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El Papa no está grave; ¿está grave el Papa?

José Rovira cmf -
Como Uds. saben, durante los días pasados el Papa estuvo de nuevo hospitalizado. El motivo dado por el portavoz vaticano fue un principio de gripe que le estaba causando serias dificultades respiratorias. A esas horas ya conocemos el resultado positivo de esta enésima peripecia sanitaria de nuestro anciano Juan Pablo II. Durante aquellos días me encontraba lejos de Roma, en Filipinas, dando un curso a unos doscientos jóvenes (ellos y ellas), religiosos y sacerdotes, procedentes de veintiun países (Filipinas, China, Vietnam, Indonesia, India, Myanmar, Tailandia, Corea, Bangladesh, Singapur, Fiji...). Por cierto, la experiencia con dichos jóvenes misioneros me dio no poco que pensar: su sencillez, entusiasmo, apertura, sus ganas de dar la vida por Dios y por los demás, no obstante que muchos de ellos eran plenamente conscientes de que, una vez vueltos a sus tierras de origen, no van a tener vida fácil... (¡para que digan después que la juventud actual es simplemente aburguesada, egoísta y comodona!). Sinceramente, me sentí “edificado”, sorprendido..., casi casi abochornado ante tanta genuinidad; y me venían a la memoria no pocos jóvenes de nuestra vieja Europa (¡no todos, gracias a Dios, ni mucho menos!) que “pasan” de todo, se preocupan solamente de ganar dinero y divertirse, considerando el compromiso de la Vida Religiosa o sacerdotal como algo definitivamente inútil, pasado de moda, cuando no dañino para nuestra sociedad. ¡Ah!, dicho sea de paso, se trataba de jóvenes muy “normales”, bajo los demás aspectos. Volviendo al tema. Como yo venía de aquí, creían que me sabía todos los secretos de la Roma eclesiástica, y vaticana en particular. Por si acaso, traté de enterarme de lo que decía la prensa de allá (la que ellos leían) y, gracias a las informaciones vía Internet y a la televisión (CNN, BBC...), lo que se decía por ahí, fuera del archipiélago filipino. La primera pregunta que me ponían era: Más allá de lo que iba diciendo oficialmente el portavoz del Vaticano, con su sofisticado y diplomático lenguaje, ¿el Papa estaba realmente grave, o no? ¡Como si yo tuviera Dios sabe qué canales secretos con la Santa Sede o incluso con el Espíritu Santo! Traté de explicarles y convencerles de que, según la multisecular experiencia del pueblo romano, de las palabras del portavoz vaticano en realidad se podía deducir tanto que el Papa no estaba efectivamente grave, como que lo estaba pero que de momento no era oportuno decirlo para no alarmar a los medios de comunicación y exasperar la tensión que cada vez que se enferma un Papa se viene a crear. Y sobre todo que el pueblo romano ya sabe que “oficialmente” los Papas están realmente graves sólo cuando prácticamente están ya poco menos que muriéndose (y perdonen todos estos “-mente”; son para precisar más la cosa). Ellos me replicaban que esto quería prácticamente decir que, en el segundo caso, el portavoz estaba mintiendo; y yo les respondía que no necesariamente, sobre todo si es que el Papa de hecho no estaba grave... Por lo demás, ¿cómo explicarles ciertas finezas del vocabulario vaticano, y ciertos circunloquios a través de los cuales los nativos romanos o los de adopción ya sabemos que a veces se quiere decir lo que aparentemente no se dice, y otras no se dice lo que la gente de fuera cree que se está diciendo? Con el pasar de los días, la tensión fue calmándose e incluso acabamos no rezando ya más por su salud, dado que parecía que el problema estaba superado. ¿Qué significado hay que dar, por lo tanto, a las declaraciones oficiales del Vaticano sobre la salud del Papa, en ésta como en otras ocasiones? Muy fácil: dado que se tiende a decir que el Papa está bien, hay que tender a “rebajar” este “bien”; lo cual no quita que pueda ser que efectivamente lo esté, pero esto a nosotros no nos es tan fácil saberlo. Sencillo, ¿no? (Probablemente, no). También me preguntaban a ver si el Papa pensaba dimitirse o no (¡como si dependiera de mí!). A este respecto, me pareció significativa una frase del cardenal Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, según la leí en los periódicos: “Esto depende de la conciencia del Papa”, o “Dejémoslo a la conciencia del Papa”. Lo cual, traducido en vernáculo, puede significar que ya no hay ninguna dificultad teórica, que todo está ya preparado para una tal eventualidad; ahora depende todo de si él personalmente cree oportuno dar este paso o no. Claro que ésta es mi exégesis de las palabras de dicho cardenal; pero, falta saber si ésta era la interpretación que él quería dar a sus palabras; y esto ya no depende de mí. En conclusión, como ven Uds., no siempre es fácil entender qué se quiere decir con lo que se dice... La tercera pregunta, más espinosa si cabe que las anteriores, era: Dado que Ud. viene de Roma y conoce (¿?) la situación de cerca, ¿quién va a ser el futuro Papa? Y lo bueno es que algunos insistían, como si yo conociera ya el secreto, pero no lo quisiera revelar. Pasábamos lista a posibles candidatos recientes o de años atrás, según había hablado de ellos la prensa, e íbamos descartando unos y añadiendo otros, como si se tratara de jugar a la lotería o de llenar una quiniela papal. A veces me venían ganas de reir, otras casi un sudor frío; no porque diciendo algo pudiera poner en peligro mi carrera eclesiástica... (¡francamente, me preocupa muy poco, por no decir en absoluto!), sino para no dar impresiones simplemente falsas, fruto de la imaginación más o menos calenturienta de algún periodista. Al final acabé diciéndoles, como ya he hecho en otras ocasiones semejantes: Miren Uds., en realidad hay solo dos candidatos. ¿Cuáles?, replicaron inmediatamente, como quien finalmente va a conocer el gran secreto. Y les respondí: Estos candidatos somos dos, yo y otro; sólo que el otro tiene más probabilidades que yo y, por ahora, desconozco todavía su nombre... Muy “romana” la respuesta, ¿no? En fin, el Papa está grave o no? ¿piensa dimitirse o no? ¿y quién va a ser su sucesor? Pues, miren Uds., la verdad es que ya iremos viendo... Arrivederci!
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