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El “Hombre del año 2003” en Roma: de pordiosero habitual a héroe improvisado

José Rovira cmf -
Con motivo de la celebración del aniversario de la entrada en vigor de la Constitución, el Presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi ha entregado dieciocho medallas de oro al valor o al mérito civil. Los premiados más conocidos han sido: Carmela Ciniglio, una maestra que intentó proteger con su cuerpo a algunos niños de su clase cuando a finales del 2002 un terremoto destruyó la escuela de San Giuliano di Puglia en la que murieron veintiséis párvulos; Don Stefano Gorzegno, párroco de Boiano, que el 30 de julio del 2003 murió de infarto después de haber salvado a siete de sus muchachos que se habían ido a bañar entre las olas burrascosas; un inmigrante, Mohamed Abid, ahogado mientras intentaba salvar a un niño que se había caído al mar; el ferroviario Vincenzo Praticò, que perdió una pierna hace pocos meses, intentando salvar a una turista inglesa que se había caído en el vacío de una escalera móbil de la Estación Tiburtina en Roma; y Natale Morea, un pordiosero que salvó a cinco muchachas agredidas por dos gamberros que luego le atacaron a él dejándole en coma. Ésta última es una de aquellas historias que se repiten tantas veces en nuestras ciudades: alguien agrede a otra persona y no pocos pasantes fingen no ver o escapan corriendo. ¿No les ha sucedido nunca a Ustedes? Aquí ha pasado incluso en un autobús lleno de gente. Pero, ¿quién es Natale? Nació en un pueblecito de la Provincia de Táranto. Es un tipo raro, sin habitación fija, un poco excéntrico, siempre alegre, sucio..., último de una familia de siete hijos. Despreciado y escarnecido por tener fama además de homosexual: cuando los amigos de juventud le invitaban a ir a prostitutas juntos como prueba de virilidad, Natale pagaba a la señora y le rogaba que no dijera nada a nadie de su problema. Le ha ido mal también con el trabajo en Massafra, su pueblo, y luego en Milán. Se arruinó, ha vivido en la calle, de un sitio para otro. En el 2001 llegó a Roma. Una historia parecida a tantas otras. La señora Giovanna Taddeo lo encontró un día en la mensa de la Cáritas de Ostia (cerca de la capital) y se puso a hablar con él: “Me dijo que dormía en el centro que las religiosas dirigen o bajo algún puente de la ciudad. Como ninguno de los dos tenía dinero –dice Giovanna-, le invité a venir a mi casa. Yo estoy sola, sufro de depresión y él me hace hablar. Desde hace tiempo es un poco amigo, un poco hijo, confidente y compañero de vida. Lava, plancha y cose maravillosamente. Algunos se ríen de él por su modo de ser, pero yo le digo que no les haga caso... A veces desaparece dos o tres días. Conoce a muchos como él. Cuando se le ocurre, duerme en cualquier esquina. El año pasado, durante la Nochevieja, estuvimos brindando en la calle en compañía de dos travestís latinoamericanos que él había conocido no sé dónde...”. Pero, contra las apariencias y los juicios de muchos, ante el ataque brutal de dos sinvergüenzas a un grupo de muchachas, supo reaccionar y casi le ha costado la vida. Sucedió el pasado 14 de Diciembre en el barrio romano de la pirámide. Las muchachas volvían de un local y se dirigían al aparcamiento de taxis. En éstas les salieron al encuentro los dos brutos. Empezaron bromeando, hasta que manifestaron claramente sus verdaderas intenciones. A algunas personas que andaban por allí les faltó tiempo para desaparecer. Lo vió, en cambio, Natale que rondaba por allá, se acercó y les echó en cara a los agresores su falta de respeto. Éstos se dirigieron a él y comenzaron a golpearle de manera salvaje con un bastón y a patadas, mientras las jóvenes aprovechaban para escaparse y avisar a la policía. El débil pordiosero no pudo resistir a la fuerza de los dos mocetones y cayó al suelo sin sentido, herido gravemente en la cabeza. Al poco rato llegó un coche de la policía y le llevaron a un hospital donde ha permanecido casi tres semanas en estado de coma hasta comienzos de enero. Al principio no se sabía ni siquiera quién era el improvisado defensor. Lo identificaron gracias a un documento del centro Cáritas, donde a veces había ido a comer. Durante los primeros días de hospital, no obstante que todos los periódicos hablaban de él, nadie de su pueblo de origen reaccionó ni se presentó ningún familiar. El día de su cumpleaños (se llama “Natale”, es decir, “Navidad” –en italiano es un nombre masculino-, porque nació en aquel día) el alcalde de Roma le regaló una casa y el ayuntamiento le declaró “hombre del año”. El día de Nochevieja fueron a visitarle sus amigos mendigos (Antonio, Antonietta y Luciano), llevando consigo un panettone y una botella de buen vino. Les permitieron entrar vestidos con camisón verde esterilizado y bajo rígido control médico. Finalmente, el Presidente de la República, el uno de enero, le ha premiado con una medalla de oro e Italia entera se ha conmovido. Miles de cartas y postales han llegado a su habitación de hospital durante estas semanas, y –dice el telefonista del centro sanitario-: “Todos los días hay quien que llama preguntando por su estado de salud”. ¡Menos mal! Pero, ¡qué lástima que un tal hecho sea excepcional y condecorado como si fuera una rareza, cuando debería ser el comportamiento “normal” de todos..., o casi! Sus amigos (Antonio, Antonietta y Luciano) han pedido que, después de tanto ruido, le dejen continuar: “...Siendo como es, un hombre sencillo”. Y, dirigiéndose a quienes se pasan la Nochevieja de fiesta por la ciudad: “Vosotros que pasáis la primera noche del año por la calle, paraos un momento a pensar en aquellos que en la calle pasan todo el año y no tienen nada que festejar. Natale, con su valentía y sacrificio, ha dado un poco de visibilidad y de dignidad a todos nosotros. También por esto le estamos agradecidos. Él es el verdadero Papá Noél de este año”. Su compañera, Giovanna, ha dicho con un toque de nostalgia: “… Ahora de nuevo mi casa está vacía. Cuando encuentro a la más pequeña de mis nietas, Giulia, me pregunta siempre: Abuela, ¿dónde está tío Natalino? Yo le doy una caricia y le digo: Estáte tranquila, tío Natalino va a volver pronto...”. Natale es la mejor felicitación y augurio para este año que hemos comenzado. Nos deja dentro un sentimiento agridulce de gratitud y de remordimiento a la vez, porque su cara tumefacta es una acusación contra nuestras hipocresías y el “totalitarismo de la indiferencia”. Ayer era despreciado; hoy es un héroe; ¿mañana? Arrivederci!
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