lugar y ocasión, otro de los nuestros, tan harto de esperar estaba, que se llevó de recuerdo el cartelito de aviso del pirirív. Ya sé que robar está mal, pero en este caso yo lo entiendo, y le disculpó. A veces, uno se harta mucho, pero que mucho, de esperar y de no recibir lo que quieres. En resumen, que hay que saber esperar. El pirirív te ayuda a ver la vida de otra manera. Hay que planear las cosas de forma que, en vez de decir voy al sitio A, después a la oficina B, luego al punto C y termino la mañana en el punto D, es mejor ser humilde, ser prudente y decir voy al sitio A, y si me da tiempo, al B. Y mañana será otro día. Por otra parte, no pensé que tuviera tanta paciencia. A todo se acostumbre uno. Hasta al pirirív.
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