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El impacto

Susan George -

Si se acepta que la economía de mercado es un subsistema que opera dentro del sistema total o natural, esta ecuación indica los peligros que nos acechan. Ya que un futuro económico dentro de las restricciones de la biosfera depende de:

El número de habitantes del mundo.

La cantidad, calidad y naturaleza del consumo.

La tecnología empleada para producir lo que consumen y para deshacerse de los residuos que generan.

El consumo

Esta variable es especialmente sensible a los ingresos. Las organizaciones humanitarias expresan su indignación ante las acusadas diferencias Norte - Sur, pero esta indignación está mal dirigida, si elegimos dos países: Suiza y Nigeria, un ciudadano suizo puede que consuma 17 veces más que un nigeriano, pero los suizos son productivos, su población es estable y tienen una tasa elevada de ahorro, y no se puede culpar de su suerte a la rapiña o al colonialismo. Pero si los nigerianos no eligen ahorrar, invertir y mejorar su productividad, la única forma que tienen de hacerse más ricos y consumir más es que haya menos nigerianos. Por ello la conducta de los primeros no es causa directa de las privaciones de los segundos.

Con gran frecuencia los humanitarios instan a los occidentales a “vivir más sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir”, fomentando que se compartan los bienes por encima de las fronteras. Suiza siempre puede enviar ayuda a Nigeria, pero esto ¿hasta qué punto es eficiente en términos económicos medioambientales?

A lo largo del tiempo la ayuda oficial al desarrollo ha sido incapaz de reducir la brecha que separa al Norte del Sur, al contrario las diferencias han aumentado desde la Segunda Guerra Mundial, asimismo desde que terminó la Guerra Fría la ayuda ha disminuido drásticamente, pero durante su apogeo esta ayuda fue recibida por parte de los ya acomodados del Tercer Mundo.

Sin embargo desde principios de los años 90, las organizaciones benéficas privadas han sobrepasado la ayuda oficial en los envíos a África, a pesar de ello la suma de las ayudas oficiales y privadas son muy insuficientes para permitir que un gran número de personas puedan sencillamente vivir.

Por todo esto la reducción del consumo en el Norte no se puede transformar en un aumento de consumo en el Sur, porque los alimentos son un artículo, dejar de consumir algunas variantes de ellos no significa que los otros lleguen al Tercer Mundo, porque si se reduce la demanda de cereales o de animales se cultivarán menos cereales y se criarán menos animales.

La beneficencia en escala mundial es una especialidad del Norte; en el sur no se encuentra ninguna tradición religiosa, ni laica de compartir bienes con personas alejadas geográficamente o culturalmente distantes.

Las restricciones autoimpuestas encauzadas a través de organizaciones benéficas, pueden aliviar individualmente pero nunca alcanzarán la igualdad de consumo entre los acomodados y los desaventajados, ni alterarán el impacto sobre el planeta, puesto que los países de ingresos elevados consumen tres veces y media más energía per cápita que los países de ingresos bajos. El consumo mundial de carne y de energía está destinado a aumentar.

En todo caso la opción moral y la limosna para los menos afortunados no van a lograr que se equilibren los ingresos ni que contrarresten un aumento inexorable del número de consumidores más acomodados.

La tecnología

El impacto humano sobre el medioambiente varía en función de la naturaleza física de los bienes consumidos y de la tecnología. La energía de los pobres como el carbón sulfuroso de baja calidad causa más contaminación directa que la energía nuclear. Sin embargo esta podría generar más anhídrido carbónico que el carbón si se tiene en cuenta todo su ciclo incluido la gestión de los residuos.

Sin embargo, en el otro extremo del consumo, las personas que utilizan herramientas primitivas para cortar árboles y convertirlos en combustible podrían contribuir a la liberación de anhídrido carbónico en la atmósfera menos que los habitantes del Norte que queman petróleo o gas, pero en cambio están destruyendo enormes franjas de bosques que absorberían anhídrido carbónico e impedirían la erosión del suelo. La madera representa en África entre el 50 % y el 90 % de toda la energía que se consume.

Pero aunque la tecnología mejore no puede garantizar la reducción del impacto sobre el planeta. Existen ya multitud de tecnologías alternativas, baratas, de bajo impacto medioambiental que se podrían desarrollar, pero cualquier intento de promover cambios rápidos y masivos en economías basadas en combustibles fósiles, acero, etc, provocaría las represalias de las industrias afectadas, pues para ellas es más provechoso ceñirse a lo que han aprendido, desarrollado y amortizado que probar nuevos caminos.

Del mismo modo, faltan incentivos para adoptar tecnologías más limpias, de menor impacto y más eficientes porque son los consumidores y los contribuyentes los que pagan los impuestos que van a parar a estas tecnologías sucias e ineficientes y no las empresas. De tal manera que cuanto más pobre sea el país, más probabilidades tendrá de depender de industrias anticuadas y más sucias y menos eficientes serán sus tecnologías.

La OMC valiosa desde el punto de vista de la regulación, casi ha consagrado las tecnologías contaminantes al negarse a permitir la discriminación entre productos sobre la base de Procesos y Métodos de Producción. Significa esto que ningún país puede rechazar los productos de otro aunque hayan sido producidos a costa de una importante destrucción ecológica.

Una vez más, debido a la escasez de los incentivos económicos para reducir residuos y contaminación, las recompensas del comercio están programadas para que fluyan hacia los productores más sucios y menos responsables del Sur y a los más expertos en repercutir afuera los costes del Norte.

La población

La ecuación I = C x T x P, depende de manera esencial del factor P. Actualmente viven en la tierra el doble de personas que en 1970. Cada año hay alrededor de 133 millones de nacimientos vivos. La mortandad en el mundo se cifra en 52 millones de fallecimientos al año, lo que supone que actualmente (1995) el aumento de la población es de 81 millones de personas al año.

Esto indica que cada día nacen una media de 360.000 bebés, más del 90 % de ellos en el Tercer Mundo; en contraste mueren al día 142.000 personas, muchas de ellas han superado su edad fértil.

Hoy en día la fertilidad supera a la mortandad en más de un 250 %, además la mortandad infantil sigue disminuyendo y la esperanza de vida aumentando. Sin embargo aun cuando la fertilidad disminuya notablemente, como ocurre en varios países, la población seguirá aumentando debido al impacto basado en las estructuras de la edad. Por tanto, en el año 2008 la población mundial alcanzará los 7.000 millones y en 2020 los 8.000 millones.

La hipótesis más optimistas de estabilización global reconocen que se nivelará la población en un nivel sumamente alto, entre los 10.000 y los 12.000 millones de habitantes, pero que esa nivelación no ocurrirá hasta el periodo comprendido entre 2050 y 2075.

La medición del impacto

Un método nuevo aunque controvertido de predecir el bienestar futuro es el de la huella ecológica que mide la cantidad y la calidad de los recursos ecológicos necesarios para sostener a una determinada población en un determinado nivel de consumo y tecnología.

Este método divide la superficie del ecosistema terrestre productivo entre la población mundial, el término productivo comprende incluso las regiones salvajes que deben permanecer por derecho intocables. Por tanto la huella mide la oferta y la demanda más básicas. La oferta la da la biosfera, que está tendiendo a disminuir conforme avanzan la desertización, erosión etc, que siguen reduciendo la masa de tierra productiva. La demanda varía con el clima, la estación, las preferencias culturales y sobre todo en función de la riqueza.

Desde el punto de vista metodológico la huella es una mejora en la evaluación de la capacidad de sostenimiento local, porque calcula los flujos totales de materia y energía necesarios para sostener una determinada población en un determinado nivel de consumo, por tanto incorpora factores como comercio y urbanización y convierte la geografía en una ciencia globalizada.

Asimismo demuestra que quien tenga un tren de vida razonablemente digno, toma más de la parte justa que le corresponde aunque pague un precio justo que determina el mercado por ese privilegio.

De tal manera que a medida que el Sur prospere aumentará su consumo y con ello su propia huella ecológica. A medida que aumente el dinero aumentará la demanda de viviendas, carreteras, etc, desviando así ecosistemas de uso productivo como el cultivo de cereales para consumo humano o animal.

Aunque la escasez de cualquier clase siempre ha estimulado el ingenio humano, se cuestiona que este ingenio pueda sustituir unos recursos físicos tangibles, como también negamos que a finales del S.XX los seres humanos hayan logrado independizarse de la naturaleza. Como conclusión sea cual fuere el método de valoración que se utilice no cabe la menor duda de que el consumo mundial va a aumentar y las tecnologías no van a cambiar a grandes velocidades.

Población y libre mercado

Los enormes aumentos anuales de población cuestionan las bases teóricas de la sociedad liberal según las cuales las decisiones individuales en el mercado tienen resultados benignos para el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, los pobres de las sociedades más pobres, son los que más hijos tienen por interese económicos individuales, ya que ayudan en el medio rural y en el urbano colaboran a la supervivencia de la familia. In extremis pueden ser vendidos, cuidan de los más ancianos, etc. Pero en Occidente, un hijo es una tarea costosa que no produce beneficios económicos.

Así pues, las decisiones racionales de la doctrinas liberal de aumentar la economía propia mediante la descendencia, no es un buen resultado para el conjunto de la sociedad. La conducta de los pobres de crear riqueza propia a través de su descendencia es contraproducente, de inmediato su nivel de vida baja y quedan bajo el control de la élite. El camino correcto, si requiere que dejen de crear bienes económico en forma de hijos, pasaría por redistribuir otros bienes y compartir la educación, las infraestructuras, la capacidad adquisitiva, etc. Esto estabilizaría la población, pero la riqueza y los bienes que la producen se concentran cada vez más en la parte superior de la escala social.

Las consecuencias de la libertad de reproducción

Si no se imponen y toman medidas para una conservación ecológica y una redistribución económica es primordial cuestionar la libertad de reproducción.

Frente a los argumentos de cada gobierno, que en los últimos dos siglos era responsable de alimentar a su pueblo, la globalización ha cambiado la naturaleza de los controles de población, que se hacen ahora a nivel mundial.

El informe advierte que en actual mundo globalizado el poder de la población de traducirá en conductas depredadoras contra quienes han acumulado riquezas, estas poblaciones tratarán de apoderarse de los bienes porque se verán incitadas y obligadas a hacerlo por sus líderes.

La población crece en los países subdesarrollados un 2,6 % anual, y la mayor parte de los alimentos se produce en los desarrollados que sólo crece un 0,3 % anual.

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