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El ocaso de los (falsos) dioses.

Francisco Carín García, cmf -

    Estos días ando (casi) sólo por casa, preparando clases para el siguiente semestre, ultimando mi vuelta a Taiwán, renovando pasaportes y visados... Y en esto empecé a pensar en como poco a poco el hombre se va liberando de falsos dioses, y quizá algún día llegue a ver al verdadero Dios.

    Hacia el final de la Edad Media europea empezaba a resquebrajarse en Europa un ídolo, el ídolo de la Cristiandad. La idea de que el mundo, todas las dominaciones, tronos y potestades se encontraban bajo la tutela del primado pontífice, a quien se lo había confiado Cristo. Las cosas no suceden así de golpe, van paulatinamente, poco a poco, como todo lo humano. La más o menos unidad que la Iglesia había logrado en Europa hacia el siglo XI en torno al concepto de Cristiandad empezaba a vaciarse de contenido. Voces disidentes empezaban a surgir. La fe, el Evangelio es más grande que el concepto de Cristiandad. El mensaje de Jesús parecía agonizar encorsetado por la Cristiandad, y las costuras de ese vestido empezaron a romperse. Unas propuestas se acabaron desgajadas como herejías; otras, como las de Domingo y Francisco, se mantuvieron en la Iglesia como movimientos de renovación y fidelidad al Evangelio. La ruptura salvaje que supuso la Reforma Protestante, no fue sino el golpe de gracia a lo que ya venia sucediendo desde hacía siglos. Liberada del ídolo Cristiandad la Iglesia Católica y no Católica puso mas énfasis en la vivencia interior y en el anuncio del Evangelio; como contrapartida se despidió del mundo, decidió enclaustrarse en los muros del dogma y las verdades definidas, en el binomio excluyente nosotros - ellos.

    Hacia mediados del XVIII comienza la Revolución Industrial y Tecnológica. La fe en la capacidad del hombre para dominar y amaestrar la naturaleza que se inició en el Renacimiento parece llegar a su cumbre. La faz del planeta se transforma velozmente, impotente ante el avance de la industria y la técnica humanas. Tecnos domina el panorama; para El nada es imposible. Es capaz de subir a lo mas alto y descender a lo profundo, y allí donde llega deja constancia de su inefable poderío. Pero poco a poco se empezó a ver que esa transformación puede llegar a ser diabólica, destruyendo toda vida a su paso, convirtiendo vergeles en desiertos, aniquilando hasta la misma posibilidad de vida, en definitiva, amenazando al hombre en su misma existencia. Hacia mediados del S.XX la técnica tiene que reconocer sus limites, que más que Diosa es un ángel, y ángel caído. Cierto que ha ayudado al hombre a progresar, a mejorar su vida -especialmente material, pero no es menos cierto que también lo ha metido en ciertos callejones de los que no sabe aún si hay salida... y en su reinado no pocos (humanos y no) han perecido a su paso.

    A la sombra de este Dios Técnica nació otro: el intento de explicarlo todo, el endiosamiento de la  razón y la filosofía. Creyéndonos el centro de todo, nuestra razón teórica es capaz y debe explicarlo todo (filosofía) y organizarlo todo (política). Los grandes filósofos del XIX nos abren a la maravilla del poderío racional y del arte político. Occidente justifica moralmente su imperio global en su supremacía filosófica y política; El hombre europeo, su cultura, su razón, su política, su religión son el canon con el que medir otros pueblos y culturas. Es muy interesante ver las categorizaciones de la raza humana que se realizan hacia finales del XIX-XX: el canon es caucásico, especialmente centroeuropeo, Alemania, Francia, Gran Bretaña, EE.UU...  me pregunto si ya nos hemos librado de esa “burbuja racial”... El ascenso de Hitler al poder, el nazismo y todo lo que trajo consigo demostraron la falacia de este endiosamiento filosófico y político, que había llegado a su cumbre en el grandioso “Dios ha muerto” de Nietszche. Hitler y sus secuaces no hicieron sino llevar hasta las ultimas consecuencias lo que la filosofía y política de la época postulaban. Ario es el canon, y no cualquier Ario, sólo los puros, los no judíos, ni homosexuales, ni tullidos, ni gitanos... sin darnos cuenta la “muerte de Dios” trajo consigo uno de los mayores genocidios (premeditado y con alevosía) de la historia. El objetivo: hacer una nación (política, social, filosófica, racial, técnicamente...) fuerte capaz de dominar el mundo. Tan noble fin justifica cualquier medio. El final de la Segunda Guerra Mundial trajo también el final de la filosofía tal y como la conocíamos. No más grandes relatos, no mas grandes explicaciones grandilocuentes del hombre, su historia y su destino. He aquí la postmodernidad; vivan los pequeños relatos. Es tan filosófico el Principito o Dilbert como cualquier obra de Hegel, Nietzsche...

    Pero el hombre parece no poder vivir sin dioses, aunque sean falsos. Y pronto el dios progreso económico, Mammon, ocupo el trono vacante. Crecer, crecer, crecer ese es el mantra, y el mercado su religión, el consumismo su plegaria. Los anteriores dioses, Técnica, Filosofía, Política le sirven. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial el progreso económico ha sido fastuoso... eso sí, nos hemos olvidado de algo importante... me parece que no estamos progresando todos... es más, yo diría que progresamos unos a costa de otros. Si resulta que la tierra no puede sostener a la humanidad en su actual crecimiento (según nos recuerda la ecología), entonces eso quiere decir que unos están sobreviviendo a costa de muchos que están infraviviendo... ¿o no? Me parece de cajón... Dejémonos de preguntas obtusas, se nos dice, deja de preocuparte y vive la vida, vívela y disfrútala, la que te ha tocado, que vida sólo hay una; si has sido afortunado estas en el primer mundo, si no... tampoco te preocupes mucho, tu vida probablemente vale nada y durara menos. Y el año 2008 nos mostró los pies de barro (por no usar un termino malsonante pero más preciso) de este Dios progreso económico y de mercado... es todo una falacia, es todo aire... estábamos vendiendo y comprando aire, vivíamos del crédito, y un crédito que ya no nos lo cree nadie. ¿Y ahora, qué? ¿Dónde, Dónde esta Dios? ¿Es que vamos a vivir sin Dios?

    No nos debemos preocupar demasiado. Desde hace unos años, hay ya un dios en ciernes, el dios Ciencia; él nos va a salvar y liberar de todos nuestros problemas, va a explicar todas nuestras preguntas, solucionar todas nuestras crisis, es más, es un Dios en el que caben todos, la técnica, la filosofía, la economía, la política, el desarrollo, el progreso, el amor, la religión... como en China, donde “científico” es una adjetivo-eslogan que hay que poner en todo: desarrollo científico, mezcla de aceite científica, agricultura científica, economía científica...

    Personalmente soy un apasionado de la ciencia y me embeleso leyendo artículos y ensayos desde que de niño leía una enciclopedia de divulgación científica que compraron mis padres; no obstante creo en sus límites, y en la necesidad de ponerse límites, aunque solo sea como reconocimiento de nuestra propia limitación. La ciencia puede ser exacta (no todas) y casi ilimitada en su capacidad para conocer, pero los científicos  son humanos, y por lo tanto falibles, susceptibles al odio, envidia, orgullo, engaño, corrupcion... La comunidad científica internacional parece callar (u olvidar con tremenda facilidad) cada vez que se destapa una “farrullada” científica: científicos que engañan, que se venden al mejor postor, que no ven limites éticos al progreso científico (todo vale), pero que si ven limites económicos (copyright de medicamentos, semillas)... Pronto nos daremos cuenta de que no es así, de que mi querida ciencia no es ni quiere ser Diosa. Espero que sea antes que después, no quisiera que tuviéramos que pasar por otro holocausto (o algo peor) para caer en la cuenta de que una vez más, nos equivocamos en lo que se refiere a Dios.

    Probablemente Dios no existe... es el eslogan de  moda ahora. Y me parece bien, hay que dudar de todo, sobre todo de uno mismo. Es más, probablemente Dios sí existe, así pues, caemos en el absurdo: “Probablemente Dios no existe, o sí”. Por ello quizá el quid no sea la existencia de Dios, sino la existencia del hombre. El ser humano existe, hombre y mujer, y quizá aun no nos hayamos dado cuenta de ello, de momento solo llegamos hasta el YO -cuanto más grande mejor. Sal de tu YO y mira alrededor; no estas solo y sólo puedes “existir” de verdad cuando aceptas esta realidad que se nos debería imponer: nadie es sólo. El único problema es que para eso hace falta algo que hoy en día esta mal visto, hace falta fe. El salto del yo al reconocimiento del tú es un salto de fe, de abrirse al otro para darse, para encontrarse, para que ese otro sea y sea en plenitud, y donde no hay beneficio, ni interés, ni provecho pocos desean aventurarse... ¿para qué, si no voy a ganar nada?

    He leído hace poco que han descubierto un ruido de fondo en el universo que es 6 veces mas potente que toda la radiación hasta ahora descubierta . Los astrónomos andan investigando cual puede ser su origen; yo tengo mi teoría (aunque no es científica): es, probablemente, Dios. Lo que no sé es si esta riendo o gimiendo al contemplar su creación, aunque vista la situación de la humanidad y nuestra dureza de corazón, creo que, en lo que nos concierne, es más probable lo segundo. Decía un compañero de seminario “me muero y no te educo”... pues así estamos, sin educar pese a tantos muertos intentándolo.

    Acabo con un cuento tradicional de la India que seguro hemos oído o leído alguna vez; yo lo hice en la versión de Anthony de Mello.

Soy Tú... (Cuento tradicional de la India)

Era un discípulo honesto. Moraba en su corazón el afán de perfeccionamiento. Un anochecer, cuando las chicharras quebraban el silencio de la tarde, acudió a la modesta casita de un yogui y llamó a la puerta.

--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy yo, respetado maestro. He venido para que me proporciones instrucción espiritual.
--No estás lo suficientemente maduro -replicó el yogui sin abrir la puerta-. Retírate un año a una cueva y medita. Medita sin descanso.

Luego, regresa y te daré instrucción. Al principio, el discípulo se desanimó, pero era un verdadero buscador, de esos que no ceden en su empeño y rastrean la verdad aun a riesgo de su vida. Así que obedeció al yogui.
Buscó una cueva en la falda de la montaña y durante un año se sumió en meditación profunda. Aprendió a estar consigo mismo; se ejercitó en el Ser.
Sobrevinieron las lluvias del monzón. Por ellas supo el discípulo que había transcurrido un año desde que llegara a la cueva. Abandonó la misma y se puso en marcha hacia la casita del maestro. Llamó a la puerta.

--¿Quién es? -preguntó el yogui.
--Soy tú -repuso el discípulo.
--Si es así -dijo el yogui-, entra. No había lugar en esta casa para dos yoes.


El Maestro dice: Más allá de la mente y el pensamiento está el Ser.
Y en el Ser todos los seres.

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